La Verdad de Dios

SEGUNDA PARTE

Por Art Katz

El episodio de Ananías y Safira en el libro de los Hechos es el recuento impresionante de un incidente que ocurrió durante otra edad, en una hora cuando el Espíritu de Dios prevalecía en gran magnitud y pureza.  La Iglesia estaba en su gloria, porque estaba alerta con respecto al asunto de la verdad y el engaño.  Ella sabía que antes de que el Espíritu de Dios se manifestase a Sí Mismo como el Espíritu de poder, Él tenía que ser primera y primariamente el Espíritu de Verdad. Cuando la verdad es abandonada, cuando se hacen componendas en detrimento de la verdad, ¿cómo podemos pensar que la Paloma va a permanecer por ahí para dar las expresiones de poder que solamente servirían nuestras necesidades y gratificar nuestras almas?  Necesitamos que exista el mismo celo por la verdad que Pedro desplegó, permitiéndole discernir  la fraudulencia de un hombre y su esposa, quienes donaron una suma de dinero, pero presentada como todo el precio cuando solamente era una parte. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron (Hechos 5:3-5). Y casi en el siguiente aliento leemos, “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón” (Hechos 5:12). En otras palabras, el respeto hacia el Espíritu de Dios como el Espíritu de verdad precede y traza el camino para el Espíritu de Dios como el Espíritu de poder. En lo que he podido observar, le hemos dado un completo revés a ese orden. Celebramos el poder, las señales, las maravillas, mientras relegamos la verdad a una mera consideración distante, si es que acaso la consideramos. ¿Quién de nosotros no ha jugado al juego de dar una parte haciendo que parezca que estamos dando la cosa completa?

Hubo un tiempo cuando solíamos decir que la verdad es toda la verdad y nada más que la verdad, o no es la verdad. Redondear y recortar las esquinas, cualquier cosa que sea menos que todo el paquete convierte en una mentira algo que parece impresionante. Para mí es un verdadero dolor meditar en esto porque es la tristísima condición que permea nuestras vidas. Le hemos dado a Dios una medida de nosotros mismos solamente, pero llamamos a esa medida “el todo” cuando es meramente una parte. No tenemos la reticencia, la modestia o la mansedumbre que son apropiados para un pueblo cuyo Señor es el Cordero de Dios. ¿Hasta qué grado somos diferentes de Ananías y Safira?  ¿Buscamos y anhelamos la evidencia y poder de una vida totalmente entregada a Dios, mientras nos ofrecemos solo en parte?  Todos queremos dar la apariencia de estas cosas, queremos el confortamiento del Espíritu, la comunión íntima, pero los deseamos al precio menor de reconocer la verdad solo doctrinal o correctamente, en lugar de reconocer la verdad como la suma y la sustancia de la realidad de nuestras vidas.  Queremos la apariencia de verdad, pero no estamos preocupados con ser verdaderos.  Deseamos las palabras correctas. Queremos aprobar la verdad, pero no obedecerla. ¡Por lo tanto, tenemos solo la verdad parcial y fraseológica, haciendo que eso pase como el todo, como si tuviésemos la realidad que estamos describiendo! El tolerar voluntariamente tanto así como una sola mentira es violar toda la verdad. Ser noventa y nueve por ciento verdaderos, o verdaderos por la mayor parte, y presentar eso como toda la verdad es, en efecto, la mayor de las mentiras; pecar en cualquier parte es haber pecado en el todo. Es en el área en la que estamos más tentados a ocultar donde el asunto de la verdad está realmente.  ¿Cuál es la única verdad, el asunto final, aquella reserva que nos impide entregarlo absolutamente todo a Dios? ¿Qué ha de cambiar para hacer que la verdad sea realmente la verdad, y traer a la Iglesia y a su comunidad la realidad de la presencia y gloria de Dios? El Apóstol Judas Vio Este Día ¿Por qué será que tenemos tanta indisposición a criticar  cualquier cosa que aparente tener poder, especialmente cuando viene de personalidades y ministros populares? ¿No podemos considerar la posibilidad de que esos hombres bien pudieran ser los vehículos a través de los cuales puede venir el engaño? Existe un patrón peligroso al que Dios quiere llamar nuestra atención en el libro de Judas: “No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores” (Judas 8). Pudiésemos haber pensado que esta advertencia en Judas habla de un tiempo futuro cuando estas cosas serían tan groseramente expuestas que estaría por demás claro a quiénes se refiere, pero percibo la resonancia de la referencia hecha por Judas dentro de nuestra propia generación. Creo que el tiempo ha venido para examinar la Cristiandad presente y sus ministros a la luz de estas advertencias.

¿Quién hubiera pensado que Judas, verso 8, sería una descripción del ministerio o ministros de hoy en día que pueden cautivar la imaginación de las masas, y por quienes sentimos tal afecto?  Dios bien pudiera describir a estas personas como soñadores inmundos. Lo que hace que sus sueños sean inmundos es su ambición, y la manera en que su ministerio se convierte en el medio hacia el engrandecimiento personal, hacia el establecimiento de un estilo de vida que, para ellos, parece perfectamente apropiado para la importancia de la obra que presumen hacer. El estilo efusivo de sus ministerios y las elaboradas ofrendas que requieren revela su ambición.  El único ministro en que se podría confiar al final de la edad es aquél que no sueña sus propios sueños, ni tiene ambición personal, y que no se mira a sí mismo como un tipo de personalidad exaltada demandando la atención, la devoción o el afecto de su audiencia. ¿Y qué es lo que significa “rechazar la autoridad”?  ¿Pudiera ser que no tienen un corazón real para la autoridad?  Ellos hacen su propia cosa y no son responsables o rinden cuentas ante nadie.  Pueden tener credenciales ministeriales en una organización cristiana, pero la estructura de muchas organizaciones no se presta para hacer un balance.  Tienen un gabinete y su séquito, pero más veces que no, esas personas afirman al ministro en su propio deseo y voluntad. ¿Qué tan dispuestos pueden estar a contradecirle o a exigirle cuentas? Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balam, y perecieron en la contradicción de Coré (Judas 10-11). Parte del error de Balam fue el ministerio a la venta.  En algún lugar durante el curso del tiempo, a favor de sus propios intereses, un individuo se apropió codiciosamente del ministerio, o del llamamiento, o incluso de la unción que Dios le había otorgado. El Espíritu habló a través de Judas para describir un portento de cosas que vendrían durante los Últimos Días a través de hombres como esos, quienes no son de la fe, aunque son aceptos de alguna manera dentro de ella.  Ellos son una distorsión perversa de lo auténtico, y aun así tienen una influencia poderosa en la Iglesia hoy en día. Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos (Judas 12a). Tienen acceso y lugares dentro de las celebraciones cristianas.  La ausencia de la conciencia de Dios como Juez ha producido una disminución del temor de Dios, de tal forma que vemos la conducta más descarada, impía y sin sentido.  Siendo así, podemos entender que tanto perpetradores como participantes “no tienen temor,” como si Dios mismo no estuviese observando, como si Dios mismo no hubiera dicho en Su Palabra, “Estén seguros que su propio pecado los encontrará.” Nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas (Judas 12b-13).

