Archivos

Reflexión acerca del capítulo 9 de 1ª de corintios

Reflexión acerca del capítulo 9 de 1ª de corintios:

¿Cobrar por predicar el evangelio?

Ante el continuo afán de nuestros pastores evangélicos en los últimos tiempos de obtener de cualquier modo su renta mensual, dietas y demás ingresos a costa del evangelio, en ocasiones preocupandose más de ésto que de ir en busca de los perdidos dejando su despacho en el que se está muy cómodo, he decidido hacer una reflexión acerca del capítulo 9 de 1ª de corintios en la que el apóstol Pablo (para mí el mayor y más importante de todos ellos) nos da un verdadero ejemplo a seguir y del que jamás he oido predicar a ningún pastor en este sentido -¿porqué será?-:

vers. 9.4 ¿acaso no tenemos derecho a comer y beber? → entiendo que como todo hijo de ciudadano, tanto los que trabajan para el evangelio como los que no. Lo que sucede es que hay diferencias abismales en los beneficios de ciertos miembros con respecto a otros. Es decir, unos todo y mucho, y otros que igualmente trabajan, nada (recordemos que unos somos brazos, otros pies, otros ojos, y no por ser ojo, éste es el único miembro que recibe sangre)

vers. 9.7 ¿Quién planta viña y no come de su fruto? → La respuesta a esta pregunta es NADIE. Y cuando digo nadie, debiera ser nadie. Porque el que planta la viña no es el único que tiene derecho a comer del fruto. También el que la riega, recolecta, etc.

vers. 9.11 Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? → No, no es gran cosa siempre y cuando se haga con sentido común y con moderación, sabiendo que hay personas de las que se “siega” que tienen serias dificultades para llegar a cubrir sus necesidades básicas. Por ello, todo trabajador para la obra que se precie y que quiera recibir un “salario” debería de ser comedido en la cuantía a percibir (en todo caso algo suficiente y no ostentoso y desorbitado para no ser de tropiezo como más adelante en este capítulo nos dice Pablo).

vers. 9.12 …otros participan de este derecho… Pero nosotros no hemos usado este derecho… por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo → Aquí nos da una de las claves: Según nos dice, es un derecho el “chupar de la teta” (vulgarmente hablando), pero Pablo nos dice que ellos no han hecho uso de este derecho para no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. Con esto nos viene a decir claramente que, aunque sea un derecho, ellos no son partidarios de hacerlo efectivo ya que con ello pudieran ser tropiezo y obstáculo para el evangelio. Es evidente que si no pensasen así y no quisiera Pablo dejarlo como ejemplo a seguir, no lo hubiese escrito, como es obvio.

vers. 9.14 Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio → Dos cuestiones: Una cosa es vivir (lo necesario para comer, vestir, etc…, porque que yo recuerde los evangelistas y Jesús –que es de quienes debemos tomar el ejemplo- vivieron toda su vida humildemente –entiendo que para dar ejemplo, porque recordemos que Jesús mismo era Dios y pudo venir a este mundo rodeado de todas las riquezas si le hubiese placido-), y otra cosa vivir muy bien, acomodados y por encima ó muy por encima de la media con ese “salario” mientras otros sufren serias dificultades (recordemos aquello de no ser tropiezo).

vers. 9.15 Pero yo de nada de esto me he aprovechado… porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria → Redunda en lo que se decía en el versículo 9.12 (en la RVA dice “pero yo NUNCA de nada de esto me he aprovechado”), pero notemos que aquí incluye la palabra “aprovechado”, que viene de provecho, y que según la definición del Diccionario de la Real Academia Española lo define como: “Beneficio o utilidad que se origina o se consigue de algo o por algún medio”. En definitiva, los que lo hacen (según Pablo, por supuesto), se aprovechan ó se benefician (él claramente dice que no lo ha hecho nunca). Insisto que, en el caso de que no quisiera que sirviera de ejemplo esta actitud suya, no lo hubiese escrito. Pero ¡lo hizo! ¿Con qué fin? ¡Con el fin de que tomásemos ejemplo! Y… ¿porqué? Porque (entiendo yo) vivimos en el Nuevo Pacto: “Id y predicad el evangelio” (y añado yo –y Pablo-: “de forma gratuita -sin esperar nada a cambio-”).

vers. 9.16 Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad (de hacerlo –se entiende-); y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! → Es decir, que todos, sin distinción de raza, sexo ó escalafón social (ni eclesiástico y/o espiritual), DEBEMOS de predicar el evangelio… ¡SI ó SI! Sin esperar nada a cambio, aunque, como anteriormente se decía, todos tenemos la opción y el derecho de aprovecharnos o beneficiarnos del evangelio, ¡claro! Supongo que eso va con las tragaderas de cada cual y con su conciencia el hacerlo o no. Y sé que hay quien lo hace, y en algunos casos con muy buenos “salarios”.

vers. 9.17 Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada → Entiendo que viene a decir que lo haga de buena o de mala voluntad, he de hacerlo, y no hacerlo únicamente si cobro. Otra cosa es el tipo de recompensa que obtendré: De buena voluntad (el Señor recompensará), y de mala…

vers. 9.18 ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio → Para mí ESTE ES EL VERSICULO CLAVE para decidir si llevar el evangelio y exigir “provecho” ó “beneficio” ó por el contrario no hacerlo. Pablo se pregunta que ¿Cuál es su galardón? Y se contesta que llevar el evangelio gratuitamente allá donde vaya para no ABUSAR de su derecho. ¡Ese es el galardón! El resto de argumentos, podrán ser válidos –no voy a juzgarlos-, pero a todas luces con respecto a las palabras de Pablo, cuanto menos insuficientes. Creo que está claro. Una vez más nos insiste en mostrar su ejemplo y el de los que con él están y colaboran (en el versículo 12 habla en plural) para obrar de esta manera y no de otra (aunque siempre tendremos la opción de ABUSAR del derecho y BENEFICIARNOS Y APROVECHARNOS del evangelio), ya que si no fuese así, es evidente que no lo hubiese escrito (y por segunda vez en este capítulo lo hace, por lo que algo querrá decir con ello).

——

La reflexión es clara y evidente: Predicar el evangelio en primer lugar, ¡si! ¡siempre! Pero como lo hizo Pablo, de forma gratuita sin ABUSAR del DERECHO de BENEFICIARNOS Y APROVECHARNOS del evangelio. Pero en el caso de que decidan ABUSAR de ese DERECHO, por favor, BENEFICIENSE y APROVECHENSE con sentido común, criterio, moderación y humildad para no ser de tropiezo a los demás, y en especial a aquellos que tienen serias dificultades para cubrir sus necesidades básicas y que con sus ofrendas sustentan ese DERECHO. ¿Que su iglesia es muy próspera? Qué quieren que les diga; pues que ese superávit no se lo asignen los ministros titulares de las iglesias locales en sí, sino que se dedique a otros fines (como seguramente lo hubiera hecho Cristo y los apóstoles): sostenimiento de misioneros con pocos recursos, servicios y necesidades sociales y personales dentro y fuera de nuestra iglesia, colaboraciones con ong’s de contrastada imparcialidad y trayectoria que ayuden y apoyen a personas con dificultades (cristianos y también no convertidos), ayuda a otras iglesias necesitadas (sin necesidad de mirar a través de la lupa denominacional), o sencillamente apoyar económicamente a la obra misionera y evangelística en cualquier lugar del mundo –que hay mucha- a través de los canales y mecanismos establecidos. Porque también debemos de mirar más allá de nuestras cuatro paredes.

En definitiva: ¡Evangelio GRATIS y sin ABUSOS!. Yo estoy con Pablo ¿y tú?

En el caso de que seas una de las personas que se APROVECHA y ABUSA del evangelio, por favor, medita en esta reflexión. Y en el caso de que decidas seguir APROVECHANDOTE y ABUSANDO, modera tus ingresos a lo imprescindible por amor a aquellos a los que no les llega y que les cuesta mucho el sostenerte (piensa que ellos te ven con tus coches, tus trajes, tu ropa de marca, etc.). Si te sirve de ejemplo, yo sirvo desde hace muchos años por y para el evangelio y jamas -como PABLO- he tenido la tentación de BENEFICIARME del mismo.

Si estás de acuerdo con esta reflexión, hazla extensiva a otros, en primer lugar con el fin de que la difusión del evangelio no se detenga, y en segundo lugar con el propósito de que éste cometido se lleve a cabo sin abusos y que no se nos acabe yendo de las manos, y si es posible ¡GRATIS!

Le ruego a nuestro Señor que éste escrito sensibilice tu corazón.

Anuncios

La Caída de la humanidad

Paul David Washer

Las Escrituras afirman tres muy importantes verdades acerca de la Caída de Adán y sus consecuencias devastadoras para toda la humanidad. Aparte de estas verdades es imposible explicar la corrupción moral de la humanidad y la presencia universal de la maldad en un mundo que fue creado bueno. Estas tres verdades son:

1. Dios hizo a Adán el representante o cabeza de la raza humana. Como cabeza, Adán actuó en nombre (de parte) de toda la humanidad y las consecuencias de sus acciones nos afectan a todos.

2. Dios “imputó” el pecado de Adán a todos los hombres. Las palabras imputar eimputación, provienen del verbo latino imputare que significa, “considerar, contar, atribuir, o cargar a la cuenta de uno.” Con respecto a la Caída, significa que Dios cargó el pecado de Adán a la cuenta de todos los hombres. Dios considera y trata a todos los hombres desde su nacimiento como pecadores por causa del pecado de Adán. Todos los hombres llevan la culpa y la pena del pecado de Adán.

3. Dios entregó a todos los hombres a la corrupción moral. La pena del pecado de Adán no solamente fue la muerte, sino también la corrupción moral – él cayó de su estado original de justicia y llegó a ser una criatura moralmente corrupta.

