Oseas una Palabra para la Iglesia de hoy

(PRIMERA PARTE)

Escrito Por Arthur Katz

El libro de Oseas contiene el corazón, la esencia del clamor de Dios causada por la apostasía de Su pueblo Israel.  Mi sentir es que muchos de los que se llaman a sí mismos el pueblo de Dios, están el día de hoy en una posición muy cercana a la condición de Israel durante el tiempo en que cayó de su relación con Dios.  Una de las señales de la apostasía tanto en Israel como en la Iglesia, es un espíritu y discernimiento tan embotados que no estamos ni siquiera en un estado donde sea posible reconocer nuestra propia condición.

En nuestro estado caído, es irónico cómo anunciamos que conocemos y celebramos a Dios, pensando que estamos en una encomiable relación con Él.  Sin embargo, se trata de una condición que obliga a Dios a enviar profetas que expongan la realidad de la situación como Él Mismo la ve, que muy a menudo es diferente de cómo la vemos nosotros.  La verdad es todo como Dios lo ve. Las más de las veces es doloroso hacer el ajuste de nuestra perspectiva a la Suya, pero puedo decir, como judío, un descendiente de un pueblo que falló en hacer tal ajuste, que las consecuencias para nosotros han sido extremadamente trágicas. El corazón de Dios se aflige mientras el nuestro no.  Podemos sentir tristeza, podemos ser decepcionados, podemos quedar perplejos, pero no nos afligimos.  Una aflicción profunda necesita venir a nosotros, una aflicción del tipo que Dios mismo siente mientras Él mira el frágil estado de aquellos que se llaman a sí mismos Su pueblo en las naciones.  La caída en grandes números de las más prominentes celebridades de un pueblo así es el síntoma y la declaración de un problema mucho más profundo y extenso.

¿Será acaso posible que la Iglesia pudiera estar en un punto muy cercano a experimentar el juicio de Dios?  Si estamos chasqueando nuestras lenguas ante el estado caído de algunas de las estrellas carismáticas y evangélicas, y pensamos que de alguna manera su condición no se relaciona con la nuestra, necesitamos mirarnos con más atención.  Estas “estrellas” caídas son el síntoma visible, la señal y la declaración de la Iglesia entera de la cual ellos y nosotros formamos parte, y cuyo estilo de vida hemos hecho posible. El mundo es absolutamente vil, bestial y abismal más allá de toda descripción, está remojado en sangre, lujuria y violencia. Toda la sociedad ha tenido su parte en esto; es cómplice; está envuelta en el mal mismo a causa de la naturaleza del mal.  Dios ordenó a Sus sacerdotes que enseñasen al pueblo la diferencia entre lo santo y lo profano, pero si el pueblo sacerdotal de Dios no conoce la diferencia entre ambos, ¿qué hemos entonces de esperar del mundo?  Los juicios de Dios comienzan por Su casa antes de que lo hagan en el mundo.  En muchos aspectos, la condición del mundo es un testamento al fracaso del pueblo de Dios en establecer un estándar objetivo de la verdad delante de la humanidad para que ésta pueda verlo. Por lo tanto, la humanidad se toma sus libertades, porque no tiene nada contra lo cual alinearse.  De hecho, existe muy poco que llame a la humanidad a responder por sus acciones a través de ejemplos que le sean presentados. Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden.

Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán.

Ciertamente hombre no contienda ni reprenda a hombre, porque tu pueblo es como los que resisten al sacerdote. Caerás por tanto en el día, y caerá también contigo el profeta de noche; y a tu madre destruiré.

Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos (Oseas 4:1-6).

