Archivo | marzo 2012

La Caída de la humanidad

Paul David Washer

Las Escrituras afirman tres muy importantes verdades acerca de la Caída de Adán y sus consecuencias devastadoras para toda la humanidad. Aparte de estas verdades es imposible explicar la corrupción moral de la humanidad y la presencia universal de la maldad en un mundo que fue creado bueno. Estas tres verdades son:

1. Dios hizo a Adán el representante o cabeza de la raza humana. Como cabeza, Adán actuó en nombre (de parte) de toda la humanidad y las consecuencias de sus acciones nos afectan a todos.

2. Dios “imputó” el pecado de Adán a todos los hombres. Las palabras imputar eimputación, provienen del verbo latino imputare que significa, “considerar, contar, atribuir, o cargar a la cuenta de uno.” Con respecto a la Caída, significa que Dios cargó el pecado de Adán a la cuenta de todos los hombres. Dios considera y trata a todos los hombres desde su nacimiento como pecadores por causa del pecado de Adán. Todos los hombres llevan la culpa y la pena del pecado de Adán.

3. Dios entregó a todos los hombres a la corrupción moral. La pena del pecado de Adán no solamente fue la muerte, sino también la corrupción moral – él cayó de su estado original de justicia y llegó a ser una criatura moralmente corrupta.

Cada uno de los descendientes de Adán nace en el mismo estado moral – inclinado a la maldad, en enemistad con Dios, y hostil a la santidad y justicia. Una Verdad Innegable, Un Misterio Inexplicable La Caída de la humanidad en la Caída de Adán estará siempre envuelta en misterio. La imputación es una de las doctrinas más grandes y esenciales en el Cristianismo, las Escrituras claramente la enseñan, y esta doctrina provee la única explicación adecuada de la corrupción universal de la humanidad. A la vez, las mismas Escrituras que afirman la imputación, ofrecen poca explicación de la doctrina, y no ofrecen ninguna defensa en contra de las frecuentes acusaciones de que tal doctrina es injusta. ¿Cómo puede ser justo que Dios impute el pecado y la culpa de Adán a toda la humanidad? Los siguientes puntos son dignos de ser considerados.

1. La veracidad de un una doctrina no se comprueba por nuestra habilidad de comprenderla o de reconciliarla con nuestro entendimiento. Tampoco es nuestra inhabilidad de comprender una doctrina una base adecuada para rechazarla. Si esto fuera el caso, el estudio de la doctrina cristiana sería imposible porque no hay ninguna verdad revelada que no contenga un elemento de misterio. En Deuteronomio 29:29, las Escrituras declaran, “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” La gran promesa de la Escritura es que la verdad que creemos y la que aún no comprendemos plenamente, un día nos será revelada y la sombra de incertidumbre y duda que aún nos queda desaparecerá a la luz de la plena revelación de Dios. El apóstol Pablo escribe, “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como fui conocido” (I Corintios 13:12).

2. A través de las Escrituras, Dios ha demostrado Su perfecta justicia en Su trato con los hombres de tal manera que cualquier acusación contradictoria recibe una fuerte reprensión – “… Mayor es Dios que el hombre. ¿Por qué contiendes contra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones.” (Job 33:12b-13). “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios?” (Romanos 15

9:20). Si Dios ordenó que Adán fuera la cabeza de la raza y que su pecado fuera imputado a toda la humanidad, es justo. Dios tiene el derecho de proponer y obrar según Su propio beneplácito.

3. Fue una gran demostración de la gracia de Dios que Él permitía que un hombre fuera probado en lugar de todos los hombres. Adán fue el hombre más digno y capaz de toda la raza humana y vivió en un lugar perfecto sin la corrupción moral que hoy prevalece. Dios escogió el más grande y más noble de entre nosotros para ser probado en el lugar de todos.

4. El testimonio de las Escrituras, la historia humana, y la consciencia comprueban que ninguno de la raza humana habría respondido mejor que Adán. Dada la oportunidad, cada ser humano se habría rebelado contra Dios como lo hizo Adán.

5. Todos los descendientes de Adán, tan pronto como puedan, voluntariamente participan en la rebeldía de Adán contra Dios y comprueban que Dios los condena justamente.

6. Si es injusto que Dios condene a toda la raza humana a través de la caída de un hombre – Adán, entonces es también injusto que Dios salve a Su pueblo (los redimidos) a través de la obediencia de un hombre – Jesucristo. Si Dios no puede imputar el pecado de Adán a toda la humanidad, entonces Él no puede imputar el pecado de los hombres a Cristo, o imputar la justicia de Cristo a los que creen.

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La Creación del Hombre

 Paul David Washer

Las Escrituras nos enseñan que el hombre no es un accidente o el resultado de un proceso impersonal, sino la obra creativa de un Dios eterno. Después que Dios creó todas las demás criaturas, Él formó a Adán, el primer hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida y él llegó a ser un ser viviente. De Adán, Dios formó a la mujer Eva para ser su compañera y ayuda idónea. Luego, Dios les mandó para que se multiplicaran y llenaran la tierra que había sido puesta bajo su dominio.

Toda la humanidad encuentra su ascendencia en esta unión de Adán y Eva. Las Escrituras enseñan claramente que el hombre y la mujer fueron creados por Dios y para Dios, y encuentran el sentido de su existencia sólo en amarle, glorificarle y hacer Su voluntad. Únicos entre todas las demás criaturas, sólo ellos fueron creados al imago dei o imagen de Dios y se les concedió el privilegio de vivir en compañerismo personal con Él.