Cada uno de los descendientes de Adán nace en el mismo estado moral – inclinado a la maldad, en enemistad con Dios, y hostil a la santidad y justicia. Una Verdad Innegable, Un Misterio Inexplicable La Caída de la humanidad en la Caída de Adán estará siempre envuelta en misterio. La imputación es una de las doctrinas más grandes y esenciales en el Cristianismo, las Escrituras claramente la enseñan, y esta doctrina provee la única explicación adecuada de la corrupción universal de la humanidad. A la vez, las mismas Escrituras que afirman la imputación, ofrecen poca explicación de la doctrina, y no ofrecen ninguna defensa en contra de las frecuentes acusaciones de que tal doctrina es injusta. ¿Cómo puede ser justo que Dios impute el pecado y la culpa de Adán a toda la humanidad? Los siguientes puntos son dignos de ser considerados.

1. La veracidad de un una doctrina no se comprueba por nuestra habilidad de comprenderla o de reconciliarla con nuestro entendimiento. Tampoco es nuestra inhabilidad de comprender una doctrina una base adecuada para rechazarla. Si esto fuera el caso, el estudio de la doctrina cristiana sería imposible porque no hay ninguna verdad revelada que no contenga un elemento de misterio. En Deuteronomio 29:29, las Escrituras declaran, “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” La gran promesa de la Escritura es que la verdad que creemos y la que aún no comprendemos plenamente, un día nos será revelada y la sombra de incertidumbre y duda que aún nos queda desaparecerá a la luz de la plena revelación de Dios. El apóstol Pablo escribe, “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como fui conocido” (I Corintios 13:12).

2. A través de las Escrituras, Dios ha demostrado Su perfecta justicia en Su trato con los hombres de tal manera que cualquier acusación contradictoria recibe una fuerte reprensión – “… Mayor es Dios que el hombre. ¿Por qué contiendes contra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones.” (Job 33:12b-13). “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios?” (Romanos 15

9:20). Si Dios ordenó que Adán fuera la cabeza de la raza y que su pecado fuera imputado a toda la humanidad, es justo. Dios tiene el derecho de proponer y obrar según Su propio beneplácito.

3. Fue una gran demostración de la gracia de Dios que Él permitía que un hombre fuera probado en lugar de todos los hombres. Adán fue el hombre más digno y capaz de toda la raza humana y vivió en un lugar perfecto sin la corrupción moral que hoy prevalece. Dios escogió el más grande y más noble de entre nosotros para ser probado en el lugar de todos.

4. El testimonio de las Escrituras, la historia humana, y la consciencia comprueban que ninguno de la raza humana habría respondido mejor que Adán. Dada la oportunidad, cada ser humano se habría rebelado contra Dios como lo hizo Adán.

5. Todos los descendientes de Adán, tan pronto como puedan, voluntariamente participan en la rebeldía de Adán contra Dios y comprueban que Dios los condena justamente.

6. Si es injusto que Dios condene a toda la raza humana a través de la caída de un hombre – Adán, entonces es también injusto que Dios salve a Su pueblo (los redimidos) a través de la obediencia de un hombre – Jesucristo. Si Dios no puede imputar el pecado de Adán a toda la humanidad, entonces Él no puede imputar el pecado de los hombres a Cristo, o imputar la justicia de Cristo a los que creen.

La Creación del Hombre

 Paul David Washer

Las Escrituras nos enseñan que el hombre no es un accidente o el resultado de un proceso impersonal, sino la obra creativa de un Dios eterno. Después que Dios creó todas las demás criaturas, Él formó a Adán, el primer hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida y él llegó a ser un ser viviente. De Adán, Dios formó a la mujer Eva para ser su compañera y ayuda idónea. Luego, Dios les mandó para que se multiplicaran y llenaran la tierra que había sido puesta bajo su dominio.

Toda la humanidad encuentra su ascendencia en esta unión de Adán y Eva. Las Escrituras enseñan claramente que el hombre y la mujer fueron creados por Dios y para Dios, y encuentran el sentido de su existencia sólo en amarle, glorificarle y hacer Su voluntad. Únicos entre todas las demás criaturas, sólo ellos fueron creados al imago dei o imagen de Dios y se les concedió el privilegio de vivir en compañerismo personal con Él.

Estas verdades son de gran importancia para nosotros pues definen quienes somos y nos muestran el propósito para el cual fuimos creados. No somos los autores de nuestra propia existencia, sino que existimos por la voluntad benévola y el poder de Dios. No nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Dios que nos hizo para Sus propios propósitos y beneplácito. El buscar separarnos de Dios es cortarnos a nosotros mismos de la única fuente de vida. El vivir independientemente de Su persona y voluntad es negar el propósito para el cual fuimos creados.

1. En el segundo capítulo de Génesis se encuentra el relato bíblico de la creación del hombre. Basado en Génesis 2:7, resume este relato con tus propias palabras. ¿Qué nos comunica acerca del origen del hombre y su relación con Dios?

2. En el segundo capítulo de Génesis también se encuentra el relato bíblico de la creación de la primera mujer Eva. Basado en Génesis 2:21-23, resume este relato en tus propias palabras. ¿Qué nos comunica acerca del origen de la mujer y su relación con Dios?

3. Habiendo establecido que el hombre es la obra creativa de Dios, ahora debemos considerar su unicidad entre el resto de la creación. Según las siguientes frases de Génesis 1:26, ¿Cómo es el hombre único entre el resto de la creación?

a. Hagamos al hombre… Nota: Dios no dice, “Sea el hombre,” como con el resto de la creación (1:3, 6, 14), sino “Hagamos al hombre.” Esto comunica la idea de una relación mucho más personal. La frase “Hagamos…” tiene dos posibles interpretaciones:

(1)  Es una pluralidad de majestad. Era una costumbre común escribir los decretos de personajes reales como si una pluralidad de personas estuviera hablando.

(2)  Es una referencia a la Trinidad. El Padre (Génesis 1:2), el Hijo (Juan 1:1-3; Colosenses 1:16), y el Espíritu Santo (Génesis 1:2) fueron involucrados en la creación.

b. A nuestra imagen… Nota: Dios no dijo, “según su género,” como con el resto de la creación (1:11-12 21, 24-25), sino “a nuestra imagen.” La humanidad es única entre la creación en que solo ella lleva la imago dei o imagen de Dios. La imagen de Dios puede referirse a lo siguiente: Personalidad – Adán y Eva eran criaturas personales y auto-conscientes. No eran meros animales llevados por sus instintos o máquinas programadas para responder a cierto estimulo. Espiritualidad – Las Escrituras declaran que “Dios es Espíritu” (Juan 4:24), y por eso es razonable esperar encontrar este mismo atributo en el hombre que fue creado a la imagen de Dios. Adán y Eva eran más que barro animado. Eran espirituales, dotados de una capacidad genuina de conocer a Dios, de tener compañerismo con Dios, y responder a Dios en obediencia, adoración, y acción de gracias. Conocimiento –En Colosenses 3:10, las Escrituras enseñan que un aspecto de la imagen de Dios es el poseer un conocimiento verdadero de Él. Esto no significa que Adán y Eva sabían todo lo que se puede saber de Dios – una criatura finita no puede comprender plenamente a un Dios infinito. Más bien significa que el conocimiento que Adán y Eva poseían era puro y sin mezcla de error. Auto-Determinación o Voluntad. Adán y Eva habían sido creados con una voluntad, poseían el poder de auto-determinación, y se les concedió la libertad de escoger.Inmortalidad – Aunque Adán y Eva fueron creados y tuvieron un comienzo, y aunque cada momento de su existencia dependía de la bondad de su Creador, ellos poseían un alma inmortal – una vez creada, su alma nunca dejaría de existir. La inmortalidad del alma debe motivar a todos los hombres a considerar cuidadosamente su asombrosa responsabilidad de auto-determinación. Puesto que el alma es eterna, las decisiones que hacemos tendrán consecuencias eternas de las cuales no podremos escapar.

c. Y señoree… Nota: El hombre y la mujer recibieron el privilegio y responsabilidad de reinar sobre toda la creación como vice-regentes de Dios. Su reinado no debía ser independiente del reinado de Dios, sino existir en perfecta conformidad a Su voluntad. Ellos debían reinar para el beneficio y cuidado de la creación y para la gloria de Dios.

3. En Génesis 1:26-28, aprendemos que el hombre es único de entre el resto de la creación en que solo él fue creado a la imagen de Dios. En las siguientes Escrituras descubriremos que, aunque el hombre es único, él comparte un propósito común con el resto de la creación – él no fue hecho para sí mismo, sino para la gloria y beneplácito de Dios. ¿Qué nos enseñan las siguientes Escrituras acerca de esta verdad?

Salmo 104:31

Romanos 11:36

Colosenses 1:16 4.

Las Escrituras enseñan que el hombre y la mujer fueron creados por Dios, y para Dios, y encuentran significado para su existencia solo en amarle, glorificarle, y hacer Su voluntad. No somos los autores de nuestra propia existencia, sino que existimos por la benévola voluntad y poder de Dios. No nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Dios que nos hizo para Sus propios propósitos y beneplácito. A la luz de estas grandes verdades, ¿Cómo debe responder la humanidad?

a. Reverencia: Salmo 33:6-9

b. Adoración: Salmo 95:6-7

c. Servicio: Salmo 100:2-4

d. Amor: Marcos 12:30 8

e. Gloria y Honor: I Corintios 10:31

Derrame de Amor

Meditando un día sobre el glorioso amor del Señor y su infinita misericordia, le pedí que me mostrará el motivo de su gran amor. La Biblia muestra muchas respuestas a esta pregunta, y una de las más relevantes es el hecho de que somos su creación, nos ama porque nos creo, porque somos suyos. Pero después de leer la palabra y entender esa gran verdad, me pregunte de nuevo, cómo puede amar Dios, a tanta gente a la vez y tanta gente que hace lo malo quisiera entender ese amor tan grande. La Biblia lo compara con el amor de una madre hacia su hijo, pero sé que es mucho más grande.