¿Cómo es esto apropiado a nosotros como la Iglesia? Uno de los más severos pronunciamientos  contra Israel, durante uno de los puntos más bajos de su historia de deslices, fue aquél declarando que el conocimiento de Dios había sido desechado. Tener el verdadero conocimiento de Dios es salvación verdadera. ¡Dios es santo, formidable, justo y temible! Si no hay conocimiento de Dios, entonces no habrá conocimiento de la verdad o de la misericordia. Dios es verdad y misericordia. Si nos lo perdemos a Él, entonces hemos perdido todo, y podemos perdérnoslo en el mismísimo momento en que estemos aparentemente celebrándolo. Podemos ser hallados culpables de carecer del verdadero conocimiento de Dios mientras estemos, al mismo tiempo, invocando Su nombre y cantando Sus alabanzas, experimentando emociones eufóricas, mientras que eso mismo, irónicamente, traiciona y nos oculta de la que es, de hecho, nuestra condición real. No piensan en convertirse a su Dios, porque espíritu de fornicación está en medio de ellos, y no conocen a Jehová (Oseas 5:4).

Esta es una declaración acerca de Israel, el mismo Israel al que se le dieron los mandamientos en aquella asombrosa revelación de Dios en el monte Sinaí.Les fueron dados los estatutos, las ordenanzas y los profetas.  La acusación de Dios fue que ellos no lo conocían, sino que fueron tras la fornicación. Estas dos cosas, la fornicación y no conocer al Señor, van de la mano.  El espíritu de fornicación puede expresarse a sí mismo de diversas maneras a través de una persona al grado en que dicha persona desconozca al Señor.  El verdadero conocimiento de Dios es la única cosa que va a guardarnos del espíritu de fornicación, el cual actuará en nosotros en la proporción exacta a nuestro deseo y habilidad para alcanzarlo.

Nuestros marcos humanos son vulnerables.  Necesitamos unos de otros para protegernos de nuestra propia ceguera a la tentación que viene en los momentos de debilidad. ¿Cuántos de nuestros más famosos evangelistas han obtenido demasiado poder, riquezas, estilos de vida suntuosos, y se han rodeado personas que no se atreven a contradecirles—no sea que vayan a morder la mano que les alimenta?

Si deseas garantizar tu fracaso, todo lo que necesitas hacer es vivir sensualmente. Esto significa algo más que meramente mirar fotografías eróticas. Puede significar disfrutar de una casa con una cantidad extravagante de metros cuadrados, creyendo que se tiene todo derecho de deleitarse en ella.  Necesitamos afligirnos a causa de la celebración de personalidades y artistas carismáticos cuyos estilos de vida hemos endosado, si no es que ayudado a pagar.  Si permitimos que nuestros líderes tengan un estilo de vida que finalmente eructará en pecado tan evidente que tengan que dejar el ministerio, ¿qué hemos de decir respecto a nosotros mismos?  ¿Es nuestra condición mejor que la de ellos, aunque no resulte en pecado así de descarado? ¿Y qué de la medida de los recursos financieros que tenemos?  ¿Qué clase de sensualidad y gratificación estamos permitiéndonos, pensando que de alguna manera es legítimo porque estamos sirviendo a Dios o porque podemos dárnoslo?  ¿Qué es lo que permanece oculto en nuestros corazones por nunca dejar que el Señor sea árbitro y determine nuestro estilo de vida para llevarnos a esa relación intensa y seria con hermanos creyentes quienes pudieran cuestionar las elecciones de dicho estilo de vida?  La búsqueda de la santidad siempre tiene un precio.

Y realmente, ¿qué es lo que debe de determinar el estilo de vida del pueblo de Dios?  ¿Es el salario, la disponibilidad de bienes y riquezas, los talentos que pueden emplearse, o qué? La pobreza apostólica caracterizaba a la Iglesia primitiva.  Pedro le dijo al cojo mendigo, “No tengo plata ni oro, más lo que tengo te doy: ¡en el nombre de Cristo Jesús el Nazareno, levántate y anda!” (Hechos 3:6) Lo que tenían era poder, gloria, gran gracia, e inenarrable riqueza en la realidad y conocimiento de Dios.  ¿Qué tenemos nosotros?

Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos (Oseas 6:6). Dios desea que tengamos conocimiento de Él, pero ese conocimiento no es fácil de obtener.  Todas y cada una de las potestades de las tinieblas busca impedir que el pueblo de Dios obtenga este conocimiento. El mundo entero conspira contra el conocimiento de Dios.  Las cosas del mundo, cotidianas, se acumularán sobre nuestras conciencias en el momento que decidamos buscar al Señor. Hemos hecho de la caminata cristiana algo muy casual y muy barato.  Somos una generación que confunde nuestros conceptos acerca de Dios con el conocimiento auténtico de Dios.  Si le conociésemos, le temeríamos. No contemplaríamos—no digamos hacer—las cosas que han escandalizado Su nombre en todo el mundo.

Lo que los hombres y las mujeres piensan cuando están libres de pensar lo que quieran en la privacidad de sus mentes, es una declaración de dónde están en Dios. Es lo que hacemos, con nuestra habilidad para hacerlo, lo que dice qué y quiénes realmente somos, aun cuando la acción en sí misma no sea algo grotescamente pecaminoso. Quizás sea algo tan pequeño como comprar dos hamburguesas tamaño jumbo, sabiendo en el fuero interno que no necesito ambas. Tal consentimiento de la carne, aun y cuando tengamos las finanzas para comprarlas, no beneficiará la vida espiritual del hombre interior.

¿Nos conducimos en base a lo que nosotros queremos y somos capaces de hacer, o en base a lo que el Espíritu nos inclina a que hagamos?  ¿Estamos es una posición de negarnos a nosotros mismos cosas que de otra manera nos son disponibles? ¿Estamos resistiendo el pecado llevándolo a la cruz?  ¿Reconocemos que todo el mundo está bajo el maligno, el padre de mentiras?  Ya que este mundo está inmerso en engaño y permeado del espíritu de sensualidad, tomará de nuestra parte una determinación rigurosa delante de Dios para resistirlo. ¿Estamos peleando esa batalla?  Nuestro conocimiento de Dios tiene mucho que ver con hasta qué grado estamos rindiéndonos y sucumbiendo al espíritu del mundo.  El cielo y la tierra están en oposición en cada punto y particular, y quien quiera que sea unamigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto; allí prevaricaron contra mí. Galaad, ciudad de hacedores de iniquidad, manchada de sangre.Y como ladrones que esperan a algún hombre, así una compañía de sacerdotes mata en el camino hacia Siquem; así cometieron abominación (Oseas 6:7-9).

¿Estamos viendo cada pecado como una traición contra el conocimiento de Dios?  ¿Podrías creer que el sacerdocio de Dios pudo haber llegado alguna vez al punto donde ellos cometían asesinato y abominaciones?  Esa fue la experiencia y el ejemplo de Israel para nosotros. ¿Quién, hoy en día, piensa que es mejor que los sacerdotes israelitas de antaño? ¿Y de qué forma un sacerdote santo llega un lugar de homicidio y abominación? ¿Sucede de una vez, o se trata más bien de un proceso por grados de corrosión y sutileza en componendas y condescendencia?  Las escrituras nos exhortan: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón” (Proverbios 4:23a), y “antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Hebreos 3:13). ¿Estamos diariamente en contacto con personas que nos animan y nos exhortan?  Esto es algo que no podemos descuidar ni dejar aparte.  Mañana puede ser demasiado tarde. ¿Es nuestra privacidad, nuestro tiempo delante de la televisión o del monitor de la computadora más valioso que mirar la gloria de Dios siendo manifiesta en toda la tierra?