Muy a menudo cuando tales ministerios colapsan, no transcurre mucho tiempo antes de que el fundador caído establezca otro. No existe lugar semejante a una empresa privada en Occidente, donde una estrella puede vagar de un lugar a otro, emplear a un abogado para establecerse y convertirse nuevamente en una estrella, enviando los materiales de relaciones públicas y el correo masivo. Estas estrellas errantes parecen ser genuinas, pero después de que has dejado una de sus reuniones o apagado la televisión donde estabas viendo una de sus campañas, ¿qué es lo que realmente permanece en tu espíritu? ¿Qué cosa efectual ha sido gestionada? ¿Qué ministerio significativo ha sido obtenido? Estamos en el punto de un peligro tal, que algunos consideran la industria del entretenimiento cristiano como el “sexto” de los cinco ministerios. Necesitamos entender qué es el entretenimiento.  Es sensacionalismo; llena el vacío del aburrimiento; es una placentera distracción de las cosas que son reales y actuales que merecen nuestra atención.  La Iglesia es llamada por Dios a ser la “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15).  Si somos escapistas, si tenemos la necesidad de ser distraídos, o si no podemos sobrellevar las realidades que constituyen nuestra vida y nuestra relación mutua en este mundo presente, ¿a quién hemos de volvernos entonces? ¿Quién puede ayudarnos a hacerle frente a estas realidades y a traer la respuesta redentora de Dios? Entretener significa negar el pensamiento y la contemplación. De hecho, el significado original de la palabra divertir es desviar la atención para engañar. Si estos son los síntomas de nuestra condición como el Cuerpo de Cristo, ¿cuál es entonces nuestra seguridad? El entorno en el cual puedo sentirme confortable junto con cualquier expresión de poder en señales, maravillas o milagros no es con “los grandes hombres de Dios de fe y de poder”, sino en el patrón neotestamentario ejercitado en el contexto del Cuerpo de Cristo.  Esta es la intención de Dios desde el mero principio. Las señales de los apóstoles y las maravillas que ellos realizaban confirmaron sus llamamientos y las verdades de Dios que expresaban y vivían. El Poder estaba en congruencia con el carácter, y no con una “estrella errante” quien es una nube sin agua.  En otras palabras, el contexto seguro en el que Dios deseó que se manifestara Su poder desde el principio y dentro del cual Él tiene la intención de restaurar Sus señales y maravillas debe de ser una expresión de fe que obra por amor.  La fe como un artilugio o fórmula la convierte en un método y en una técnica para la manipulación, aún y cuando se empleen las escrituras. La fe es una cosa demasiado sagrada para ser usada de esa forma. Para guardarnos de emplearla mal, Dios nos dio la conjunción de la fe que “obra por el amor”  (Gálatas 5:6). Por lo tanto, necesitamos conocer a cada quién más que buscar y correr en pos del “gran hombre de fe y de poder” para que nos imponga las manos para liberarnos mágicamente de nuestros dolores. Los mantenemos porque no hemos tenido el valor, en primer lugar, de llamar a los ancianos de la congregación para que nos unjan con aceite y oren la oración de fe para que seamos sanados y que nuestros pecados sean perdonados (ver Santiago 5:14-16). De alguna manera, parece más fácil tener fe en una personalidad impresionante, más que en uno de los ancianos o líderes de la Iglesia, a quienes vemos todos los días. Esto nos libra de la vergüenza de tener que revelar alguna cosa acerca de nuestras vidas que busquemos ocultar, ¡siendo que queremos ser librados de precisamente eso! Debemos de permitir que la demostración de poder al mundo incrédulo, validando el mensaje apostólico, venga dentro de la estructura que Dios diseñó. Su estructura establece la seguridad y la cordura que nos guarda del engaño cuando conocemos a nuestros líderes y somos conocidos por ellos.

¿Y por qué razón necesitaremos de tanta sanidad, o de demostraciones de poder, pues?  Quizás Dios desea que examinemos la causa raíz.  Las más de las veces, existe una conjunción entre el pecado y la falta de salud, y Dios no necesariamente quiere que ésta sea mágicamente restituida. Todavía más importante, Él se reserva la prerrogativa de tratar con la raíz de la enfermedad, la agitación y la tensión que vienen de una vida indisciplinada que no está de acuerdo con la Palabra de Dios.  Debiésemos de ocuparnos con el carácter de nuestra vida, la calidad de nuestra caminata en el Señor, y con la realidad de nuestras vidas en comunión como creyentes. Tenemos resentimientos de los que no hemos hablado, amargura y celos que nos traban porque no somos para confesar nuestras faltas los unos a los otros impidiendo así que se ore y que haya sanidad.  Toda esa evasión saldrá a la superficie, más veces que no, como algo marchando mal en nuestras mentes o en nuestros cuerpos.¿El Poder de Quién? Cuando se prefiere una experiencia como una alternativa de solución rápida en lugar de las disciplinas de buscar a Dios diligentemente, en lugar de la auténtica vida apostólica de la iglesia, en lugar de la negación del yo y cargar con la cruz cada día siguiéndole a Él, nos colocamos en un lugar de peligro espiritual.  ¿No está acaso el Señor cercano a todos los que le buscan?  ¿Cuál es el beneficio duradero de meramente recibir alivio de los síntomas que fueron las consecuencias de serios defectos de carácter?  Ciertamente esos mismísimos defectos de carácter siguen con nosotros hasta que el proceso de santificación ha hecho su obra. Sea lo que fuere que el futuro revele acerca del fenómeno de avivamiento reciente, quizás lo más grande que salga de ahí será el profundo arrepentimiento de multitudes de miles cuando reconozcan su susceptibilidad al engaño, debido a su falta de discernimiento elemental.  En su prisa por correr tras las demostraciones de poder, dentro de atmósferas contrarias a la santidad y carácter conocidos de Dios, se perdieron la realidad de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo.

Claramente, un poder, una potestad está obrando, pero la pregunta es, ¿de quién? ¿Quién es el que está mediando, ofreciendo un gozo alternativo y menor a los inmaduros, los carnales, los que no pueden discernir?  Asumiendo que nuestros temores sean exagerados y que las manifestaciones sobrenaturales actuales son de parte de Dios—aunque estropeadas por ciertos excesos—, ¿de qué manera es que los futuros prodigios y señales mentirosos serán diferentes de aquellos con los que estamos siendo presentemente confrontados?  ¿Qué criterio ha de usarse para identificar la diferencia? ¿Estamos presentemente en un nivel de madurez y discernimiento por el cual estas distinciones puedan ser hechas?  ¿A través de qué medios habremos de llegar a ese lugar si tenemos la tendencia a mirar con sospecha a aquellos que solamente están cuestionando la validez de dichas manifestaciones? El ridículo y la censura hacia quienes hacen tales preguntas convierten en sospechosos los reclamos mismos a los que estos revivalistas se adhieren.  El hecho de que algo eventualmente termine en bendición o liberación no es necesariamente la garantía o evidencia de que es de parte de Dios. Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos (Mateo 24:24).

Las mismas potestades, las fuerzas y poderes de las tinieblas que han traído enfermedad y depresión causadas por modos de vivir desordenados o impuros igualmente pueden aliviarlas, e incluso restaurar relaciones que han sido quebrantadas y hechas miserables por ellos, ¡con el propósito de traer un engaño todavía más tremendo a través de la mera remoción del síntoma!  Aun el más arrebatado sentir de amor por Dios puede ser una pseudo-sensación producida por espíritus en aquellos quienes son perezosos, que no hacen discriminación, que no están dispuestos a hacer el sacrificio diario requerido por un amor verdadero y devocional. ¿Es el “hambre de Dios” realmente eso, o es un hambre de experiencias para calmar el alma insegura de que es conocida y aceptada por Dios? ¿No es esto acaso el mismo motivo no confesado que hace que muchos suspiren delante de los profetas de la actualidad con la esperanza de recibir una palabra profética? ¿Acaso esta tendencia no promueve y alienta la inmadurez de tales personas, más que animarlos hacia la obtención de la fe de hijos maduros? ¿Preferimos entonces que se invoquen milagros sobre nuestras vidas que no requieren esfuerzo alguno en lugar de buscar diligentemente a Dios basados en la promesa de Su Palabra?