Pasaron muchos días y tuve la oportunidad de tratar con alguien muy dificil, era una persona muy amargada y perversa, que nunca estaba conforme, no veía nada bueno en las personas, todo era malo y siempre había algo que corregir, lo más terrible de esta persona además de su vocabulario tan ofensivo e hiriente, era su perspectiva de no hacer nada con su manera de tratar y que su manera de tratar a las personas era lo justo que merecían.  Esta persona tenía mucho conocimiento, que le hacia ser inenseñable, en otras palabras en su alrededor todos estaban desequilibrados mientras ella se mantenía en total equilibrio, con la capacidad de corregir insesantemente a todos, esta conducta era en todo lo que usted se puede imaginar al punto de ser un fastidio el solo hecho de escuchar a esta persona, quien hablaba con mucha sabiduría y siempre pretendía ser el centro del auditorio.   Había días en los que quería huir de mi lugar de trabajo,  el simple hecho de escuchar la voz de esta persona hacia un nudo en mi mente, siempre había algo mal en todo, no daba lugar al curso normal de las cosas, la única manera que estuviera sin merodear o ver que había de incorrecto era cuando tomaba una siesta en su oficina a eso de las una de la tarde.

Estaba a punto de renunciar de mi empleo así que comence a llenar solicitudes de trabajo, llevaba ya cinco años en esta empresa y estaban pronto a aumentarme el sueldo y a subirme de posición, todo esto no me valía nada, lo único que pensaba era no ver ni oir más a esta persona, ¿le ha ocurrido esto?.  No lo soportaba más, los días en mi empleo se habían convertido en una tortura, además de eso el estres me estaba matando, el dolor en la nuca y mis nervios estaban colapsando.

De repente comence a meditar en el amor incomparable de Dios, y la palabra me llevo al versículo en donde dice “por que no hechas de ver la viga que esta en tu ojo y dejas de mirar la paja que esta en el ojo de tu hermano”, esta palabra me impacto, la había leído antes y no la sentí como un cuchillo filoso como ese día. Era mi hora de almuerzo, siempre leía la Biblia unos minutos antes de comer y oraba luego, ese día sentí de orar en el baño durante cinco minutos, así que me puse a orar y entre más oraba pidiendole a Dios ayuda para soportar a mi jefe, algo me presionaba el pecho, segui orando y le dije Señor:  Padre el estres me esta matando ayudame, saname; el pecho me apreto aún más y lágimas comenzaron a correr por mi rostro como una lluvia torrencial, no podía hablar, lloraba sin parar, quería detenerme pensando que alguien podía entrar en el baño, pero no podía, casi desfallecido y sin fuerzas tube que caer en el piso; pense esta muy sucio pero caí, en el lugar en donde estaba y sin poder hablar clamaba en mi mente Dios ayudame, en eso que me mantenía en el piso de aquel baño.

Dios me mostro lo injusto que había sido todo ese tiempo con mi jefe, vinieron a mi mente todas las veces que discuti con Él cuando me corrigió un error, los momentos en que no respete su autoridad por tratar de demostrar que a un hijo de Dios no se le trata como cualquier cosa, otros momentos en que lo ridiculice delante de mis compañeros, disque tratando de defenderme, Dios me mostro, que en realidad yo tenía envidia de la posición de mi jefe, también pude ver que era rebelde y orgulloso, También me mostro como ese jefe era tan infeliz en su hogar, su matrimonio se había destruido, tenía un puesto muy digno en una gran empresa el cual había perdido por los problemas emocionales que tubo con su divorcio y yo que tenía según mi perspectiva mucho amor, solo le predique algunas veces por decir que era cristiano y después en lo más profundo ni siquiera quería que se salvará, también recorde uno de esos días de tanta euforia, vi en los ojos de mi jefe algo parecido a una lagrima, la cual escondio de mí y callado se fue a su oficina, yo pense,  para no llevar cargo de conciencia,  que le dolían los ojos por sus anteojos, pero en el fondo sabía que algo le dolía, algo muy profundo que el Dios al cual predico podía sanar.

Cuando ví todo esto sentí tanto dolor y compasión por esta persona y le dije al Señor, ¿cómo puedes amarme tanto siendo yo tan malo? ¿cómo puedes amarme si odio a mi jefe?, en ese momento me sentí tan miserable, me sentí que usurpaba el amor de Dios, que no merecía decir que era su hijo, era tan miserable, que para sentir compasión de este pobre hombre tube que ver lo mal que estaba yo, en eso me invadío aún más un dolor indescriptible; seguía pensando sin poder abrir mi boca y las lagrimas seguían corriendo, decía en mis adentros “Oh miserable de mí,  si no tuviera yo tanta maldad en mi corazón, sería aún más perverso, porque no habría nada que me inculpará, cuan miserable soy”, Dios has tenido que mostrarme mi maldad para que entrará en razón, de cuanto me amas, deberías huir de mi, he sido un arrogante y necio. Mi llanto era tan profuso, jamás había llorado así, sentía como si algo se desprendía de mi interior, eran como caparazones que cubrian mi corazón, después ví otras imagenes en mi mente, en que me comportaba igual que mi jefe en casa con mi familia, como los perseguía y gritaba, como me sentía tan Santo y digno y ellos solo callaban.  Le pedí perdón a Dios y le dije en mi mente “Padre no me dejes en este lugar tirado, no quiero morir aún, ayudame, levantame, perdoname, se que no soy digno de tu amor, pero se que me amas, me arrepiento de todos mis pecados”.  Esa oración en mi mente parecía como la primera vez que confese a Cristo, con la diferencia de que había confesado a Cristo hacia ya 15 años.  Por primera vez sentí que no merecía nada y que no podía hacer nada para recibirlo, todo lo que tenía era por gracia, muchos pensamientos cruzaron por mi mente, en ese momento de agonía, desee ver a mi esposa e hijos para decirle cuanto los amaba, a mi madre y hermanos, pero no podía, así que deje de desesperarme y me quede tranquilo.  Al rato una inmensa paz recorrio todo mi cuerpo, y sentí el perdón de Dios y su benevolencia como nunca, entonces en mi corazón le dije al Señor: que sea tu voluntad y calle mis pensamientos para sentir es paz.

En eso la voz de Dios rompió  el silencio de aquel lugar y con voz audible me dijo: “Hijo mio, me preguntas como puedo amarte tanto siendo tu tan malo y yo te dire esto: el amor es una desición que engrandece el alma del que lo hace y exalta a aquel que lo recibe, el verdadero amor inicia en el momento en que puedes ver todo completo sin dejar ningun detalle por fuera, desde el momento en que encaras todo con la verdad sin idealizar ni imaginar a eso que amas, sin atribuirle nada ni quitarle nada, es mirar a cara descubierta el objeto de tu amor, es ver todos sus matices, cada aspecto con total veracidad, es recorrer sus contornos y sus formas visibles e invisibles, ver lo más terrible y lo más excelso de eso a quien amas y después de verlo todo decides que amaras a pesar de que consideres que no se lo mereces. Cuando llegas al punto de ver la realidad de las personas, tienes dos caminos el primero decidir recharlos y desviar tu camino o amarlos, ambas serán desiciones que deberás tomar, si decides amar entonces habrás cruzado un umbral y habrás derrotado al enemigo más terrible que empobrece el alma y la destruye, “el egoísmo”; pero si decides rechazar entonces te volveras un ser pobre, necesitado buscando otras personas que llenen tus propios ideales. Amar es un desafío, amar es un placer de los seres espirituales. Ahora vez como los amo, te ame antes de crearte y decidi seguir amandote ustedes pecaron y he siguido amandolos.

Después de unos segundos unos toques en la puerta me volvieron a mi realidad, yo permanecía como adormecido en el suelo del baño y trataba de pararme, cuando la puerta fue derribada, era mi jefe muy preocupado, quien me levanto del suelo y con un grito llamo a los demás empleados pidiendo una ambulancia, cuando lo mire, no pude contener las lagrimas y lo abrace con fuerzas, el sorprendido cargandome sobre sus hombros me dijo “hace días te he visto algo alterado y como enfermo, así que cada vez que te movías te observaba, porque en más de dos ocasiones ví que te mareabas y te agarrabas de la mesa, así que cuando no ví que salías del baño supuse que algo no estaba bien ¿cómo te sientes?, es bueno que tomes unos días, pues hace dos años que no tomas vacaciones”.

Me sorprendí tremendamente de la reacción de mi jefe, antes pensaba que me odiaba, pero ese día lo ví como un padre protector, el velaba para que todo marchara bien, era muy ordenado, también era muy cuidadoso.  Fuí al medico y el diagnostico fue un Derrame cerebral y había afectado totalmente mi cuerpo, y que milagrosamente había sobrevivido, unos segundos más y hubiese muerto.  Tome unas semanas en casa y al pricipio no podía caminar ni hablar, pero poco a poco pude moverme completamente y hablar normalmente, esto fue sorprendente para todos porque según los medicos nunca más  caminaria  ni hablaria, sería un vegetal, en cama reflexione y mentalmente hice un nuevo plan para mi vida, le comente a mi esposa lo que me había pasado el el baño y ella se sonrio diciendome “Dios te ama tanto que te dió un derrame de su amor, el desborde de su amor es tan fuerte que es su inmenso amor lo que sostiene el universo en orden, tu cuerpo no pudo resistir esa descarga y El te lo reparó”.

Pasaron tres meses cuando pude regresar a mi empleo con una visión renovada, cuando vi a mi jefe me acerque muy contento para agradecerle lo que había hecho por mí y para invitarlo a cenar a mi casa, este muy fríamente me dijo “no tienes que agradecerme nada, pues solo hice mi trabajo, para eso me pagan y ahora que estas bien siéntate en tu puesto y sigue trabajando, pues dejaste muchas cosas pendientes  ¿y quien piensas que las va a hacer yo?, en cuanto a la cena voy a pensarlo no vaya a ser que ustedes me envenenen”.  Bueno en el camino al trabajo pensaba que ahora mi jefe y yo podíamos ser tremendos amigos y que yo le predicaría y todo marcharía bien, pero cuando lo vi, era el mismo con su misma forma, la única diferencia era que YO no era el mismo, así que decidi amar a mi jefe tal y como es y de respondí ” es usted el mejor jefe que yo he tenido, es el que Dios quiso que yo tubiera como jefe y por eso usted merece mi honra”.