Y la soberbia de Israel testificará contra él en su cara; y no se volvieron a Jehová su Dios, ni lo buscaron con todo esto. Efraín fue como paloma incauta, sin entendimiento; llamarán a Egipto, acudirán a Asiria.  Cuando fueren, tenderé sobre ellos mi red; les haré caer como aves del cielo; les castigaré conforme a lo que se ha anunciado en sus congregaciones.  ¡Ay de ellos! porque se apartaron de mí; destrucción vendrá sobre ellos, porque contra mí se rebelaron; yo los redimí, y ellos hablaron mentiras contra mí.  Y no clamaron a mí con su corazón cuando gritaban sobre sus camas; para el trigo y el mosto se congregaron, se rebelaron contra mí (Oseas 7:10-14). Estamos en verdaderos problemas cuando la insinceridad pasa por sinceridad y ni siquiera notamos la diferencia.  Han elaborado un espectáculo que impresiona a los hombres, pero no impresiona a Dios. Volvieron, pero no al Altísimo; fueron como arco engañoso; cayeron sus príncipes a espada por la soberbia de su lengua; esto será su escarnio en la tierra de Egipto. Pon a tu boca trompeta. Como águila viene contra la casa de Jehová, porque traspasaron mi pacto, y se rebelaron contra mi ley.  A mí clamará Israel: Dios mío, te hemos conocido (Oseas 7:16-8:2).

Ellos claman a Él cuando Su juicio cae en proporción a la iniquidad de Su casa. ¿No es acaso una lástima que solamente el juicio tiene el poder de despertarnos? Se requiere de la calamidad para romper nuestra somnolencia y llevarnos al entendimiento de que nuestro Dios es un Dios celoso. ¿Qué tan lejos irá Dios para juzgar a Su pueblo, y para erradicar el pecado, las componendas y la contradicción de sus vidas, tanto en conjunto como personalmente? Él expulsó a Israel de su Tierra, y en tiempos más recientes, permitió que seis millones en número de Su pueblo sufrieran y murieran en el horror del Holocausto Nazi.  ¡Debiéramos de temblar y reconocer la bondad y la severidad de Dios! Pablo nos advirtió que si Él no dudo en desgajar las ramas naturales (Israel), no dudará en desgajar las ramas silvestres (gentiles) también. Si no conocemos a Dios en Su severidad, ¿entonces cómo podremos conocerlo en Su bondad? ¿Cómo podríamos conocerle realmente si no le hemos conocido como el Dios que juzga? “Israel desechó el bien; el enemigo lo perseguirá” (Oseas 8:3).  Eso es lo que sucede cuando nuestro pecado hace que despreciemos al Dios del pacto junto con Su protección y cobertura.  Estamos abiertos y expuestos a la reacción y al contra ataque del enemigo en la proporción exacta, entonces, de nuestro pecado. Esa ha sido la historia de Israel, y necesitamos aprender de esta.  Igualmente, no somos inmunes a tales cosas.Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí; constituyeron príncipes, mas yo no lo supe (Oseas 8:4a).

En otras palabras, nunca consultaron con su Dios; nunca le preguntaron; actuaron de su propia iniciativa. ¿Sabemos lo que significa realmente consultar a Dios?  Nuestros propios actos de presunción serán proporcionales a nuestra falta de conocimiento de Dios. Gran presunción de nuestra parte significa poco conocimiento de Dios. En este mundo, en todo lo que es vil, en toda presión, tentación y fuerza poderosa que busca deshonrar y difamar a Dios burlándose de Él de todas las formas perversas concebibles, podemos darnos una idea de la clase de cosas que serán dirigidas contra nosotros.  Se va a necesitar de algo severo y radical para que nos sea posible mantener el conocimiento de Dios una vez que lo hayamos encontrado, y para profundizar y crecer en dicho conocimiento. Olvidó, pues, Israel a su Hacedor, y edificó templos, y Judá multiplicó ciudades fortificadas; mas yo meteré fuego en sus ciudades, el cual consumirá sus palacios (Oseas 8:14).

A menudo me pregunto cómo Dios mira nuestras catedrales y los suntuosos edificios de nuestras iglesias. ¿Vendrá un tiempo en el cual lleguen a estar ahí, completamente vacías, las congregaciones disipadas?  ¿Verá un día el mundo secular la farsa de las iglesias que tomaron millones de dólares de sus adeptos, pero ahora vacías? ¿Llegaremos a ver los grandes centros de retiro cristianos abandonados como pueblos fantasmas como testimonios al fracaso de personas que fallaron en tomar a Dios en serio, convirtiendo la fe en entretenimiento? No te alegres, oh Israel, hasta saltar de gozo como los pueblos, pues has fornicado apartándote de tu Dios; amaste salario de ramera en todas las eras de trigo. La era y el lagar no los mantendrán, y les fallará el mosto (Oseas 9:1-2).