El Poder En Su Nombre

El énfasis en el poder y los milagros en la Iglesia abunda hoy en día y necesita esta consideración para ser balanceado: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían (Marcos 16:15-20).

Esta conclusión nos recuerda que una de nuestras tareas principales es predicar, y que el Señor, quien estaba obrando con ellos, confirmó su predicación con las señales que siguieron.  Necesitamos por lo tanto, ver las señales, el poder y los milagros—en el contexto de los propósitos de Dios—no como un sustituto de la Palabra, no como una actividad independiente de la Palabra, sino confirmando la Palabra.  De esa manera fue en el comienzo de la Iglesia, y esa es la manera en la que Dios lo tiene planeado en su conclusión. Mi preocupación es que un poder o potestad está actuando a través de un pueblo que piensa que todo lo que necesita hacer es invocar el nombre de Jesús como un tipo de técnica o metodología.  “En el nombre de Jesús” no es una frase mágica que puede recitarse para obtener los resultados deseados.  El nombre de Jesús es una palabra poderosa que hace referencia a lo que Él es en Sí Mismo.  El efecto deseado de la obra o de la oración debe de estar de acuerdo con lo que el Señor es en Sí Mismo: manso y humilde de corazón.  Esto es el opuesto diametral del pavoneo que tipifica nuestros ministerios de sanidad, de la expectación de resultados dentro de presunción y exaltación egoísta que desarmoniza completamente con Su carácter. Es incluso más revelador leer las escrituras que inmediatamente preceden este pasaje:

Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.  Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.  Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.  Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.  Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.  Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. La narración entera es una crónica de incredulidad, de una indisposición impactante a creer en la evidencia de la resurrección, de indisposición a creer el testimonio de las mujeres que habían recibido dicha evidencia de parte de un ángel.  Justo después de haberles reprochado severamente por su incredulidad, Jesús añade inmediatamente, “Id por todo el mundo…” Tengo un respeto sobrecogedor hacia la sabiduría de Dios.  Esto es perfecto, y está delante de nosotros como una advertencia sobria para todos en cada generación que pudiésemos ser envenenados por la ambición religiosa, pensando que todo lo que tiene que hacerse es aprender a realizar milagros, y que entonces se puede ir y mirar a la gente caer al piso por montones y atestiguar poder y milagros tremendos.

El Señor quiere recordarnos que los mismísimos hombres que Él comisionó para predicar el evangelio fueron aquellos a los cuales Él reprendió por su dureza de corazón e incredulidad.  Que se nos recuerde que somos carne y sangre, tal como ellos, nos mantendrá en un balance seguro.  No estamos hechos de algo mejor.  Es admitir nuestra flaqueza, nuestro fracaso y nuestra debilidad como hombres lo que nos salvará de la arrogancia y presunción que degenera en algo muchísimo peor. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.  Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad (Mateo 7:21-23). Este es otro letrero de “cuidado” y un sano recordatorio de que no todo acto, aún si tiene buenas consecuencias, es inspirado por Dios. Hay un poder en el nombre de Jesús que evidentemente algunos pueden invocar, y obtener un resultado, pero que no impresionará a Dios en el Día Final, cuando todos nosotros estemos delante de Él como el Juez, donde nuestras obras serán reveladas y probadas por fuego (1 Corintios 3:13). Muchos de nosotros podríamos estar entre aquellos que le digan, “Señor, Señor, ¿no hicimos estoyaquello, y profetizamos, e hicimos muchos milagros?” El hecho de que la palabra “muchos” se encuentre en este texto, indica que realmente fueron obras sustanciales que surtieron un efecto y que tuvieron consecuencias reales.  Empero, Él llama a aquellos que los hicieron “hacedores de maldad” porque invocaron Su nombre, pero Él jamás les conoció. Esto es una admonición acerca del uso y de la invocación del nombre de Jesús como una especie de frase que, aún en su mala utilización, evidentemente tiene una eficacia activa.  ¡Eso significa que hay un peligro todavía mayor de ser engañados!  Sería muy diferente si esto solamente funcionase bajo una sola condición—que fuera a través de uno que fuese enviado por Dios para hacer una obra, una obra para la honra de Dios y para la glorificación del nombre del Señor, en vez de ser proferido por la boca de un creyente carnal amante de la sensación de poder y de auto-exaltación cuando un milagro es hecho a través de él. ¿Quién de nosotros ha llegado a un lugar de santificación tal que crea que está por encima de esa clase de egocentrismo espiritual? ¿O que no va a sucumbir a la auto-exaltación si ve que grandes milagros están siendo realizados por su mano por haber orado “en el nombre de Jesús”?

Dentro de la esfera donde actúa el poder, existe un riesgo enorme del cual debemos de estar conscientes, puesto que el texto aquí nos recuerda que ellos dirán: “Señor, ¿no hicimos muchos milagros?” Realizar un milagro no es garantía de que se está haciendo la obra de Dios. Ciertamente, no es una garantía de la santidad propia, ni la confirmación de que Dios nos haya enviado, o siquiera de que estamos en una relación correcta con Él.  La mera invocación del nombre del Señor se ha convertido en una práctica muy común.  Cualquiera puede vocalizar la frase, pero ¿eso la santifica?  ¿Decirla hace que sea oficial? Eso es lo que es profano: la utilización del nombre de Dios para validar de alguna manera la cosa humana y religiosa que estamos promoviendo. Necesitamos desarrollar un interés, si no es que una preocupación, por las obras que son demostraciones de poder de Dios, que son de gloria para el nombre de Jesús porque se hacen en Su nombre y en el Espíritu que es acorde con el carácter de Su nombre.  Son obras que se ejecutan en la humildad de personas quienes no están buscando su propia promoción, quienes no se exaltan a sí mismos cuando ven una evidencia de poder al invocar Su nombre.  Necesitamos comprobar el uso del nombre de Jesús en proporción exacta al conocimiento real de Aquél cuyo nombre se invoca. Jesús califica de “malvada” toda obra que no nace del conocimiento de Él o de la glorificación de Su nombre. Él no nos permitirá, sin que suframos consecuencias, que manipulemos el poder independientemente de la calidad de nuestra relación con Él. El poder y los milagros deben de siempre estar en armonía con lo que Dios es en Su propia persona, siempre con humildad y mansedumbre. Solamente llegaremos a ser mansos y humildes en la medida de nuestra unión con Aquél que es manso y humilde.  La marca indiscutible del Dios verdadero, de Su carácter y de Su persona, es Su mansedumbre.  Cuando echemos mano de esa mansedumbre junto con el poder, finalmente habremos llegado a la estatura de hijos e hijas del Dios viviente en Cristo.