Decidí amar a mi jefe y mostrarle cuanto Dios le ama, así como me ama a mí.  El me humilla y me ofende, porque no a recibido el amor de Dios a diferencia de antes soy tan fuerte cada vez que lo hace, yo le pago con misericordia, le doy un buen trato, le ofrezco un favor que no me pide, le llevo café a su escritorio, aunque me dice  así “andas de chupa medias porque te salve, es tu problema, yo disfruto del café ja ja ja, pero igual te voy a zurrar, no me dejo comprar de remilgones como tu, mejor te hubiera dejado morir”.

Al recordar el amor tan grande de  Dios por mí, soy tan feliz, que no me duele nada de lo que mi jefe pueda decir o hacer.  A Dios le doy gracias por esos días en cama, ha sido la experiencia más maravillosa después de conocerlo.  La Biblia declara en Juan 3:16, que de tal manera amo Dios al mundo, que envió a su hijo unigénito para que todo aquel que en el crea no se pierda más tenga la vida eterna…”, esta palabra cobro verdadero sentido en mi vida, pude ver que Dios tomo la decisión de amar al mundo, cuando debió aborrecerlo, ¿quién podía acusarlo, cómo nos daríamos cuenta si el mismo no declara que hizo todas estas cosas por juicio contra el hombre? por que si usted lee los textos del antiguo testamento, verá a Dios declarando como el mundo lo había rechazado, como el hombre había hecho lo malo de tal forma que el olor de su pecado había llegado hasta El, como Dios había inundado la tierra con agua en el diluvio, como había derramado fuego sobre Sodoma y Gomorra, pero después de todo eso, El cambio el juicio hacia los hombres por su misericordia y decidió darnos en cambio su gran amor.

De Tal manera =  designa algo sin igual, algo que es demasiado grande e inexplicable, algo inconcebible, de  magnitud gigantesca, algo que sobrepasa lo esperado, una sorpresa inesperada.

Amo Dios al mundo = designa una acción acorde de dos naturaleza que se entremezclan entre sí,  a seres que son compatibles, pero en nuestro caso no es así, debimos ser aborrecidos, extinguidos pero contrario a eso nos amo, por eso es de Tal manera.

Eso es exactamente lo que este texto ha declarado durante más de 2,000 años, la gran magnitud y el poder del Amor de Dios.

Además de comprender todas estas cosas, Dios me enseño que el punto culminante en que verdaderamente el amor hace su aparición en una relación es el momento de la desnudez, no hablo de la desnudez del cuerpo, si no la desnudez del alma, en donde vemos tal cual es a aquella persona a la cual decimos que amamos, es el momento en donde los cuentos de hadas parecieran que terminarán en un horror, el momento en donde esa persona dulce se convierte en un monstruo, es allí en donde las parejas tienen el poder decidir amar o aborrecer, es justamente allí, es un momento de crisis que llega en su momento, algunos más temprano que a otros, ese momento cuando se caen las vendas de los ojos y comenzamos a ver lo feo y desagradable; aunque parezca inconcebible ese es el momento decisivo en donde la relación esta a punto de convertirse en un lazo tremenda-mente fuerte, viene tras un estallido de problemas, desaciertos, discusiones, peleas que parecieran no terminar, es justo allí el momento en donde esta palabra cobra todo su poder y si estamos dispuestos a morir y dejar que sea el amor de Dios que se derrame en nuestros corazones y permitir exaltar a esa persona en vez de humillarla, a apreciarla en vez de menospreciarla, desde ese mismo instante todo cambia y podemos ver cuan grande es el poder de Dios y lo fuerte que nos hace ser.

Si estas pasando por una crisis en una relación, debes saber que todo eso esta ocurriendo, para que cruces el umbral y a decidir aprender a amar esa persona tal como es, no temas no pasara nada malo, todo obra para bien a los que aman a Dios, pídele que te muestre como cruzar el umbral y crecer en amor y aceptación no perderás, ganarás una batalla en donde el orgullo no tiene cabida, pues ni el egoísmo, ni la envidia ni los celos te esclavizaran jamás, al contrario serás libre, crecerás y serás mucho mas fuerte.

 Que Dios te bendiga

Ocho Tesis acerca de los Judaizantes

Pido disculpas a nuestros hermanos Judíos si estos post los ofenden, esa no es nuestra intención, sino más bien destruir el engaño en el que está cayendo nuestra iglesia, y que los judíos ortodoxos  cimentados conocen bien.  Sacar a la luz las artimañas de error y que sepamos que en Cristo solo hay un pueblo espiritual.  No somos antisemitas, ni perseguimos a los judíos, pues sabemos que en un momento llegará su tiempo y ellos recibirán lo que Dios a prometido a su tiempo, pero no podemos de ninguna manera desubicar nuestra posición como cuerpo vivo de Cristo anhelando las promesas dadas a Israel, pues nosotros participamos de ellas por la gracia y misericordia de Dios, si un creyente no esta ubicado en la posición en Cristo Jesús, esta fuera de todo pacto, pues para el pueblo gentil de donde procedemos solo hay un pacto que lo hace acepto, y este es el Pacto del Espíritu con Gloria.  Para que la palabra profética dada por Dios a los antiguos profetas se cumpla todo la iglesia gentil debe estar plenamente convencida de su lugar por gracia y ser agradecida con Dios de que la haya tomado aun cuando no era pueblo suyo, si esto no se hace ofendemos el nombre de Dios y lo tachamos de iluso, ya que fue el mismo quien deseo hacer este nuevo pacto y hacer por viejo el antiguo dándonos nuevas y mejores promesas, que pertenecen a su misma naturaleza espiritual, no caigamos en el error anulando las palabras dadas por el mismo Dios, haciendo de la gracia algo insípido, necesitando rudimentos y sombra de El mismo, pues todo el antiguo pacto solo es la sombra y figura de lo que Dios es, y El  desea que hoy como su cuerpo disfrutemos de el mismo en toda su plenitud adorándolo en Espíritu y en verdad.

“Palabras del administrador del Blog”

OCHO TESIS INICIALES SOBRE

LOS JUDAIZANTES

Publicado por unidoscontralaapostasia

        

Dr. César Vidal Manzanares

 Dr. César Vidal Manzanares                

  • 1 -Si alguien dice que el Nuevo Testamento fue escrito en hebreo miente lisa, pura y llanamente.  No nos ha llegado un solo manuscrito del Nuevo Testamento en hebreo sino que, por el contrario, nos han venido en griego los más de cinco mil que se conservan de los siglos I-IV.
  • 2- Si alguien dice que el Nuevo Testamento fue escrito originalmente en hebreo no sólo miente gravemente sino que además insulta a Dios.  Una persona que llevara a cabo esa afirmación estaría diciendo que, a pesar de que el Nuevo Testamento fue escrito en hebreo, Dios no fue capaz de preservarlo a lo largo de los siglos.  En otras palabras, Dios no pudo o no quiso conservar Su verdadera palabra frente al sustituto de los hombres.
  • 3- Quien dice que traduce el Nuevo Testamento de un original hebreo miente gravemente y busca engañar a los demás.  Esa fuente original hebrea no existe y, precisamente por ello, nunca es enseñada ni citada.
  • 4- No existe una sola prueba en las Escrituras de que Jesús enseñara en hebreo.  El hebreo era una lengua muerta desde hacía siglos en la época de Jesús aunque se usaba litúrgicamente como ha sido el caso del latín en el seno de la iglesia católico-romana.  Es más que posible que Jesús leyera en hebreo y así parece indicarlo el texto sobre su visita a la sinagoga en Lucas 4: 16 ss.  Sin embargo, Jesús siempre habló en las dos lenguas vivas de la época: el griego, lengua oficial, y el arameo, lengua familiar.  En griego, muy posiblemente habló con Pilato durante su proceso en el que no se nos dice que se utilizara intérprete; en arameo, existen varias referencias en la Escritura.  Ni una sola vez en hebreo.
  •  5- Los modismos griegos del Nuevo Testamento no pueden proceder del hebreo.  Pablo, por ejemplo, desarrolla en Colosenses “: 14-15, una teología del perdón que se vale de términos mercantiles griegos, pero que no podría expresarse en hebreo.
  •  6- Buen número de las prácticas judías seguidas hoy en día por judaizantes eran desconocidas en la época de Jesús y, por eso mismo, resultan ridículas e incluso peligrosas. Por ejemplo, en la época de Jesús los hombres judíos no se cubrían la cabeza para orar.  Esa es una práctica de finales de la Edad Media y, por ejemplo, sabemos que los judíos españoles no se valían de ella poco antes de su Expulsión en 1492.  Lo mismo podría decirse de atuendos desconocidos en la época de Jesús que son de origen medieval y centro-europeo.  Los que los adoptan no son más judíos por llevarlos que un anglo de Connecticut sería un piel roja por colocarse un penacho de plumas.  En realidad, lo único que hace es el ridículo.  Por añadidura, amuletos judíos como la mano de Fátima – procedente del Islam – u objetos de buena suerte ciertamente existen en el judaísmo actual, pero su origen es pagano y choca con la enseñanza de las Escrituras.
  •  7-El Talmud contiene alegatos violentamente anti-cristianos.  Aunque el Talmud es una fuente histórica que merece la pena conocer hay que tener en cuenta que la fecha final de su redacción es muy posterior al Nuevo Testamento, que es menos fiable que éste en lo que se refiere a la época de Jesús, que fue redactado – como ha señalado el propio rabino Jacob Neusner – como una reacción contra el cristianismo y que contiene páginas virulentamente anti-cristianas donde se afirma, por ejemplo, que Jesús fue el hijo de una ramera judía que mantuvo relaciones sexuales con un romano o que padece en el infierno tormentos en medio de excrementos en ebullición.  Apelar al Talmud como Escritura resulta totalmente inaceptable para un cristiano y
  •  8- Los que pretenden ser judíos en razón de apellido sólo dan muestra de grave ignorancia o de peligrosa mendacidad.  Ser judío nunca ha derivado de poseer un apellido u otro.  Se es judío o por ser circuncidado al octavo día siendo hijo de madre judía o por conversión posterior que incluye la circuncisión y-o la inmersión.  El que no ha pasado por cualquiera de esos ritos no puede afirmar que es judío.  Por añadidura, los apellidos españoles – Pérez, López, etc – no son garantía alguna de descender de judíos sino más bien todo lo contrario.  El que afirma que una persona que, por ejemplo, se llama López es de ascendencia judía sólo da muestras de gravísima ignorancia – como le podría explicar cualquier judío – o de una perversidad moral que pretende captar adeptos engañándolos.

