¿ Reconoceré a mi familia y hermanos en el Cielo?

Esta pregunta formulada por un querido hermano, me hizo escribir esta entrada, la respuesta a esto es que sí, en el cielo reconoceremos a las personas que ya conocimos en esta existencia terrenal y conoceremos a todo el resto que no conocimos mientras estuvimos en la tierra. 

Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1Co 13:12-13)

Esta doctrina no solo es avalada por los evangelios sino mucho más atrás,  desde que Enoc quien fue traspuesto para no ver muerte. 

Caminó, pues, Enoc con Dios,(C) y desapareció, porque le llevó Dios.
(Gén 5:24)

En el Antiguo Testamento nos dice la palabra de Dios que los patriarcas del pueblo escogido, cuando murieron se reunieron con sus padres o con su pueblo. De Abraham leemos en Génesis 25.7-8 que a los ciento setenta y cinco años, exhaló el espíritu y fue unido a su pueblo. De Isaac dice lo mismo (Génesis 35.29) y Jacob es el mismo quien al anunciar su muerte dice que va a reunirse con su pueblo (Génesis 49.29). Al anunciarle Dios a Moisés la muerte de Aarón, le dijo que sería reunido a su pueblo (Números 20.24) y nosotros, por todos esos pasajes, entendemos que aquellos siervos del Señor fueron a reunirse con sus antepasados en el paraíso donde, lógicamente, los reconocerían.

El pasaje más notorio que hallamos en la Escritura y que nos dice claramente que en el cielo sí nos reconoceremos, lo encontramos en 2 Samuel 12.1-23 donde nos relata la Escritura la historia del rey David que habiendo sido amonestado por el profeta Natán a causa de su pecado al haber tomado a la esposa de Urías heteo, Betsabé; y habiendo hecho matar a éste en un plan astutamente urdido, Dios, muy enojado por ello dispone castigarlo, hiriendo al niño nacido del adulterio. David rogó a Dios por el niño y ayunó y se tendió en tierra mientras el pequeño empeoraba cada vez más hasta morir el el séptimo día. Los criados tenían temor de comunicárselo al rey pues pensaban que no lo soportaría. Sin embargo sucedió todo lo contrario; David se levantó, se ungió y cambió de ropas. Al ser preguntado por este cambio tan inesperado y fuera de lo normal, David dijo que cuando el niño estaba enfermo ayunaba, lloraba y rogaba al Señor que no se lo quitara pero, ahora que ya había muerto, seguir en esa actitud no tendría razón de ser y ahora sólo le quedaba la esperanza de que cuando él muriera volvería a ver a su niño. Esto lo dijo, naturalmente, inspirado por el Espíritu Santo, y nos dice a nosotros que también nos reconoceremos los unos a los otros.

En el relato que nos hace el Señor en Lucas 16.19-31 vemos claramente que tanto Lázaro en el paraíso, como el rico en el lugar de tormento reconocen a Abraham. En Mateo 8.11-12 el Señor también dice que los salvados reconocerían a los patriarcas; y ciertamente en el monte de la transfiguración los tres discípulos, en una escena anticipada de la gloria del Señor, reconocieron a Moisés y Elías, aunque antes jamás los habían visto (Mateo 17.1-8). Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, Dios afirma categóricamente que El es Dios de vivos y no de muertos. Sí, vivos, reconocibles, lógicamente.

Jesús siempre declaro que el Padre no es Dios de muertos sino de vivos, esto demuestra claramente la preexistencia del alma y anula totalmente la doctrina de la reencarnación, en los tiempos de Jesús existían dos corrientes religiosas bien marcadas, una era la de los fariseos que creían en la resurrección y la de los saduceos que no creían en la resurrección más si en la reencarnación.  Veamos un poco de esto y lo que Jesús nos enseño con un encuentro que tuvo con los Saduceos:

Este versículo, del cual se hace referencia acá, se encuentra en los evangelios. Vamos a tomar la cita del evangelio de Mateo capitulo 22 y versos del 23 al 32: (esto con el fin de entender el contexto del mismo)