Si de alguna forma pensamos que sea imposible que jamás estemos entre los muchos que dirán “Señor, Señor…” entonces nosotros, de entre todos los demás, somos los primeros candidatos a ser engañados.  No hay nada más propicio para el engaño que la actitud pagada de sí misma de que nosotros estamos exentos.  Si nuestra carne ansía lograr grandes obras, milagros espectaculares y demostraciones de poder, más que una relación pura con Jesús en verdad, entonces ya estamos cayendo.  La mejor seguridad para aquellos que serán los instrumentos de Su poder está en tener esta calidad de relación y unión como la primera prioridad antes de la expresión y manifestación del poder. ¿Qué motivos tenemos para desear que el poder sea demostrado?  ¿Es para honrar y glorificar a Dios?  Si nuestro motivo es aliviar la enfermedad y la desesperación, tan honorable como sea, ese no es un motivo puro todavía.  El primer motivo es la glorificación de Su nombre y no una respuesta a la necesidad humana.

Aquél Inicuo

Está claro que el “inicuo” será experto en actuar con poder, señales y maravillas con el propósito de engañar a los desprevenidos: Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.  Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.  Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia (2 Tesalonicenses 2:7-12). Aquí hay otra advertencia más: hemos de ver cosas que serán incuestionablemente milagrosas.  El Señor las califica como perversas cuando provienen de aquellos quienes no tienen amor por la verdad. Algo bien puede ser un milagro, pero ser un milagro falso o engañoso.  ¿Podemos discernir lo uno de lo otro?  ¿Y en base a qué estamos haciendo la distinción? Tenemos que ver más allá de las cosas que son aparentes, y más allá de las cosas que se emplean para santificarlas cuando, de hecho el asunto es, que son malvadas. La iniquidad aquí, o el espíritu de los hacedores de maldad, es un deseo del alma de recibir gratificación que viene con las señales de poder sin que tengan relación con el carácter y la persona en cuyo nombre están siendo invocados. ¡Esas señales y maravillas lucirán como la cosa de adeveras! Si estamos tan hambrientos de una demostración de poder, o de algo que rompa la monotonía de nuestros predecibles servicios dominicales, vamos a caer de lleno en la trampa.

No se trata solamente de la verdad, o del reconocimiento de la verdad lo que Dios nos señala como crítico a la hora de ser engañados. El punto aquí es que ellos no recibieron unamor por la verdad.  La verdad necesita ser amada, o no sufriremos los sacrificios por los cuales se obtiene dicha verdad.  Confesar nuestras faltas mutuamente es ser veraces. Es un sacrificio humillante y doloroso, y solamente lo haremos si tenemos amor por la verdad.  Tal amor capaz de pagar cualquiera que sea el costo, es la provisión de Dios para guardarnos del engaño y de que seamos deslumbrados por señales y prodigios mentirosos.  Si estamos habituados al efecto de estos, si solamente queremos experimentar la emoción, no hay duda alguna de que hay un vacío en nuestras vidas que desea ser estimulado por el aparente milagro y poder sin hacer demasiadas preguntas acerca de cómo es que sucedió. En ese punto ya no importa quién lo realizó, ni quién está ultimadamente recibiendo el beneficio o la gloria por la actuación, porque ya nos hemos convertido en candidatos al engaño.  ¿Amamos la verdad lo suficiente como para hacer esas preguntas?  ¿Estaremos alertas, o simplemente nos dejaremos impresionar por la fachada exterior? Evidentemente, a la vista de Dios, existe una conjunción entre el carácter y el poder que es muy importante.  Igualmente, hay otra conjunción entre las señales y prodigios mentirosos con la injusticia.  En este contexto, la injusticia es cualquier ejercicio de poder invocando el nombre del Señor que no tenga que ver son Su gloria y honor, sino con la gloria y honor de aquél que lo exhibe.  Recibir la adoración de quienes sean beneficiados por el ministerio es injusticia porque es un uso incorrecto del nombre del Señor con el propósito de auto-exaltarse.

Hay algo más importante que ser liberado de los desesperanzadores síntomas del dolor, algo que es mucho más importante que demostraciones impresionantes de prodigios y señales; se trata del temor de Dios y del deseo de Su gloria. Cuando esto no es nuestro celo y preocupación final, nos hacemos candidatos al engaño.  Las señales y maravillas que son una mentira lo son porque no llaman la atención de aquellos quienes los observan o de quienes se benefician de ellos hacia el Señor Mismo, sino hacia aquél quien los realiza “en el nombre del Señor”. Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo (2 Tesalonicenses 2:13-14). Aquí está la referencia a la gloria de Dios como un factor preponderante para estar seguros. ¿Quién de nosotros preferiría continuar con el sufrimiento de una enfermedad física no sanada si fuera más apropiado para asegurar la gloria de Dios que nuestra sanidad?  En la sabiduría del Señor, existen sufrimientos físicos que no son sanados.  Este asunto es lo que le place a Él hacer, lo que mejor sirve a Sus propósitos, y lo que redunda para Su gloria eterna.  Dios no nos ha llamado a una Cristiandad con bombo y platillo, a la conveniencia carismática, a servicios emocionantes o a personalidades grandiosas; Él nos ha llamado a alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

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Oseas una Palabra para la Iglesia de hoy

(PRIMERA PARTE)

Escrito Por Arthur Katz

El libro de Oseas contiene el corazón, la esencia del clamor de Dios causada por la apostasía de Su pueblo Israel.  Mi sentir es que muchos de los que se llaman a sí mismos el pueblo de Dios, están el día de hoy en una posición muy cercana a la condición de Israel durante el tiempo en que cayó de su relación con Dios.  Una de las señales de la apostasía tanto en Israel como en la Iglesia, es un espíritu y discernimiento tan embotados que no estamos ni siquiera en un estado donde sea posible reconocer nuestra propia condición.

En nuestro estado caído, es irónico cómo anunciamos que conocemos y celebramos a Dios, pensando que estamos en una encomiable relación con Él.  Sin embargo, se trata de una condición que obliga a Dios a enviar profetas que expongan la realidad de la situación como Él Mismo la ve, que muy a menudo es diferente de cómo la vemos nosotros.  La verdad es todo como Dios lo ve. Las más de las veces es doloroso hacer el ajuste de nuestra perspectiva a la Suya, pero puedo decir, como judío, un descendiente de un pueblo que falló en hacer tal ajuste, que las consecuencias para nosotros han sido extremadamente trágicas. El corazón de Dios se aflige mientras el nuestro no.  Podemos sentir tristeza, podemos ser decepcionados, podemos quedar perplejos, pero no nos afligimos.  Una aflicción profunda necesita venir a nosotros, una aflicción del tipo que Dios mismo siente mientras Él mira el frágil estado de aquellos que se llaman a sí mismos Su pueblo en las naciones.  La caída en grandes números de las más prominentes celebridades de un pueblo así es el síntoma y la declaración de un problema mucho más profundo y extenso.

¿Será acaso posible que la Iglesia pudiera estar en un punto muy cercano a experimentar el juicio de Dios?  Si estamos chasqueando nuestras lenguas ante el estado caído de algunas de las estrellas carismáticas y evangélicas, y pensamos que de alguna manera su condición no se relaciona con la nuestra, necesitamos mirarnos con más atención.  Estas “estrellas” caídas son el síntoma visible, la señal y la declaración de la Iglesia entera de la cual ellos y nosotros formamos parte, y cuyo estilo de vida hemos hecho posible. El mundo es absolutamente vil, bestial y abismal más allá de toda descripción, está remojado en sangre, lujuria y violencia. Toda la sociedad ha tenido su parte en esto; es cómplice; está envuelta en el mal mismo a causa de la naturaleza del mal.  Dios ordenó a Sus sacerdotes que enseñasen al pueblo la diferencia entre lo santo y lo profano, pero si el pueblo sacerdotal de Dios no conoce la diferencia entre ambos, ¿qué hemos entonces de esperar del mundo?  Los juicios de Dios comienzan por Su casa antes de que lo hagan en el mundo.  En muchos aspectos, la condición del mundo es un testamento al fracaso del pueblo de Dios en establecer un estándar objetivo de la verdad delante de la humanidad para que ésta pueda verlo. Por lo tanto, la humanidad se toma sus libertades, porque no tiene nada contra lo cual alinearse.  De hecho, existe muy poco que llame a la humanidad a responder por sus acciones a través de ejemplos que le sean presentados. Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden.

Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán.

Ciertamente hombre no contienda ni reprenda a hombre, porque tu pueblo es como los que resisten al sacerdote. Caerás por tanto en el día, y caerá también contigo el profeta de noche; y a tu madre destruiré.

Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos (Oseas 4:1-6).

¿Cómo es esto apropiado a nosotros como la Iglesia? Uno de los más severos pronunciamientos  contra Israel, durante uno de los puntos más bajos de su historia de deslices, fue aquél declarando que el conocimiento de Dios había sido desechado. Tener el verdadero conocimiento de Dios es salvación verdadera. ¡Dios es santo, formidable, justo y temible! Si no hay conocimiento de Dios, entonces no habrá conocimiento de la verdad o de la misericordia. Dios es verdad y misericordia. Si nos lo perdemos a Él, entonces hemos perdido todo, y podemos perdérnoslo en el mismísimo momento en que estemos aparentemente celebrándolo. Podemos ser hallados culpables de carecer del verdadero conocimiento de Dios mientras estemos, al mismo tiempo, invocando Su nombre y cantando Sus alabanzas, experimentando emociones eufóricas, mientras que eso mismo, irónicamente, traiciona y nos oculta de la que es, de hecho, nuestra condición real. No piensan en convertirse a su Dios, porque espíritu de fornicación está en medio de ellos, y no conocen a Jehová (Oseas 5:4).

Esta es una declaración acerca de Israel, el mismo Israel al que se le dieron los mandamientos en aquella asombrosa revelación de Dios en el monte Sinaí.Les fueron dados los estatutos, las ordenanzas y los profetas.  La acusación de Dios fue que ellos no lo conocían, sino que fueron tras la fornicación. Estas dos cosas, la fornicación y no conocer al Señor, van de la mano.  El espíritu de fornicación puede expresarse a sí mismo de diversas maneras a través de una persona al grado en que dicha persona desconozca al Señor.  El verdadero conocimiento de Dios es la única cosa que va a guardarnos del espíritu de fornicación, el cual actuará en nosotros en la proporción exacta a nuestro deseo y habilidad para alcanzarlo.

Nuestros marcos humanos son vulnerables.  Necesitamos unos de otros para protegernos de nuestra propia ceguera a la tentación que viene en los momentos de debilidad. ¿Cuántos de nuestros más famosos evangelistas han obtenido demasiado poder, riquezas, estilos de vida suntuosos, y se han rodeado personas que no se atreven a contradecirles—no sea que vayan a morder la mano que les alimenta?

Si deseas garantizar tu fracaso, todo lo que necesitas hacer es vivir sensualmente. Esto significa algo más que meramente mirar fotografías eróticas. Puede significar disfrutar de una casa con una cantidad extravagante de metros cuadrados, creyendo que se tiene todo derecho de deleitarse en ella.  Necesitamos afligirnos a causa de la celebración de personalidades y artistas carismáticos cuyos estilos de vida hemos endosado, si no es que ayudado a pagar.  Si permitimos que nuestros líderes tengan un estilo de vida que finalmente eructará en pecado tan evidente que tengan que dejar el ministerio, ¿qué hemos de decir respecto a nosotros mismos?  ¿Es nuestra condición mejor que la de ellos, aunque no resulte en pecado así de descarado? ¿Y qué de la medida de los recursos financieros que tenemos?  ¿Qué clase de sensualidad y gratificación estamos permitiéndonos, pensando que de alguna manera es legítimo porque estamos sirviendo a Dios o porque podemos dárnoslo?  ¿Qué es lo que permanece oculto en nuestros corazones por nunca dejar que el Señor sea árbitro y determine nuestro estilo de vida para llevarnos a esa relación intensa y seria con hermanos creyentes quienes pudieran cuestionar las elecciones de dicho estilo de vida?  La búsqueda de la santidad siempre tiene un precio.

Y realmente, ¿qué es lo que debe de determinar el estilo de vida del pueblo de Dios?  ¿Es el salario, la disponibilidad de bienes y riquezas, los talentos que pueden emplearse, o qué? La pobreza apostólica caracterizaba a la Iglesia primitiva.  Pedro le dijo al cojo mendigo, “No tengo plata ni oro, más lo que tengo te doy: ¡en el nombre de Cristo Jesús el Nazareno, levántate y anda!” (Hechos 3:6) Lo que tenían era poder, gloria, gran gracia, e inenarrable riqueza en la realidad y conocimiento de Dios.  ¿Qué tenemos nosotros?

Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos (Oseas 6:6). Dios desea que tengamos conocimiento de Él, pero ese conocimiento no es fácil de obtener.  Todas y cada una de las potestades de las tinieblas busca impedir que el pueblo de Dios obtenga este conocimiento. El mundo entero conspira contra el conocimiento de Dios.  Las cosas del mundo, cotidianas, se acumularán sobre nuestras conciencias en el momento que decidamos buscar al Señor. Hemos hecho de la caminata cristiana algo muy casual y muy barato.  Somos una generación que confunde nuestros conceptos acerca de Dios con el conocimiento auténtico de Dios.  Si le conociésemos, le temeríamos. No contemplaríamos—no digamos hacer—las cosas que han escandalizado Su nombre en todo el mundo.

Lo que los hombres y las mujeres piensan cuando están libres de pensar lo que quieran en la privacidad de sus mentes, es una declaración de dónde están en Dios. Es lo que hacemos, con nuestra habilidad para hacerlo, lo que dice qué y quiénes realmente somos, aun cuando la acción en sí misma no sea algo grotescamente pecaminoso. Quizás sea algo tan pequeño como comprar dos hamburguesas tamaño jumbo, sabiendo en el fuero interno que no necesito ambas. Tal consentimiento de la carne, aun y cuando tengamos las finanzas para comprarlas, no beneficiará la vida espiritual del hombre interior.

¿Nos conducimos en base a lo que nosotros queremos y somos capaces de hacer, o en base a lo que el Espíritu nos inclina a que hagamos?  ¿Estamos es una posición de negarnos a nosotros mismos cosas que de otra manera nos son disponibles? ¿Estamos resistiendo el pecado llevándolo a la cruz?  ¿Reconocemos que todo el mundo está bajo el maligno, el padre de mentiras?  Ya que este mundo está inmerso en engaño y permeado del espíritu de sensualidad, tomará de nuestra parte una determinación rigurosa delante de Dios para resistirlo. ¿Estamos peleando esa batalla?  Nuestro conocimiento de Dios tiene mucho que ver con hasta qué grado estamos rindiéndonos y sucumbiendo al espíritu del mundo.  El cielo y la tierra están en oposición en cada punto y particular, y quien quiera que sea unamigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto; allí prevaricaron contra mí. Galaad, ciudad de hacedores de iniquidad, manchada de sangre.Y como ladrones que esperan a algún hombre, así una compañía de sacerdotes mata en el camino hacia Siquem; así cometieron abominación (Oseas 6:7-9).