Estas verdades son de gran importancia para nosotros pues definen quienes somos y nos muestran el propósito para el cual fuimos creados. No somos los autores de nuestra propia existencia, sino que existimos por la voluntad benévola y el poder de Dios. No nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Dios que nos hizo para Sus propios propósitos y beneplácito. El buscar separarnos de Dios es cortarnos a nosotros mismos de la única fuente de vida. El vivir independientemente de Su persona y voluntad es negar el propósito para el cual fuimos creados.

1. En el segundo capítulo de Génesis se encuentra el relato bíblico de la creación del hombre. Basado en Génesis 2:7, resume este relato con tus propias palabras. ¿Qué nos comunica acerca del origen del hombre y su relación con Dios?

2. En el segundo capítulo de Génesis también se encuentra el relato bíblico de la creación de la primera mujer Eva. Basado en Génesis 2:21-23, resume este relato en tus propias palabras. ¿Qué nos comunica acerca del origen de la mujer y su relación con Dios?

3. Habiendo establecido que el hombre es la obra creativa de Dios, ahora debemos considerar su unicidad entre el resto de la creación. Según las siguientes frases de Génesis 1:26, ¿Cómo es el hombre único entre el resto de la creación?

a. Hagamos al hombre… Nota: Dios no dice, “Sea el hombre,” como con el resto de la creación (1:3, 6, 14), sino “Hagamos al hombre.” Esto comunica la idea de una relación mucho más personal. La frase “Hagamos…” tiene dos posibles interpretaciones:

(1)  Es una pluralidad de majestad. Era una costumbre común escribir los decretos de personajes reales como si una pluralidad de personas estuviera hablando.

(2)  Es una referencia a la Trinidad. El Padre (Génesis 1:2), el Hijo (Juan 1:1-3; Colosenses 1:16), y el Espíritu Santo (Génesis 1:2) fueron involucrados en la creación.

b. A nuestra imagen… Nota: Dios no dijo, “según su género,” como con el resto de la creación (1:11-12 21, 24-25), sino “a nuestra imagen.” La humanidad es única entre la creación en que solo ella lleva la imago dei o imagen de Dios. La imagen de Dios puede referirse a lo siguiente: Personalidad – Adán y Eva eran criaturas personales y auto-conscientes. No eran meros animales llevados por sus instintos o máquinas programadas para responder a cierto estimulo. Espiritualidad – Las Escrituras declaran que “Dios es Espíritu” (Juan 4:24), y por eso es razonable esperar encontrar este mismo atributo en el hombre que fue creado a la imagen de Dios. Adán y Eva eran más que barro animado. Eran espirituales, dotados de una capacidad genuina de conocer a Dios, de tener compañerismo con Dios, y responder a Dios en obediencia, adoración, y acción de gracias. Conocimiento –En Colosenses 3:10, las Escrituras enseñan que un aspecto de la imagen de Dios es el poseer un conocimiento verdadero de Él. Esto no significa que Adán y Eva sabían todo lo que se puede saber de Dios – una criatura finita no puede comprender plenamente a un Dios infinito. Más bien significa que el conocimiento que Adán y Eva poseían era puro y sin mezcla de error. Auto-Determinación o Voluntad. Adán y Eva habían sido creados con una voluntad, poseían el poder de auto-determinación, y se les concedió la libertad de escoger.Inmortalidad – Aunque Adán y Eva fueron creados y tuvieron un comienzo, y aunque cada momento de su existencia dependía de la bondad de su Creador, ellos poseían un alma inmortal – una vez creada, su alma nunca dejaría de existir. La inmortalidad del alma debe motivar a todos los hombres a considerar cuidadosamente su asombrosa responsabilidad de auto-determinación. Puesto que el alma es eterna, las decisiones que hacemos tendrán consecuencias eternas de las cuales no podremos escapar.

c. Y señoree… Nota: El hombre y la mujer recibieron el privilegio y responsabilidad de reinar sobre toda la creación como vice-regentes de Dios. Su reinado no debía ser independiente del reinado de Dios, sino existir en perfecta conformidad a Su voluntad. Ellos debían reinar para el beneficio y cuidado de la creación y para la gloria de Dios.

3. En Génesis 1:26-28, aprendemos que el hombre es único de entre el resto de la creación en que solo él fue creado a la imagen de Dios. En las siguientes Escrituras descubriremos que, aunque el hombre es único, él comparte un propósito común con el resto de la creación – él no fue hecho para sí mismo, sino para la gloria y beneplácito de Dios. ¿Qué nos enseñan las siguientes Escrituras acerca de esta verdad?

Salmo 104:31

Romanos 11:36

Colosenses 1:16 4.

Las Escrituras enseñan que el hombre y la mujer fueron creados por Dios, y para Dios, y encuentran significado para su existencia solo en amarle, glorificarle, y hacer Su voluntad. No somos los autores de nuestra propia existencia, sino que existimos por la benévola voluntad y poder de Dios. No nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Dios que nos hizo para Sus propios propósitos y beneplácito. A la luz de estas grandes verdades, ¿Cómo debe responder la humanidad?

a. Reverencia: Salmo 33:6-9

b. Adoración: Salmo 95:6-7

c. Servicio: Salmo 100:2-4

d. Amor: Marcos 12:30 8

e. Gloria y Honor: I Corintios 10:31