 

El Conocimiento del Dios Santo

TERCERA PARTE

Por Art Katz

No existe nada que debiésemos de apreciar, preservar y proteger con mayor empeño que el sentir y el conocimiento de Dios como de hecho Él es, más que Dios como hayamos pensado que sea. Si perdemos el conocimiento de Dios como Él es en realidad, ¿qué nos queda entonces? ¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestro testimonio? Todo en el mundo, incluso en el mundo religioso, conspira contra el conocimiento de Dios. Irónicamente, una de las extrañas paradojas comunes e implícitas en la fe es que nuestro propio entusiasmo y deseo por reuniones exitosas pueda oponerse y llegar a ser el mayor detrimento en nuestra obtención del verdadero conocimiento de Dios.

Siempre hay lugar para el peligro de hacer que Dios se vuelva algo cotidiano, de convertirlo a Él a nuestra propia imagen. Y podemos llegar al punto de ni siquiera estar conscientes de lo que estamos haciendo. El lamento de Dios hacia nosotros a través del profeta Isaías es que hemos pensado de Dios como alguien semejante a nosotros, y que el conocimiento de Él es enseñado por preceptos de hombres, pero una vez que uno a recurrido al precepto, ya no es Dios el que está siendo proclamado, sino los principios acerca de Dios, no Dios Mismo. Se nos anima a “contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3). La fe no es un pliego de doctrinas o un medio a través del cual obtenemos algo de Dios. La fe genuina es la aprehensión de Dios como Él es, el sentir de Él, el temor y el asombro de Él.  Este conocimiento lo templa todo. Si no encontramos este conocimiento en la Iglesia, entonces el mundo es abandonado a su suerte y pierde cualquier esperanza de conocer a Dios en verdad. Siendo así, no es de asombrarse que las señales y milagros de los recientes avivamientos encuentren una aceptación general. Somos de antemano una audiencia que busca algo nuevo, necesitando experimentar un estímulo. Nuestra vida cristiana es difícilmente algo más que una sucesión interminable de predecibles cultos de domingo.Desgraciadamente, aquello que tanto deseamos no es lo que realmente necesitamos. Al contrario, probablemente nos aleje de obtener el verdadero conocimiento de Dios. ¿Acaso no se nos exhorta a probar todos los espíritus? ¿Cómo entonces podemos ignorar la prevalencia de aberrantemente ensordecedora música de adoración, ofrendas de alto calibre, verdaderas actuaciones de teatro y la atmósfera imperante de carnaval en tantas de nuestras reuniones? ¿Y qué acerca de los chillidos que dejan helada la sangre y los gritos que acentúan los procedimientos? ¿Qué es lo que hacemos ante la patente ausencia, a veces solo como mera formalidad, de la proclamación de la Palabra? ¿Cómo respondemos a aquellos testimonios que embotan el espíritu, a menudo expresados en un estupor discordante con la dignidad de Dios? ¿Ha Dios dejado de ser el Dios que insistía en que Sus sacerdotes ascendieran al altar usando una rampa en lugar de escalones para que nada de su carne quedara al descubierto (Éxodo 20:26)? Es un requerimiento peculiar, pero al levantar una pierna para subir de un peldaño a otro, existía la pequeña posibilidad de que se revelase la carne del sacerdote, y la rampa aseguraría que esto no sucediera. Él es el mismo Dios que mandó a Aarón que vistiera la diadema de oro continuamente sobre su frente (Éxodo 28:36), el mismísimo lugar que hoy en día hacemos rápidamente disponible para recibir un toque buscando el efecto deseado de ser “derribados por el Espíritu”. “Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones. Sobre carne de hombre no será derramado, ni haréis otro semejante, conforme a su composición; santo es, y por santo lo tendréis vosotros. Cualquiera que compusiere ungüento semejante, y que pusiere de él sobre extraño, será cortado de entre su pueblo” (Éxodo 30:31-33). Claramente, la advertencia es contra falsificar el aceite de la unción o contra fabricar algo semejante. ¿Cuántos de nosotros consideraríamos el uso de amplificadores para sacudir a la gente creando una atmósfera para el Espíritu como fabricar un aceite de la unción?  Dios ungirá lo que Él señale, no lo que queramos para nuestra propia satisfacción y disfrute, o para asegurar que el culto sea bueno. No hagamos otro aceite semejante. En su libro, El Poder Latente del Alma, escrito en la década de 1920, Watchman Nee advirtió acerca del poder del alma (entendiéndola como mera emotividad), y contra el engaño que puede ser inducido con instrumentos musicales y aquellas cosas que había antes de que fuesen inventados los amplificadores.

Nuestro dolor es para que la “Santidad a Jehová” sea inscrita nuevamente en las frentes de hombres y mujeres sacerdotales que se pongan firmes por Él durante ésta edad nada menos que vulgar. Es también el clamor de Isaías: “Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová” (Isaías 52:11).…y del apóstol Pablo: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1). Una apreciación por la santidad del Señor debe de acompañar cualquier avivamiento genuino o despertar del pueblo de Dios. ¿Cuántos de nosotros conocemos la santidad a la que me estoy refiriendo? Tenemos una vasta descripción en la Escrituras en los libros de Éxodo, Deuteronomio, Levítico y Números que claramente define un Dios santo y un pueblo santo. Se trata de un pueblo de los Últimos Tiempos, un remanente quienes tengan esa misma diadema que hacía presión contra la frente de Aarón en donde estaba escrito, “Santidad a Jehová”; gente que siempre está consciente de lo que dicen y de lo que hacen porque saben que están delante de un Juez santo. Tal preocupación celosa por la santidad de Dios es prácticamente desconocida para nosotros; se ha perdido. Esta revelación es una provisión de parte de Dios, y si está profundamente gravada en nuestros corazones, será una defensa y una muralla contra la edad fingida y barata en la que vivimos. El Espíritu Santo bien pudiera ser llamado el “Espíritu de Santidad.” Este ministra en el espíritu de la verdad, el espíritu de la justicia, el espíritu de la santidad. Cuando es recibido de esa forma, Él será para nosotros ese poder y esa capacitación necesarios en nuestras vidas. ¿Cómo podrán los judíos, quienes están tan enredados en el espíritu del mundo y son sus principales promotores, ser salvados de su propio engaño masivo si no hay una Iglesia que pueda mostrarles la santidad de su propio Dios?

ADORACIÓN Y SACERDOCIO

La tragedia del Movimiento Carismático, con todo su énfasis en alabanza y adoración, es que sus adeptos lo han convertido en una técnica para su beneficio, para generar cierta atmósfera propicia para lo que siga a continuación. Lo han hecho para nosotros, más quepara Él. La verdadera adoración bien pudiera ser descrita como la expresión no premeditada, espontánea de una realidad en Dios que viene a través de gente que ha estado junta lo suficientemente y en tal intensidad como para obtener dicha realidad.  Ellos han llegado a un lugar de veracidad en su conocimiento de Dios y en su caminata ante los demás en comunión verdadera bajo la sombra de la Cruz. ¿Tenemos acaso el temor de Dios suficiente como para resistir el ser persuadidos por acordes musicales u otros métodos que apelan al alma en lugar de al espíritu, que tienen como fin encajarnos en cierta predisposición?  Tales manipulaciones impías obran contra los más altos propósitos de Dios.  Solamente un sacerdote se estremecería ante estas cosas, mientras que aquellos que meramente desean ser entretenidos no van ni a pestañear.

En el corazón del sacerdocio hay un “esperar en Él” hasta que llegue el tiempo que a Él le agrade.  Si deseamos ser la revelación de Su luz, vamos a tener que reconsiderar qué es lo que estamos haciendo cuando nos lanzamos en la así llamada adoración y cantar coros, u otras simulaciones de esperar en Dios. A menos que haya un sentir de lo que es sacerdotal, la alabanza será solo mecánica, o un medio, una manipulación, y esto no es entrar en el lugar santo para nada. Degenerar hasta el punto donde la alabanza sea celebrada como lo es actualmente mientras que realmente es una manipulación, es una tragedia. Se convierte en pura retórica y palabras, en un vocabulario que no tiene vida genuina o significado. Los dos hijos de Aarón murieron por ofrecer fuego extraño. Ellos eran sacerdotes, llamados por Dios, pero actuaron en base a un deseo de evocar la gloria de Dios cuando no era su derecho. Ellos vieron algo que fue demostrado por la obediencia de Aarón y Moisés, y pensaron que podrían hacer lo mismo. Se presentaron en el momento equivocado, de la manera equivocada y en lugar de invocar un fuego glorioso, invocaron un fuego que los fulminó. ¡Fuego extraño! Tenía la forma, pero no era lo verdadero, y en lugar de traer vida, trajo muerte.

Este episodio contiene una profunda revelación para nosotros el día de hoy.  Aun Aarón como Sumo Sacerdote no podía entrar al Lugar Santísimo a su antojo.  Habiendo atestiguado la muerte instantánea de sus hijos, ¿cómo podría él pensar que podría entrar al lugar santísimo cuando así lo eligiera? ¿Cuál es la aplicación práctica para nosotros? ¿Pensamos que podemos entrar cuando nos venga en gana al lugar de adoración santa? ¡El solo juntar la banda o la orquesta y hacer sonar los coros no significa que estamos adorando!  Eso no es el incienso verdadero o los carbones encendidos de los cuales se eleva una nube de olor fragante en la que Dios se manifestará. Sonará a golpe seco, no será una gloria, y si seguimos haciendo las cosas de esa manera, obtendremos profecías falsas, exhortaciones baratas, cosas calculadas para evocar de nuestra parte cierta clase de respuesta. Iremos de ser inmaduros, moviéndonos en las emociones, hasta el punto en que seamos completa e irremediablemente engañados.