¿Cuál es la aplicación para nosotros hoy? ¿Ha faltado nuestro mosto? ¿Nos hemos convertido en un pueblo que usa la manipulación para evocar respuestas, que emplea técnicas y metodologías para nuestros propios fines?

Podemos dar fruto, pero ¿es el fruto de Él? ¿Se trata de fruto eterno?  ¿Somos celosos por el fruto eterno que solamente Dios puede dar, más que de aquél que podemos generar con nuestra propia habilidad y dinero? El último no es el testimonio de nuestra relación correcta con Dios, ni de nuestro conocimiento de Él, porque Su fruto es de otro tipo; es el fruto del Espíritu, y Su Espíritu es el espíritu de humildad y mansedumbre, no de arrogancia, presunción u orgullo. Un estilo de vida suntuoso pareciera contradecir el tenor de todas y cada una de las cosas que sabemos de Dios. Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto para sí mismo; conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus ídolos (Oseas 10:1). ¿Acaso no somos culpables de exactamente las mismas prácticas? ¿Acaso no somos motivados hacia el éxito religioso, hacia programas de un tipo que parecen lo mejor para satisfacer nuestras congregaciones? ¿Alguna vez le hemos preguntado a Dios cuál es Su diseño para la Iglesia? ¿Hemos alcanzado Sus condiciones para el ministerio genuino? Hay muchos hombres que se autoproclaman muy a su estilo, y que portan títulos elaborados por sí mismos; pero lo que aflige igualmente a Dios es un pueblo embelesado que ni siquiera puede reconocer la diferencia. Su pueblo es uno fácil de impresionar y de embaucar.  ¿Cuántas veces hemos escuchado de predicadores de los que se dice son apostólicos, quienes en realidad solamente tienen algo de habilidad con las escrituras, o que han estado envueltos con iglesias o fundación de iglesias, o que quizás han viajado mucho en el ministerio? Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve (Malaquías 3:18). La habilidad para discernir a los verdaderos siervos de Dios es otorgada como un don a un pueblo al final de la edad, de quienes Dios dice, “Y serán para Mí” (Malaquías 3:17).  Su favor para con Dios vendrá en virtud de lo que ocurrió en el verso precedente: Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre (Malaquías 3:16). Sus palabras hacia el otro no era mera pérdida de tiempo. Entre otras cosas, ellos buscaron y examinaron sus propias vidas para ver si estaban en la fe. Ellos temieron al Señor; ellos fueron celosos por Su Nombre, Su honor y Su gloria. Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia (Oseas 10:12). ¿Hemos buscado al Señor hasta que Él ha hecho llover (“llover” y “enseñanza” son intercambiables en el hebreo. N. del T.)Justicia sobre nosotros? ¿Tenemos un corazón para esta clase de búsqueda sacrificial, para romper las capas de injusticia que están entre el cielo y nosotros?

Habéis arado impiedad, y segasteis iniquidad; comeréis fruto de mentira, porque confiaste en tu camino y en la multitud de tus valientes (Oseas 10:13).