¿Estamos viendo cada pecado como una traición contra el conocimiento de Dios?  ¿Podrías creer que el sacerdocio de Dios pudo haber llegado alguna vez al punto donde ellos cometían asesinato y abominaciones?  Esa fue la experiencia y el ejemplo de Israel para nosotros. ¿Quién, hoy en día, piensa que es mejor que los sacerdotes israelitas de antaño? ¿Y de qué forma un sacerdote santo llega un lugar de homicidio y abominación? ¿Sucede de una vez, o se trata más bien de un proceso por grados de corrosión y sutileza en componendas y condescendencia?  Las escrituras nos exhortan: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón” (Proverbios 4:23a), y “antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Hebreos 3:13). ¿Estamos diariamente en contacto con personas que nos animan y nos exhortan?  Esto es algo que no podemos descuidar ni dejar aparte.  Mañana puede ser demasiado tarde. ¿Es nuestra privacidad, nuestro tiempo delante de la televisión o del monitor de la computadora más valioso que mirar la gloria de Dios siendo manifiesta en toda la tierra?

Y la soberbia de Israel testificará contra él en su cara; y no se volvieron a Jehová su Dios, ni lo buscaron con todo esto. Efraín fue como paloma incauta, sin entendimiento; llamarán a Egipto, acudirán a Asiria.  Cuando fueren, tenderé sobre ellos mi red; les haré caer como aves del cielo; les castigaré conforme a lo que se ha anunciado en sus congregaciones.  ¡Ay de ellos! porque se apartaron de mí; destrucción vendrá sobre ellos, porque contra mí se rebelaron; yo los redimí, y ellos hablaron mentiras contra mí.  Y no clamaron a mí con su corazón cuando gritaban sobre sus camas; para el trigo y el mosto se congregaron, se rebelaron contra mí (Oseas 7:10-14). Estamos en verdaderos problemas cuando la insinceridad pasa por sinceridad y ni siquiera notamos la diferencia.  Han elaborado un espectáculo que impresiona a los hombres, pero no impresiona a Dios. Volvieron, pero no al Altísimo; fueron como arco engañoso; cayeron sus príncipes a espada por la soberbia de su lengua; esto será su escarnio en la tierra de Egipto. Pon a tu boca trompeta. Como águila viene contra la casa de Jehová, porque traspasaron mi pacto, y se rebelaron contra mi ley.  A mí clamará Israel: Dios mío, te hemos conocido (Oseas 7:16-8:2).

Ellos claman a Él cuando Su juicio cae en proporción a la iniquidad de Su casa. ¿No es acaso una lástima que solamente el juicio tiene el poder de despertarnos? Se requiere de la calamidad para romper nuestra somnolencia y llevarnos al entendimiento de que nuestro Dios es un Dios celoso. ¿Qué tan lejos irá Dios para juzgar a Su pueblo, y para erradicar el pecado, las componendas y la contradicción de sus vidas, tanto en conjunto como personalmente? Él expulsó a Israel de su Tierra, y en tiempos más recientes, permitió que seis millones en número de Su pueblo sufrieran y murieran en el horror del Holocausto Nazi.  ¡Debiéramos de temblar y reconocer la bondad y la severidad de Dios! Pablo nos advirtió que si Él no dudo en desgajar las ramas naturales (Israel), no dudará en desgajar las ramas silvestres (gentiles) también. Si no conocemos a Dios en Su severidad, ¿entonces cómo podremos conocerlo en Su bondad? ¿Cómo podríamos conocerle realmente si no le hemos conocido como el Dios que juzga? “Israel desechó el bien; el enemigo lo perseguirá” (Oseas 8:3).  Eso es lo que sucede cuando nuestro pecado hace que despreciemos al Dios del pacto junto con Su protección y cobertura.  Estamos abiertos y expuestos a la reacción y al contra ataque del enemigo en la proporción exacta, entonces, de nuestro pecado. Esa ha sido la historia de Israel, y necesitamos aprender de esta.  Igualmente, no somos inmunes a tales cosas.Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí; constituyeron príncipes, mas yo no lo supe (Oseas 8:4a).

En otras palabras, nunca consultaron con su Dios; nunca le preguntaron; actuaron de su propia iniciativa. ¿Sabemos lo que significa realmente consultar a Dios?  Nuestros propios actos de presunción serán proporcionales a nuestra falta de conocimiento de Dios. Gran presunción de nuestra parte significa poco conocimiento de Dios. En este mundo, en todo lo que es vil, en toda presión, tentación y fuerza poderosa que busca deshonrar y difamar a Dios burlándose de Él de todas las formas perversas concebibles, podemos darnos una idea de la clase de cosas que serán dirigidas contra nosotros.  Se va a necesitar de algo severo y radical para que nos sea posible mantener el conocimiento de Dios una vez que lo hayamos encontrado, y para profundizar y crecer en dicho conocimiento. Olvidó, pues, Israel a su Hacedor, y edificó templos, y Judá multiplicó ciudades fortificadas; mas yo meteré fuego en sus ciudades, el cual consumirá sus palacios (Oseas 8:14).

A menudo me pregunto cómo Dios mira nuestras catedrales y los suntuosos edificios de nuestras iglesias. ¿Vendrá un tiempo en el cual lleguen a estar ahí, completamente vacías, las congregaciones disipadas?  ¿Verá un día el mundo secular la farsa de las iglesias que tomaron millones de dólares de sus adeptos, pero ahora vacías? ¿Llegaremos a ver los grandes centros de retiro cristianos abandonados como pueblos fantasmas como testimonios al fracaso de personas que fallaron en tomar a Dios en serio, convirtiendo la fe en entretenimiento? No te alegres, oh Israel, hasta saltar de gozo como los pueblos, pues has fornicado apartándote de tu Dios; amaste salario de ramera en todas las eras de trigo. La era y el lagar no los mantendrán, y les fallará el mosto (Oseas 9:1-2).

¿Cuál es la aplicación para nosotros hoy? ¿Ha faltado nuestro mosto? ¿Nos hemos convertido en un pueblo que usa la manipulación para evocar respuestas, que emplea técnicas y metodologías para nuestros propios fines?