EUNUCOS PARA CRISTO

Jesús habló una vez acerca de los eunucos. Dijo que hay algunos que nacen siendo eunucos, quienes nunca tendrán el medio físico para la gratificación que es otorgada a todos los hombres; que algunos son hechos así por los hombres, y que otros se han hecho a sí mismos eunucos por amor al reino de los cielos (ver Mateo 19:12). Solamente se puede creer implícitamente en un eunuco. Él no se va a apropiar de nada para sí mismo, porque como el Señor, un eunuco ha sido “cortado de la tierra de los vivientes” (Isaías 53:8b), y Dios nos ofrece la misma oportunidad. La cruz de Cristo es la provisión para que nosotros podamos ser cortados también de la tierra de los vivientes. Un eunuco por amor de Cristo es la única persona que estará a salvo al final de la edad, una edad que abunda en iniquidad, llena de inmundicia y lujuria, de seducciones poderosas y sensualidad. Él ha reconocido las inclinaciones horribles de su carne, y ha visto que el discipulado auto-conciente no es la respuesta;  ha visto que cantar los coritos no es la respuesta. Hay solamente una respuesta; es la cruz de Cristo Jesús, no la falsificación de plástico, sino la sangre salpicada sobre la cruz, el lugar de sufrimiento y vergüenza a donde Dios nos está invitando. La cruz es el poder de Dios para salvación a aquellos que se le unan, quienes se han hecho voluntariamente eunucos para Cristo. Necesitamos ver esta verdad, venir a ella y aferrarnos a ella hasta el final de la edad. Habiendo hecho esa decisión, invitaremos a la muerte diariamente, a la reiteración diaria del misterio del sufrimiento en formas que son apropiadas de una manera única para nuestra vida, nuestro llamamiento y nuestra caminata.

La vida de Cristo jamás será amalgamada a la nuestra a menos que sea a través de la condición necesaria de morir diariamente. El drama entero, la representación y la base para ello son futuros, pero también hay una parte que debe de cumplirse diariamente en nosotros. Si la cruz no opera diariamente, si no estamos dispuestos a sufrir sus muertes, nos hacemos candidatos al engaño.  El asunto de ser salvados del engaño es el asunto de la cruz, y nuestra disposición a ser despiadados con nosotros mismos y a sobrellevar el sufrimiento que implica cuando Dios clarifica las cosas. Si racionalizamos y justificamos nuestra conducta, si encontramos una forma de explicar las cosas de tal forma que nos gratifique y nos salve de nuestra percepción del pecado como tal, entonces somos, en la misma medida, candidatos al engaño. Ese es el porqué las escrituras citan al amor por la verdad como uno de los medios principales por los que somos salvados del engaño, no a través de un amor por algo que es técnicamente correcto, sino la verdad como Dios la ve. La expresión más aguda de lo que es la verdad es Cristo y Él crucificado. El individuo que se aleje de la cruz no vive una vida cruciforme y está indispuesto a sobrellevar el sufrimiento de la cruz. Deseando la “bendición” pero no la vida de la cruz, se hace candidato al engaño. Ese engaño bien pudiera ser permitido por Dios Mismo, quien dará permiso a las ilusiones mentirosas para que caigan sobre aquellos que han despreciado el amor de la verdad. La mera tolerancia por la verdad, o aun el respeto por la verdad no son suficientes. Solamente un amor por la verdad tiene el poder de guardarnos del engaño. Necesitamos ser despiadados en este sentido y aplicar la cruz, trayendo muerte sobre aquellas cosas a las que Dios llama nuestra atención y que nos permite ver justamente para ese propósito.

La Verdad de Dios

SEGUNDA PARTE

Por Art Katz

El episodio de Ananías y Safira en el libro de los Hechos es el recuento impresionante de un incidente que ocurrió durante otra edad, en una hora cuando el Espíritu de Dios prevalecía en gran magnitud y pureza.  La Iglesia estaba en su gloria, porque estaba alerta con respecto al asunto de la verdad y el engaño.  Ella sabía que antes de que el Espíritu de Dios se manifestase a Sí Mismo como el Espíritu de poder, Él tenía que ser primera y primariamente el Espíritu de Verdad. Cuando la verdad es abandonada, cuando se hacen componendas en detrimento de la verdad, ¿cómo podemos pensar que la Paloma va a permanecer por ahí para dar las expresiones de poder que solamente servirían nuestras necesidades y gratificar nuestras almas?  Necesitamos que exista el mismo celo por la verdad que Pedro desplegó, permitiéndole discernir  la fraudulencia de un hombre y su esposa, quienes donaron una suma de dinero, pero presentada como todo el precio cuando solamente era una parte. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron (Hechos 5:3-5). Y casi en el siguiente aliento leemos, “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón” (Hechos 5:12). En otras palabras, el respeto hacia el Espíritu de Dios como el Espíritu de verdad precede y traza el camino para el Espíritu de Dios como el Espíritu de poder. En lo que he podido observar, le hemos dado un completo revés a ese orden. Celebramos el poder, las señales, las maravillas, mientras relegamos la verdad a una mera consideración distante, si es que acaso la consideramos. ¿Quién de nosotros no ha jugado al juego de dar una parte haciendo que parezca que estamos dando la cosa completa?

Hubo un tiempo cuando solíamos decir que la verdad es toda la verdad y nada más que la verdad, o no es la verdad. Redondear y recortar las esquinas, cualquier cosa que sea menos que todo el paquete convierte en una mentira algo que parece impresionante. Para mí es un verdadero dolor meditar en esto porque es la tristísima condición que permea nuestras vidas. Le hemos dado a Dios una medida de nosotros mismos solamente, pero llamamos a esa medida “el todo” cuando es meramente una parte. No tenemos la reticencia, la modestia o la mansedumbre que son apropiados para un pueblo cuyo Señor es el Cordero de Dios. ¿Hasta qué grado somos diferentes de Ananías y Safira?  ¿Buscamos y anhelamos la evidencia y poder de una vida totalmente entregada a Dios, mientras nos ofrecemos solo en parte?  Todos queremos dar la apariencia de estas cosas, queremos el confortamiento del Espíritu, la comunión íntima, pero los deseamos al precio menor de reconocer la verdad solo doctrinal o correctamente, en lugar de reconocer la verdad como la suma y la sustancia de la realidad de nuestras vidas.  Queremos la apariencia de verdad, pero no estamos preocupados con ser verdaderos.  Deseamos las palabras correctas. Queremos aprobar la verdad, pero no obedecerla. ¡Por lo tanto, tenemos solo la verdad parcial y fraseológica, haciendo que eso pase como el todo, como si tuviésemos la realidad que estamos describiendo! El tolerar voluntariamente tanto así como una sola mentira es violar toda la verdad. Ser noventa y nueve por ciento verdaderos, o verdaderos por la mayor parte, y presentar eso como toda la verdad es, en efecto, la mayor de las mentiras; pecar en cualquier parte es haber pecado en el todo. Es en el área en la que estamos más tentados a ocultar donde el asunto de la verdad está realmente.  ¿Cuál es la única verdad, el asunto final, aquella reserva que nos impide entregarlo absolutamente todo a Dios? ¿Qué ha de cambiar para hacer que la verdad sea realmente la verdad, y traer a la Iglesia y a su comunidad la realidad de la presencia y gloria de Dios? El Apóstol Judas Vio Este Día ¿Por qué será que tenemos tanta indisposición a criticar  cualquier cosa que aparente tener poder, especialmente cuando viene de personalidades y ministros populares? ¿No podemos considerar la posibilidad de que esos hombres bien pudieran ser los vehículos a través de los cuales puede venir el engaño? Existe un patrón peligroso al que Dios quiere llamar nuestra atención en el libro de Judas: “No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores” (Judas 8). Pudiésemos haber pensado que esta advertencia en Judas habla de un tiempo futuro cuando estas cosas serían tan groseramente expuestas que estaría por demás claro a quiénes se refiere, pero percibo la resonancia de la referencia hecha por Judas dentro de nuestra propia generación. Creo que el tiempo ha venido para examinar la Cristiandad presente y sus ministros a la luz de estas advertencias.

¿Quién hubiera pensado que Judas, verso 8, sería una descripción del ministerio o ministros de hoy en día que pueden cautivar la imaginación de las masas, y por quienes sentimos tal afecto?  Dios bien pudiera describir a estas personas como soñadores inmundos. Lo que hace que sus sueños sean inmundos es su ambición, y la manera en que su ministerio se convierte en el medio hacia el engrandecimiento personal, hacia el establecimiento de un estilo de vida que, para ellos, parece perfectamente apropiado para la importancia de la obra que presumen hacer. El estilo efusivo de sus ministerios y las elaboradas ofrendas que requieren revela su ambición.  El único ministro en que se podría confiar al final de la edad es aquél que no sueña sus propios sueños, ni tiene ambición personal, y que no se mira a sí mismo como un tipo de personalidad exaltada demandando la atención, la devoción o el afecto de su audiencia. ¿Y qué es lo que significa “rechazar la autoridad”?  ¿Pudiera ser que no tienen un corazón real para la autoridad?  Ellos hacen su propia cosa y no son responsables o rinden cuentas ante nadie.  Pueden tener credenciales ministeriales en una organización cristiana, pero la estructura de muchas organizaciones no se presta para hacer un balance.  Tienen un gabinete y su séquito, pero más veces que no, esas personas afirman al ministro en su propio deseo y voluntad. ¿Qué tan dispuestos pueden estar a contradecirle o a exigirle cuentas? Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balam, y perecieron en la contradicción de Coré (Judas 10-11). Parte del error de Balam fue el ministerio a la venta.  En algún lugar durante el curso del tiempo, a favor de sus propios intereses, un individuo se apropió codiciosamente del ministerio, o del llamamiento, o incluso de la unción que Dios le había otorgado. El Espíritu habló a través de Judas para describir un portento de cosas que vendrían durante los Últimos Días a través de hombres como esos, quienes no son de la fe, aunque son aceptos de alguna manera dentro de ella.  Ellos son una distorsión perversa de lo auténtico, y aun así tienen una influencia poderosa en la Iglesia hoy en día. Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos (Judas 12a). Tienen acceso y lugares dentro de las celebraciones cristianas.  La ausencia de la conciencia de Dios como Juez ha producido una disminución del temor de Dios, de tal forma que vemos la conducta más descarada, impía y sin sentido.  Siendo así, podemos entender que tanto perpetradores como participantes “no tienen temor,” como si Dios mismo no estuviese observando, como si Dios mismo no hubiera dicho en Su Palabra, “Estén seguros que su propio pecado los encontrará.” Nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas (Judas 12b-13).