Aquel día se le acercaron unos saduceos, quienes dicen que no hay resurrección, y le preguntaron diciendo: 24 —Maestro, Moisés dijo: Si alguno muere sin tener hijos, su hermano se casará con su mujer y levantará descendencia a su hermano. 25 Había, pues, siete hermanos entre nosotros. El primero tomó mujer y murió, y como no tenía descendencia, dejó su mujer a su hermano.26 De la misma manera sucedió también con el segundo y el tercero, hasta los siete.27 Después de todos, murió también la mujer. 28 En la resurrección, puesto que todos la tuvieron, ¿de cuál de los siete será mujer?29 Entonces respondió Jesús y les dijo: —Erráis porque no conocéis las Escrituras, ni tampoco el poder de Dios;30 porque en la resurrección no se casan ni se dan en casamiento, sino que son como los ángeles que están en el cielo.31 Y acerca de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios?32 Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

Primero: Los Saduceos eran un grupo religioso en los tiempos de Jesús. Este grupo religioso no creía en la resurrección. Con la intención de tentar a Jesús, se acercaron de tal manera que intentaron confundirlo públicamente con esta pregunta complicada. Los saduceos querían demostrar lo absurdo que era la doctrina o enseñanza de Jesús con respecto a la resurrección y de la vida venidera o la vida eterna

Nótese desde el principio lo absurdo y sensual que era la pregunta, una mujer casada siete veces, siete maridos; ¿Con cual de los siete estaría en el cielo en la resurrección? Ahora bien aunque la pregunta pareciera absurda; también tenia sentido, porque los Saduceos solo se apegaban al Pentateuco; y hacen referencia a la “ley del levirato”, que ordenaba que si un hombre moría sin dejar hijos, su hermano o pariente más cercano debía casarse con la viuda y tener con ella descendencia, que sería contada como si fuera familia del difunto o pariente ya fallecido. La cita de referencia se encuentra en Deuteronomio 25: 5 – 10. Y es el verso 5 que hace referencia a este tema: “Si unos hermanos viven juntos y muere uno de ellos sin dejar hijo, la mujer del difunto no se casará fuera de la familia con un hombre extraño. Su cuñado se unirá a ella y la tomará como su mujer, y consumará con ella el matrimonio levirático.

Es por ello que Jesús les contesta: “Erráis porque no conocéis las escrituras”. Y Jesús les recuerda, o les trae a memoria la cita de Éxodo 3:6:” Yo soy el Dios de tus padres: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios”. Estas fueron las palabras que Jehová le dijo a Moisés en la zarza. Y Jesús añade al final: “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos”.

Dos siglos hacia que Jacob, el Último de los tres, había muerto y había sido llevado al sepulcro; y sin embargo Dios los mencionó como si todavía estuviesen vivos, y él fuese su Dios. No dijo, “Yo era el Dios Abraham” etc., sino que se presento como, “Yo soy el Dios de Abraham”.

Jesús manifestó que aunque los hombres tuvieran un cuerpo material, la constitución y necesidades consiguientes de éste serian muy distintas de lo que son ahora. “En la resurrección, ni se casan, ni se dan en casamiento; mas son como los ángeles de Dios en el cielo.”

Serán los mismos cuerpos que tenían antes de su muerte, pero libres de todas las funestas consecuencias del pecado.

¿Cómo nos veremos en el cielo? ¿Seguiremos el mismo rol familiar, conyugal o paterno? Como vimos anteriormente; “seremos como los ángeles” “no se casan ni se dan en casamiento”. Es decir: Los ángeles de Dios en el cielo gozan de inmortalidad, bienaventuranza, y perfección de pureza. Por lo tanto en el Cielo no perderemos la memoria de quienes éramos cada uno en la tierra, yo sabré quien era mi padre, mi esposa, mis hijos etc. Ahora bien, no será el mismo trato, es decir no nos llamaremos hijos, ni padre, ni esposa, pero nos amaremos con un amor mucho más fuerte que en la tierra. ¿Porque hablo de que tendremos conciencia de lo que ocurrirá en el cielo y que nos reconoceremos? Recordemos el relato de Lucas 16:24 dice: “Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.” Observemos como el rico reconoce a Lázaro, el rico estaba en el Hades, y reconoció a Lázaro que estaba en el ceno de Abraham. Es más se da un dialogo aquí muy interesante. Pero el punto de énfasis será el grado de conciencia y de reconocimiento de nuestros semejantes en el cielo.