Podemos dar fruto, pero ¿es el fruto de Él? ¿Se trata de fruto eterno?  ¿Somos celosos por el fruto eterno que solamente Dios puede dar, más que de aquél que podemos generar con nuestra propia habilidad y dinero? El último no es el testimonio de nuestra relación correcta con Dios, ni de nuestro conocimiento de Él, porque Su fruto es de otro tipo; es el fruto del Espíritu, y Su Espíritu es el espíritu de humildad y mansedumbre, no de arrogancia, presunción u orgullo. Un estilo de vida suntuoso pareciera contradecir el tenor de todas y cada una de las cosas que sabemos de Dios. Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto para sí mismo; conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus ídolos (Oseas 10:1). ¿Acaso no somos culpables de exactamente las mismas prácticas? ¿Acaso no somos motivados hacia el éxito religioso, hacia programas de un tipo que parecen lo mejor para satisfacer nuestras congregaciones? ¿Alguna vez le hemos preguntado a Dios cuál es Su diseño para la Iglesia? ¿Hemos alcanzado Sus condiciones para el ministerio genuino? Hay muchos hombres que se autoproclaman muy a su estilo, y que portan títulos elaborados por sí mismos; pero lo que aflige igualmente a Dios es un pueblo embelesado que ni siquiera puede reconocer la diferencia. Su pueblo es uno fácil de impresionar y de embaucar.  ¿Cuántas veces hemos escuchado de predicadores de los que se dice son apostólicos, quienes en realidad solamente tienen algo de habilidad con las escrituras, o que han estado envueltos con iglesias o fundación de iglesias, o que quizás han viajado mucho en el ministerio? Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve (Malaquías 3:18). La habilidad para discernir a los verdaderos siervos de Dios es otorgada como un don a un pueblo al final de la edad, de quienes Dios dice, “Y serán para Mí” (Malaquías 3:17).  Su favor para con Dios vendrá en virtud de lo que ocurrió en el verso precedente: Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre (Malaquías 3:16). Sus palabras hacia el otro no era mera pérdida de tiempo. Entre otras cosas, ellos buscaron y examinaron sus propias vidas para ver si estaban en la fe. Ellos temieron al Señor; ellos fueron celosos por Su Nombre, Su honor y Su gloria. Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia (Oseas 10:12). ¿Hemos buscado al Señor hasta que Él ha hecho llover (“llover” y “enseñanza” son intercambiables en el hebreo. N. del T.)Justicia sobre nosotros? ¿Tenemos un corazón para esta clase de búsqueda sacrificial, para romper las capas de injusticia que están entre el cielo y nosotros?

Habéis arado impiedad, y segasteis iniquidad; comeréis fruto de mentira, porque confiaste en tu camino y en la multitud de tus valientes (Oseas 10:13).

Fuiste impresionado por los hombres poderosos, por los “guerreros”, por los deslumbrantes, sus organizaciones y sus estilos de vida. Te lamentaste cuando cayeron.  Pensaste que su ministerio era apropiado y merecido.  Puede que hayas deseado secretamente tales cosas para ti. Dios ha esperado y guardado silencio, pero si sus fracasos son los juicios de Dios, y si permitimos que estos juicios pasen desapercibidos como si de alguna forma no estuviésemos implicados en ellos, entonces ha sido en vano para nosotros.  ¿No tendremos entonces nosotros que experimentarlos personalmente, directa y más dolorosamente? ¿No es acaso tiempo de buscar al Señor, de conocerle a Él? No podemos conocer a Dios de una manera genuina y pasar por alto el asunto de sus juicios.  Hemos pagado un alto precio por la pérdida del entendimiento de Dios, tanto en juicio como en misericordia, en severidad y en bondad.  Mi propia observación es que los tratos de Dios con Israel, pasados, presentes y futuros están más o menos ausentes de toda consideración de nuestra parte. Hemos entonces anulado una de las revelaciones más profundas de Dios dadas en las escrituras.  Una de las más grandes provisiones que Dios otorga a la Iglesia para instruirla acerca de Su naturaleza es Israel y Sus tratos con ese pueblo. Si el Holocausto de los judíos europeos no fue meramente la consecuencia de la aberración de algunos hombres locos en nombre de Hitler, sino de hecho, la intención de Dios y el cumplimiento de las escrituras en Levítico y Deuteronomio de un juicio que ocurriría en los Últimos Días, ¿cuánto más habríamos de temer los tratos de ese mismo Dios para nosotros como la Iglesia? El carácter simplista, frívolo y fingido de nuestro cristianismo le ha abierto la puerta de par en par a engaños del tipo más increíble. Todo esto tiene que ver con la ausencia del conocimiento de Dios, el temor y asombro hacia Dios—que hubiera sido nuestro si hubiésemos sido correctamente instruidos por lo que Dios ha hecho con Israel, y que aún hará, antes de que Él les restaure en Su misericordia.


  • [1] Art Katz nació en Brooklyn, Nueva York de padres judíos.  Creciendo durante los años de la Gran Depresión y la turbulencia de la Segunda Guerra Mundial, Art abrazó las ideologías marxistas y existencialistas.  Durante su ejercicio como maestro de preparatoria, se encontró capaz a sí mismo de elevar cuestiones acerca de las perplejidades de esta era moderna, pero no de contestarlas.
  • Viajando con tan solo una mochila por Europa y el Medio Oriente durante una temporada sabática, el ateísta cínico y escéptico, anti-religión y anti-cristiano, fue aprehendido por un Dios que le buscaba.  El diario de aquella experiencia, Ben Israel – La Odisea de un Judío Moderno, hace recuento de la búsqueda de Art por el verdadero significado de la vida, que tuvo su clímax significativa y simbólicamente en Jerusalén. Art asistió al Santa Monica City College, UCLA y a la University of California en Berkeley, obteniendo títulos de Licenciatura y Maestría en historia, así como una Maestría en teología en el Luther Seminary de St. Paul, MN.  Durante su ministerio como orador durante casi cuarenta años, Art buscó brindar la relevancia radical del mensaje bíblico a la sociedad contemporánea, tanto secular como religiosa.  Con muchos de sus libros traducidos a los lenguajes más hablados en el mundo, Art viajó frecuentemente a muchos lugares del orbe como conferencista, predicador y como una voz profética para la Iglesia hasta su muerte en el 2007.

¿ Reconoceré a mi familia y hermanos en el Cielo?

Esta pregunta formulada por un querido hermano, me hizo escribir esta entrada, la respuesta a esto es que sí, en el cielo reconoceremos a las personas que ya conocimos en esta existencia terrenal y conoceremos a todo el resto que no conocimos mientras estuvimos en la tierra. 

Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1Co 13:12-13)

Esta doctrina no solo es avalada por los evangelios sino mucho más atrás,  desde que Enoc quien fue traspuesto para no ver muerte. 

Caminó, pues, Enoc con Dios,(C) y desapareció, porque le llevó Dios.
(Gén 5:24)

En el Antiguo Testamento nos dice la palabra de Dios que los patriarcas del pueblo escogido, cuando murieron se reunieron con sus padres o con su pueblo. De Abraham leemos en Génesis 25.7-8 que a los ciento setenta y cinco años, exhaló el espíritu y fue unido a su pueblo. De Isaac dice lo mismo (Génesis 35.29) y Jacob es el mismo quien al anunciar su muerte dice que va a reunirse con su pueblo (Génesis 49.29). Al anunciarle Dios a Moisés la muerte de Aarón, le dijo que sería reunido a su pueblo (Números 20.24) y nosotros, por todos esos pasajes, entendemos que aquellos siervos del Señor fueron a reunirse con sus antepasados en el paraíso donde, lógicamente, los reconocerían.

El pasaje más notorio que hallamos en la Escritura y que nos dice claramente que en el cielo sí nos reconoceremos, lo encontramos en 2 Samuel 12.1-23 donde nos relata la Escritura la historia del rey David que habiendo sido amonestado por el profeta Natán a causa de su pecado al haber tomado a la esposa de Urías heteo, Betsabé; y habiendo hecho matar a éste en un plan astutamente urdido, Dios, muy enojado por ello dispone castigarlo, hiriendo al niño nacido del adulterio. David rogó a Dios por el niño y ayunó y se tendió en tierra mientras el pequeño empeoraba cada vez más hasta morir el el séptimo día. Los criados tenían temor de comunicárselo al rey pues pensaban que no lo soportaría. Sin embargo sucedió todo lo contrario; David se levantó, se ungió y cambió de ropas. Al ser preguntado por este cambio tan inesperado y fuera de lo normal, David dijo que cuando el niño estaba enfermo ayunaba, lloraba y rogaba al Señor que no se lo quitara pero, ahora que ya había muerto, seguir en esa actitud no tendría razón de ser y ahora sólo le quedaba la esperanza de que cuando él muriera volvería a ver a su niño. Esto lo dijo, naturalmente, inspirado por el Espíritu Santo, y nos dice a nosotros que también nos reconoceremos los unos a los otros.