Muy a menudo cuando tales ministerios colapsan, no transcurre mucho tiempo antes de que el fundador caído establezca otro. No existe lugar semejante a una empresa privada en Occidente, donde una estrella puede vagar de un lugar a otro, emplear a un abogado para establecerse y convertirse nuevamente en una estrella, enviando los materiales de relaciones públicas y el correo masivo. Estas estrellas errantes parecen ser genuinas, pero después de que has dejado una de sus reuniones o apagado la televisión donde estabas viendo una de sus campañas, ¿qué es lo que realmente permanece en tu espíritu? ¿Qué cosa efectual ha sido gestionada? ¿Qué ministerio significativo ha sido obtenido? Estamos en el punto de un peligro tal, que algunos consideran la industria del entretenimiento cristiano como el “sexto” de los cinco ministerios. Necesitamos entender qué es el entretenimiento.  Es sensacionalismo; llena el vacío del aburrimiento; es una placentera distracción de las cosas que son reales y actuales que merecen nuestra atención.  La Iglesia es llamada por Dios a ser la “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15).  Si somos escapistas, si tenemos la necesidad de ser distraídos, o si no podemos sobrellevar las realidades que constituyen nuestra vida y nuestra relación mutua en este mundo presente, ¿a quién hemos de volvernos entonces? ¿Quién puede ayudarnos a hacerle frente a estas realidades y a traer la respuesta redentora de Dios? Entretener significa negar el pensamiento y la contemplación. De hecho, el significado original de la palabra divertir es desviar la atención para engañar. Si estos son los síntomas de nuestra condición como el Cuerpo de Cristo, ¿cuál es entonces nuestra seguridad? El entorno en el cual puedo sentirme confortable junto con cualquier expresión de poder en señales, maravillas o milagros no es con “los grandes hombres de Dios de fe y de poder”, sino en el patrón neotestamentario ejercitado en el contexto del Cuerpo de Cristo.  Esta es la intención de Dios desde el mero principio. Las señales de los apóstoles y las maravillas que ellos realizaban confirmaron sus llamamientos y las verdades de Dios que expresaban y vivían. El Poder estaba en congruencia con el carácter, y no con una “estrella errante” quien es una nube sin agua.  En otras palabras, el contexto seguro en el que Dios deseó que se manifestara Su poder desde el principio y dentro del cual Él tiene la intención de restaurar Sus señales y maravillas debe de ser una expresión de fe que obra por amor.  La fe como un artilugio o fórmula la convierte en un método y en una técnica para la manipulación, aún y cuando se empleen las escrituras. La fe es una cosa demasiado sagrada para ser usada de esa forma. Para guardarnos de emplearla mal, Dios nos dio la conjunción de la fe que “obra por el amor”  (Gálatas 5:6). Por lo tanto, necesitamos conocer a cada quién más que buscar y correr en pos del “gran hombre de fe y de poder” para que nos imponga las manos para liberarnos mágicamente de nuestros dolores. Los mantenemos porque no hemos tenido el valor, en primer lugar, de llamar a los ancianos de la congregación para que nos unjan con aceite y oren la oración de fe para que seamos sanados y que nuestros pecados sean perdonados (ver Santiago 5:14-16). De alguna manera, parece más fácil tener fe en una personalidad impresionante, más que en uno de los ancianos o líderes de la Iglesia, a quienes vemos todos los días. Esto nos libra de la vergüenza de tener que revelar alguna cosa acerca de nuestras vidas que busquemos ocultar, ¡siendo que queremos ser librados de precisamente eso! Debemos de permitir que la demostración de poder al mundo incrédulo, validando el mensaje apostólico, venga dentro de la estructura que Dios diseñó. Su estructura establece la seguridad y la cordura que nos guarda del engaño cuando conocemos a nuestros líderes y somos conocidos por ellos.

¿Y por qué razón necesitaremos de tanta sanidad, o de demostraciones de poder, pues?  Quizás Dios desea que examinemos la causa raíz.  Las más de las veces, existe una conjunción entre el pecado y la falta de salud, y Dios no necesariamente quiere que ésta sea mágicamente restituida. Todavía más importante, Él se reserva la prerrogativa de tratar con la raíz de la enfermedad, la agitación y la tensión que vienen de una vida indisciplinada que no está de acuerdo con la Palabra de Dios.  Debiésemos de ocuparnos con el carácter de nuestra vida, la calidad de nuestra caminata en el Señor, y con la realidad de nuestras vidas en comunión como creyentes. Tenemos resentimientos de los que no hemos hablado, amargura y celos que nos traban porque no somos para confesar nuestras faltas los unos a los otros impidiendo así que se ore y que haya sanidad.  Toda esa evasión saldrá a la superficie, más veces que no, como algo marchando mal en nuestras mentes o en nuestros cuerpos.¿El Poder de Quién? Cuando se prefiere una experiencia como una alternativa de solución rápida en lugar de las disciplinas de buscar a Dios diligentemente, en lugar de la auténtica vida apostólica de la iglesia, en lugar de la negación del yo y cargar con la cruz cada día siguiéndole a Él, nos colocamos en un lugar de peligro espiritual.  ¿No está acaso el Señor cercano a todos los que le buscan?  ¿Cuál es el beneficio duradero de meramente recibir alivio de los síntomas que fueron las consecuencias de serios defectos de carácter?  Ciertamente esos mismísimos defectos de carácter siguen con nosotros hasta que el proceso de santificación ha hecho su obra. Sea lo que fuere que el futuro revele acerca del fenómeno de avivamiento reciente, quizás lo más grande que salga de ahí será el profundo arrepentimiento de multitudes de miles cuando reconozcan su susceptibilidad al engaño, debido a su falta de discernimiento elemental.  En su prisa por correr tras las demostraciones de poder, dentro de atmósferas contrarias a la santidad y carácter conocidos de Dios, se perdieron la realidad de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo.

Claramente, un poder, una potestad está obrando, pero la pregunta es, ¿de quién? ¿Quién es el que está mediando, ofreciendo un gozo alternativo y menor a los inmaduros, los carnales, los que no pueden discernir?  Asumiendo que nuestros temores sean exagerados y que las manifestaciones sobrenaturales actuales son de parte de Dios—aunque estropeadas por ciertos excesos—, ¿de qué manera es que los futuros prodigios y señales mentirosos serán diferentes de aquellos con los que estamos siendo presentemente confrontados?  ¿Qué criterio ha de usarse para identificar la diferencia? ¿Estamos presentemente en un nivel de madurez y discernimiento por el cual estas distinciones puedan ser hechas?  ¿A través de qué medios habremos de llegar a ese lugar si tenemos la tendencia a mirar con sospecha a aquellos que solamente están cuestionando la validez de dichas manifestaciones? El ridículo y la censura hacia quienes hacen tales preguntas convierten en sospechosos los reclamos mismos a los que estos revivalistas se adhieren.  El hecho de que algo eventualmente termine en bendición o liberación no es necesariamente la garantía o evidencia de que es de parte de Dios. Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos (Mateo 24:24).

Las mismas potestades, las fuerzas y poderes de las tinieblas que han traído enfermedad y depresión causadas por modos de vivir desordenados o impuros igualmente pueden aliviarlas, e incluso restaurar relaciones que han sido quebrantadas y hechas miserables por ellos, ¡con el propósito de traer un engaño todavía más tremendo a través de la mera remoción del síntoma!  Aun el más arrebatado sentir de amor por Dios puede ser una pseudo-sensación producida por espíritus en aquellos quienes son perezosos, que no hacen discriminación, que no están dispuestos a hacer el sacrificio diario requerido por un amor verdadero y devocional. ¿Es el “hambre de Dios” realmente eso, o es un hambre de experiencias para calmar el alma insegura de que es conocida y aceptada por Dios? ¿No es esto acaso el mismo motivo no confesado que hace que muchos suspiren delante de los profetas de la actualidad con la esperanza de recibir una palabra profética? ¿Acaso esta tendencia no promueve y alienta la inmadurez de tales personas, más que animarlos hacia la obtención de la fe de hijos maduros? ¿Preferimos entonces que se invoquen milagros sobre nuestras vidas que no requieren esfuerzo alguno en lugar de buscar diligentemente a Dios basados en la promesa de Su Palabra?

El Poder En Su Nombre

El énfasis en el poder y los milagros en la Iglesia abunda hoy en día y necesita esta consideración para ser balanceado: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían (Marcos 16:15-20).

Esta conclusión nos recuerda que una de nuestras tareas principales es predicar, y que el Señor, quien estaba obrando con ellos, confirmó su predicación con las señales que siguieron.  Necesitamos por lo tanto, ver las señales, el poder y los milagros—en el contexto de los propósitos de Dios—no como un sustituto de la Palabra, no como una actividad independiente de la Palabra, sino confirmando la Palabra.  De esa manera fue en el comienzo de la Iglesia, y esa es la manera en la que Dios lo tiene planeado en su conclusión. Mi preocupación es que un poder o potestad está actuando a través de un pueblo que piensa que todo lo que necesita hacer es invocar el nombre de Jesús como un tipo de técnica o metodología.  “En el nombre de Jesús” no es una frase mágica que puede recitarse para obtener los resultados deseados.  El nombre de Jesús es una palabra poderosa que hace referencia a lo que Él es en Sí Mismo.  El efecto deseado de la obra o de la oración debe de estar de acuerdo con lo que el Señor es en Sí Mismo: manso y humilde de corazón.  Esto es el opuesto diametral del pavoneo que tipifica nuestros ministerios de sanidad, de la expectación de resultados dentro de presunción y exaltación egoísta que desarmoniza completamente con Su carácter. Es incluso más revelador leer las escrituras que inmediatamente preceden este pasaje:

Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.  Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.  Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.  Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.  Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.  Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. La narración entera es una crónica de incredulidad, de una indisposición impactante a creer en la evidencia de la resurrección, de indisposición a creer el testimonio de las mujeres que habían recibido dicha evidencia de parte de un ángel.  Justo después de haberles reprochado severamente por su incredulidad, Jesús añade inmediatamente, “Id por todo el mundo…” Tengo un respeto sobrecogedor hacia la sabiduría de Dios.  Esto es perfecto, y está delante de nosotros como una advertencia sobria para todos en cada generación que pudiésemos ser envenenados por la ambición religiosa, pensando que todo lo que tiene que hacerse es aprender a realizar milagros, y que entonces se puede ir y mirar a la gente caer al piso por montones y atestiguar poder y milagros tremendos.