Jesús es nuestro Modelo más claro de lo que sucederá después del rapto, después que resucito estuvo por cuarenta días presentandosele a sus discípulos, comió, bebió, tenía pleno conocimiento de todo lo que había pasado, lo que había hecho y de cada uno de ellos.  Antes de morir en la cruz hablo claramente del reino de los cielos y lo detallo como un lugar en donde habrían moradas preparadas para cada uno de nosotros.  

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
(Jua 14:1-3)

Son casas literalmente, casas y mansiones en donde vamos a vivir eternamente junto a nuestro Señor, es una gran promesa, es la misma promesa que se le dió al pueblo judio y ahora nosotros somos parte de ella. 

Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.
(Luc 16:9).

Pablo es quien explica de forma más clara este acontecimiento, les exhorta a los cristianos que vivamos siempre creyendo en esta esperanza y velando por guardar la fe hasta que ese momento llegue.  Pablo Apostol a los gentiles era fariseo y conocía la promesa de la resurrección, ahora de una manera más exelsa le es revelada la gracia hacia los gentiles que no eran considerados parte de esta bendita esperanza de vida eterna, el mismo se considera indigno y rechaza todos los rituales en los que participo estimandolos por basura, de esta misma forma anima a los gentiles a entregarse con todo su corazón a Cristo y aferrarse de la esperanza de vida.  Pablo también nos muestra claramente como la muerte no significa ya un temor eminente para el que cree, ya que la vida es considerada una fuerza que no puede cortarse, la fe en Jesucristo opera para vida e inmediatamente el creyente solo continua en este mundo aguardando su entrada triunfal en el reino de los cielos con un cuerpo nuevo, y no solo eso sino también la reunión con los que ya partieron

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.(A) Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.
(1Ts 4:13-18)

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.(K) Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.(L) ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?(M) ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
(1Co 15:51-58)

Las oración de Pablo es que los creyentes estuvieran persuadidos y convencidos de esta verdad, esta verdad apoyada y sustentada por el Espíritu Santo de Dios como testigo fiel era lo que hacia que estos hombres de Dios estuvieran dispuestos a morir con tal de llevar las buenas nuevas, esta es la buena noticia “hay perdón para el pecador y este puede por medio de la sangre de Cristo reconciliarse y volver al Padre de donde salio, y recibir la vida eterna”

Esta esperanza es la base de nuestra fe, estar en Cristo eternamente con un cuerpo nuevo y glorificado

Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra(C) en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies,(D) y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo,(E) la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.
(Efe 1:15-23)

Entonces que pasara con aquellos que no resuciten y se pierdan, tendremos memoria de ellos, la verdad sí, pero de igual forma no nos causara trizteza ni dolor, el mismo grado de amor que nos mantendrá unido nos hará comprender claramente la decisión que tomaron en esta existencia.  Porque será el mismo amor de Dios, pues no hay nadie que ame al pecador que Dios mismo.

Muchas interrogantes surgen con respecto a cuando será este evento, si antes o despues de la gran tribulación, la verdad es que Jesús dijo, que el día ni la hora nadie lo sabe, sino el Padre que esta en los cielos.  Solo tenemos señales de su venida, que día a día se cumplen; también vemos en medio de esta espera que muchos de nuestros amigos, y familiares mueren y esto nos causa dolor, pero ese dolor no será para siempre un día los veremos y ya no habra más llanto ni dolor.  No nos dejemos mover, de nuestra bendita esperanza, los Judíos y los judaizantes, no aceptan el hecho de que seamos participes de esta gran bendición aseverando que solo Jesús murió por los judíos y los que quieran ser salvos deberán judaizarse, excluyendo al mundo entero de la preciosisima promesa de la vida eterna.  Una parábola que describe la arrogancia y el egoísmo del pueblo judío hacia los no judíos o gentiles es esta:

Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal,(A) comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. El, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.(B)
(Mat 20:1-16)

Es por ello que se hace indispensable, hablarles del amor de Cristo a nuestros semejantes. Y especialmente a nuestra familia, nuestros padres, hermanos, tíos, abuelos etc. Porque viene un tiempo distinto en donde unos resucitarán para condenación y otros para vida eterna, y que triste es el pensar que nuestros familiares y amigos sufrirán un castigo eterno, hablemos hoy que es el día aceptable de Dios para ellos y que puedan reconocer al único y verdadero Dios como su salvador y puedan gozar de esta bendición de ser parte de quienes estaremos en el cielo. 

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,(B) bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
(Mat 28:19-20)

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