Fuiste impresionado por los hombres poderosos, por los “guerreros”, por los deslumbrantes, sus organizaciones y sus estilos de vida. Te lamentaste cuando cayeron.  Pensaste que su ministerio era apropiado y merecido.  Puede que hayas deseado secretamente tales cosas para ti. Dios ha esperado y guardado silencio, pero si sus fracasos son los juicios de Dios, y si permitimos que estos juicios pasen desapercibidos como si de alguna forma no estuviésemos implicados en ellos, entonces ha sido en vano para nosotros.  ¿No tendremos entonces nosotros que experimentarlos personalmente, directa y más dolorosamente? ¿No es acaso tiempo de buscar al Señor, de conocerle a Él? No podemos conocer a Dios de una manera genuina y pasar por alto el asunto de sus juicios.  Hemos pagado un alto precio por la pérdida del entendimiento de Dios, tanto en juicio como en misericordia, en severidad y en bondad.  Mi propia observación es que los tratos de Dios con Israel, pasados, presentes y futuros están más o menos ausentes de toda consideración de nuestra parte. Hemos entonces anulado una de las revelaciones más profundas de Dios dadas en las escrituras.  Una de las más grandes provisiones que Dios otorga a la Iglesia para instruirla acerca de Su naturaleza es Israel y Sus tratos con ese pueblo. Si el Holocausto de los judíos europeos no fue meramente la consecuencia de la aberración de algunos hombres locos en nombre de Hitler, sino de hecho, la intención de Dios y el cumplimiento de las escrituras en Levítico y Deuteronomio de un juicio que ocurriría en los Últimos Días, ¿cuánto más habríamos de temer los tratos de ese mismo Dios para nosotros como la Iglesia? El carácter simplista, frívolo y fingido de nuestro cristianismo le ha abierto la puerta de par en par a engaños del tipo más increíble. Todo esto tiene que ver con la ausencia del conocimiento de Dios, el temor y asombro hacia Dios—que hubiera sido nuestro si hubiésemos sido correctamente instruidos por lo que Dios ha hecho con Israel, y que aún hará, antes de que Él les restaure en Su misericordia.


  • [1] Art Katz nació en Brooklyn, Nueva York de padres judíos.  Creciendo durante los años de la Gran Depresión y la turbulencia de la Segunda Guerra Mundial, Art abrazó las ideologías marxistas y existencialistas.  Durante su ejercicio como maestro de preparatoria, se encontró capaz a sí mismo de elevar cuestiones acerca de las perplejidades de esta era moderna, pero no de contestarlas.
  • Viajando con tan solo una mochila por Europa y el Medio Oriente durante una temporada sabática, el ateísta cínico y escéptico, anti-religión y anti-cristiano, fue aprehendido por un Dios que le buscaba.  El diario de aquella experiencia, Ben Israel – La Odisea de un Judío Moderno, hace recuento de la búsqueda de Art por el verdadero significado de la vida, que tuvo su clímax significativa y simbólicamente en Jerusalén. Art asistió al Santa Monica City College, UCLA y a la University of California en Berkeley, obteniendo títulos de Licenciatura y Maestría en historia, así como una Maestría en teología en el Luther Seminary de St. Paul, MN.  Durante su ministerio como orador durante casi cuarenta años, Art buscó brindar la relevancia radical del mensaje bíblico a la sociedad contemporánea, tanto secular como religiosa.  Con muchos de sus libros traducidos a los lenguajes más hablados en el mundo, Art viajó frecuentemente a muchos lugares del orbe como conferencista, predicador y como una voz profética para la Iglesia hasta su muerte en el 2007.
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Un pensamiento en “Oseas una Palabra para la Iglesia de hoy

  1. Estoy totalmente de acuerdo con este artículo, estamos viviendo tiempos dificiles en donde tenemos que examinarnos como estamos con Dios, y la preocupación de ver tanta gente teniendo sed de la palabra y que algunos que conociendola se aprovechen para sus propios beneficios económicos. Que al tener un cargo de autoridad en la congregación se les olvida que Dios dijo que fuesemos humildes, y de donde nos saco, convirtiendose en jueces. Como desvian el propósito de Dios por sus propios sueños personales dandoles mal uso a lo que el pueblo lleva al alfolí. Les prestan atención a aquellos que llegan vestidos lujosos mientras que aquellos que se ven humildes y menesterosos los desprecian. En donde hay un pueblo preparado para ganar almas, que permanece sentado esperando que les den la oportunidad de servirle a Dios, pero forman su propio circulo en donde no dejan entrar a nadie que no sea parte de este. En fin pongamos nuestra barba en romojo y pidamosle al Poderoso de Israel, que nos ayude nos de discernimiento, sabiduría, celo por la palabra, un corazón como el de Cristo.

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