El Señor quiere recordarnos que los mismísimos hombres que Él comisionó para predicar el evangelio fueron aquellos a los cuales Él reprendió por su dureza de corazón e incredulidad.  Que se nos recuerde que somos carne y sangre, tal como ellos, nos mantendrá en un balance seguro.  No estamos hechos de algo mejor.  Es admitir nuestra flaqueza, nuestro fracaso y nuestra debilidad como hombres lo que nos salvará de la arrogancia y presunción que degenera en algo muchísimo peor. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.  Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad (Mateo 7:21-23). Este es otro letrero de “cuidado” y un sano recordatorio de que no todo acto, aún si tiene buenas consecuencias, es inspirado por Dios. Hay un poder en el nombre de Jesús que evidentemente algunos pueden invocar, y obtener un resultado, pero que no impresionará a Dios en el Día Final, cuando todos nosotros estemos delante de Él como el Juez, donde nuestras obras serán reveladas y probadas por fuego (1 Corintios 3:13). Muchos de nosotros podríamos estar entre aquellos que le digan, “Señor, Señor, ¿no hicimos estoyaquello, y profetizamos, e hicimos muchos milagros?” El hecho de que la palabra “muchos” se encuentre en este texto, indica que realmente fueron obras sustanciales que surtieron un efecto y que tuvieron consecuencias reales.  Empero, Él llama a aquellos que los hicieron “hacedores de maldad” porque invocaron Su nombre, pero Él jamás les conoció. Esto es una admonición acerca del uso y de la invocación del nombre de Jesús como una especie de frase que, aún en su mala utilización, evidentemente tiene una eficacia activa.  ¡Eso significa que hay un peligro todavía mayor de ser engañados!  Sería muy diferente si esto solamente funcionase bajo una sola condición—que fuera a través de uno que fuese enviado por Dios para hacer una obra, una obra para la honra de Dios y para la glorificación del nombre del Señor, en vez de ser proferido por la boca de un creyente carnal amante de la sensación de poder y de auto-exaltación cuando un milagro es hecho a través de él. ¿Quién de nosotros ha llegado a un lugar de santificación tal que crea que está por encima de esa clase de egocentrismo espiritual? ¿O que no va a sucumbir a la auto-exaltación si ve que grandes milagros están siendo realizados por su mano por haber orado “en el nombre de Jesús”?

Dentro de la esfera donde actúa el poder, existe un riesgo enorme del cual debemos de estar conscientes, puesto que el texto aquí nos recuerda que ellos dirán: “Señor, ¿no hicimos muchos milagros?” Realizar un milagro no es garantía de que se está haciendo la obra de Dios. Ciertamente, no es una garantía de la santidad propia, ni la confirmación de que Dios nos haya enviado, o siquiera de que estamos en una relación correcta con Él.  La mera invocación del nombre del Señor se ha convertido en una práctica muy común.  Cualquiera puede vocalizar la frase, pero ¿eso la santifica?  ¿Decirla hace que sea oficial? Eso es lo que es profano: la utilización del nombre de Dios para validar de alguna manera la cosa humana y religiosa que estamos promoviendo. Necesitamos desarrollar un interés, si no es que una preocupación, por las obras que son demostraciones de poder de Dios, que son de gloria para el nombre de Jesús porque se hacen en Su nombre y en el Espíritu que es acorde con el carácter de Su nombre.  Son obras que se ejecutan en la humildad de personas quienes no están buscando su propia promoción, quienes no se exaltan a sí mismos cuando ven una evidencia de poder al invocar Su nombre.  Necesitamos comprobar el uso del nombre de Jesús en proporción exacta al conocimiento real de Aquél cuyo nombre se invoca. Jesús califica de “malvada” toda obra que no nace del conocimiento de Él o de la glorificación de Su nombre. Él no nos permitirá, sin que suframos consecuencias, que manipulemos el poder independientemente de la calidad de nuestra relación con Él. El poder y los milagros deben de siempre estar en armonía con lo que Dios es en Su propia persona, siempre con humildad y mansedumbre. Solamente llegaremos a ser mansos y humildes en la medida de nuestra unión con Aquél que es manso y humilde.  La marca indiscutible del Dios verdadero, de Su carácter y de Su persona, es Su mansedumbre.  Cuando echemos mano de esa mansedumbre junto con el poder, finalmente habremos llegado a la estatura de hijos e hijas del Dios viviente en Cristo.

Si de alguna forma pensamos que sea imposible que jamás estemos entre los muchos que dirán “Señor, Señor…” entonces nosotros, de entre todos los demás, somos los primeros candidatos a ser engañados.  No hay nada más propicio para el engaño que la actitud pagada de sí misma de que nosotros estamos exentos.  Si nuestra carne ansía lograr grandes obras, milagros espectaculares y demostraciones de poder, más que una relación pura con Jesús en verdad, entonces ya estamos cayendo.  La mejor seguridad para aquellos que serán los instrumentos de Su poder está en tener esta calidad de relación y unión como la primera prioridad antes de la expresión y manifestación del poder. ¿Qué motivos tenemos para desear que el poder sea demostrado?  ¿Es para honrar y glorificar a Dios?  Si nuestro motivo es aliviar la enfermedad y la desesperación, tan honorable como sea, ese no es un motivo puro todavía.  El primer motivo es la glorificación de Su nombre y no una respuesta a la necesidad humana.

Aquél Inicuo

Está claro que el “inicuo” será experto en actuar con poder, señales y maravillas con el propósito de engañar a los desprevenidos: Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.  Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.  Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia (2 Tesalonicenses 2:7-12). Aquí hay otra advertencia más: hemos de ver cosas que serán incuestionablemente milagrosas.  El Señor las califica como perversas cuando provienen de aquellos quienes no tienen amor por la verdad. Algo bien puede ser un milagro, pero ser un milagro falso o engañoso.  ¿Podemos discernir lo uno de lo otro?  ¿Y en base a qué estamos haciendo la distinción? Tenemos que ver más allá de las cosas que son aparentes, y más allá de las cosas que se emplean para santificarlas cuando, de hecho el asunto es, que son malvadas. La iniquidad aquí, o el espíritu de los hacedores de maldad, es un deseo del alma de recibir gratificación que viene con las señales de poder sin que tengan relación con el carácter y la persona en cuyo nombre están siendo invocados. ¡Esas señales y maravillas lucirán como la cosa de adeveras! Si estamos tan hambrientos de una demostración de poder, o de algo que rompa la monotonía de nuestros predecibles servicios dominicales, vamos a caer de lleno en la trampa.

No se trata solamente de la verdad, o del reconocimiento de la verdad lo que Dios nos señala como crítico a la hora de ser engañados. El punto aquí es que ellos no recibieron unamor por la verdad.  La verdad necesita ser amada, o no sufriremos los sacrificios por los cuales se obtiene dicha verdad.  Confesar nuestras faltas mutuamente es ser veraces. Es un sacrificio humillante y doloroso, y solamente lo haremos si tenemos amor por la verdad.  Tal amor capaz de pagar cualquiera que sea el costo, es la provisión de Dios para guardarnos del engaño y de que seamos deslumbrados por señales y prodigios mentirosos.  Si estamos habituados al efecto de estos, si solamente queremos experimentar la emoción, no hay duda alguna de que hay un vacío en nuestras vidas que desea ser estimulado por el aparente milagro y poder sin hacer demasiadas preguntas acerca de cómo es que sucedió. En ese punto ya no importa quién lo realizó, ni quién está ultimadamente recibiendo el beneficio o la gloria por la actuación, porque ya nos hemos convertido en candidatos al engaño.  ¿Amamos la verdad lo suficiente como para hacer esas preguntas?  ¿Estaremos alertas, o simplemente nos dejaremos impresionar por la fachada exterior? Evidentemente, a la vista de Dios, existe una conjunción entre el carácter y el poder que es muy importante.  Igualmente, hay otra conjunción entre las señales y prodigios mentirosos con la injusticia.  En este contexto, la injusticia es cualquier ejercicio de poder invocando el nombre del Señor que no tenga que ver son Su gloria y honor, sino con la gloria y honor de aquél que lo exhibe.  Recibir la adoración de quienes sean beneficiados por el ministerio es injusticia porque es un uso incorrecto del nombre del Señor con el propósito de auto-exaltarse.

Hay algo más importante que ser liberado de los desesperanzadores síntomas del dolor, algo que es mucho más importante que demostraciones impresionantes de prodigios y señales; se trata del temor de Dios y del deseo de Su gloria. Cuando esto no es nuestro celo y preocupación final, nos hacemos candidatos al engaño.  Las señales y maravillas que son una mentira lo son porque no llaman la atención de aquellos quienes los observan o de quienes se benefician de ellos hacia el Señor Mismo, sino hacia aquél quien los realiza “en el nombre del Señor”. Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo (2 Tesalonicenses 2:13-14). Aquí está la referencia a la gloria de Dios como un factor preponderante para estar seguros. ¿Quién de nosotros preferiría continuar con el sufrimiento de una enfermedad física no sanada si fuera más apropiado para asegurar la gloria de Dios que nuestra sanidad?  En la sabiduría del Señor, existen sufrimientos físicos que no son sanados.  Este asunto es lo que le place a Él hacer, lo que mejor sirve a Sus propósitos, y lo que redunda para Su gloria eterna.  Dios no nos ha llamado a una Cristiandad con bombo y platillo, a la conveniencia carismática, a servicios emocionantes o a personalidades grandiosas; Él nos ha llamado a alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.