En el relato que nos hace el Señor en Lucas 16.19-31 vemos claramente que tanto Lázaro en el paraíso, como el rico en el lugar de tormento reconocen a Abraham. En Mateo 8.11-12 el Señor también dice que los salvados reconocerían a los patriarcas; y ciertamente en el monte de la transfiguración los tres discípulos, en una escena anticipada de la gloria del Señor, reconocieron a Moisés y Elías, aunque antes jamás los habían visto (Mateo 17.1-8). Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, Dios afirma categóricamente que El es Dios de vivos y no de muertos. Sí, vivos, reconocibles, lógicamente.

Jesús siempre declaro que el Padre no es Dios de muertos sino de vivos, esto demuestra claramente la preexistencia del alma y anula totalmente la doctrina de la reencarnación, en los tiempos de Jesús existían dos corrientes religiosas bien marcadas, una era la de los fariseos que creían en la resurrección y la de los saduceos que no creían en la resurrección más si en la reencarnación.  Veamos un poco de esto y lo que Jesús nos enseño con un encuentro que tuvo con los Saduceos:

Este versículo, del cual se hace referencia acá, se encuentra en los evangelios. Vamos a tomar la cita del evangelio de Mateo capitulo 22 y versos del 23 al 32: (esto con el fin de entender el contexto del mismo)

Aquel día se le acercaron unos saduceos, quienes dicen que no hay resurrección, y le preguntaron diciendo: 24 —Maestro, Moisés dijo: Si alguno muere sin tener hijos, su hermano se casará con su mujer y levantará descendencia a su hermano. 25 Había, pues, siete hermanos entre nosotros. El primero tomó mujer y murió, y como no tenía descendencia, dejó su mujer a su hermano.26 De la misma manera sucedió también con el segundo y el tercero, hasta los siete.27 Después de todos, murió también la mujer. 28 En la resurrección, puesto que todos la tuvieron, ¿de cuál de los siete será mujer?29 Entonces respondió Jesús y les dijo: —Erráis porque no conocéis las Escrituras, ni tampoco el poder de Dios;30 porque en la resurrección no se casan ni se dan en casamiento, sino que son como los ángeles que están en el cielo.31 Y acerca de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios?32 Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

Primero: Los Saduceos eran un grupo religioso en los tiempos de Jesús. Este grupo religioso no creía en la resurrección. Con la intención de tentar a Jesús, se acercaron de tal manera que intentaron confundirlo públicamente con esta pregunta complicada. Los saduceos querían demostrar lo absurdo que era la doctrina o enseñanza de Jesús con respecto a la resurrección y de la vida venidera o la vida eterna

Nótese desde el principio lo absurdo y sensual que era la pregunta, una mujer casada siete veces, siete maridos; ¿Con cual de los siete estaría en el cielo en la resurrección? Ahora bien aunque la pregunta pareciera absurda; también tenia sentido, porque los Saduceos solo se apegaban al Pentateuco; y hacen referencia a la “ley del levirato”, que ordenaba que si un hombre moría sin dejar hijos, su hermano o pariente más cercano debía casarse con la viuda y tener con ella descendencia, que sería contada como si fuera familia del difunto o pariente ya fallecido. La cita de referencia se encuentra en Deuteronomio 25: 5 – 10. Y es el verso 5 que hace referencia a este tema: “Si unos hermanos viven juntos y muere uno de ellos sin dejar hijo, la mujer del difunto no se casará fuera de la familia con un hombre extraño. Su cuñado se unirá a ella y la tomará como su mujer, y consumará con ella el matrimonio levirático.

Es por ello que Jesús les contesta: “Erráis porque no conocéis las escrituras”. Y Jesús les recuerda, o les trae a memoria la cita de Éxodo 3:6:” Yo soy el Dios de tus padres: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios”. Estas fueron las palabras que Jehová le dijo a Moisés en la zarza. Y Jesús añade al final: “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos”.

Dos siglos hacia que Jacob, el Último de los tres, había muerto y había sido llevado al sepulcro; y sin embargo Dios los mencionó como si todavía estuviesen vivos, y él fuese su Dios. No dijo, “Yo era el Dios Abraham” etc., sino que se presento como, “Yo soy el Dios de Abraham”.

Jesús manifestó que aunque los hombres tuvieran un cuerpo material, la constitución y necesidades consiguientes de éste serian muy distintas de lo que son ahora. “En la resurrección, ni se casan, ni se dan en casamiento; mas son como los ángeles de Dios en el cielo.”

Serán los mismos cuerpos que tenían antes de su muerte, pero libres de todas las funestas consecuencias del pecado.

¿Cómo nos veremos en el cielo? ¿Seguiremos el mismo rol familiar, conyugal o paterno? Como vimos anteriormente; “seremos como los ángeles” “no se casan ni se dan en casamiento”. Es decir: Los ángeles de Dios en el cielo gozan de inmortalidad, bienaventuranza, y perfección de pureza. Por lo tanto en el Cielo no perderemos la memoria de quienes éramos cada uno en la tierra, yo sabré quien era mi padre, mi esposa, mis hijos etc. Ahora bien, no será el mismo trato, es decir no nos llamaremos hijos, ni padre, ni esposa, pero nos amaremos con un amor mucho más fuerte que en la tierra. ¿Porque hablo de que tendremos conciencia de lo que ocurrirá en el cielo y que nos reconoceremos? Recordemos el relato de Lucas 16:24 dice: “Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.” Observemos como el rico reconoce a Lázaro, el rico estaba en el Hades, y reconoció a Lázaro que estaba en el ceno de Abraham. Es más se da un dialogo aquí muy interesante. Pero el punto de énfasis será el grado de conciencia y de reconocimiento de nuestros semejantes en el cielo.

Jesús es nuestro Modelo más claro de lo que sucederá después del rapto, después que resucito estuvo por cuarenta días presentandosele a sus discípulos, comió, bebió, tenía pleno conocimiento de todo lo que había pasado, lo que había hecho y de cada uno de ellos.  Antes de morir en la cruz hablo claramente del reino de los cielos y lo detallo como un lugar en donde habrían moradas preparadas para cada uno de nosotros.  

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
(Jua 14:1-3)

Son casas literalmente, casas y mansiones en donde vamos a vivir eternamente junto a nuestro Señor, es una gran promesa, es la misma promesa que se le dió al pueblo judio y ahora nosotros somos parte de ella. 

Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.
(Luc 16:9).

Pablo es quien explica de forma más clara este acontecimiento, les exhorta a los cristianos que vivamos siempre creyendo en esta esperanza y velando por guardar la fe hasta que ese momento llegue.  Pablo Apostol a los gentiles era fariseo y conocía la promesa de la resurrección, ahora de una manera más exelsa le es revelada la gracia hacia los gentiles que no eran considerados parte de esta bendita esperanza de vida eterna, el mismo se considera indigno y rechaza todos los rituales en los que participo estimandolos por basura, de esta misma forma anima a los gentiles a entregarse con todo su corazón a Cristo y aferrarse de la esperanza de vida.  Pablo también nos muestra claramente como la muerte no significa ya un temor eminente para el que cree, ya que la vida es considerada una fuerza que no puede cortarse, la fe en Jesucristo opera para vida e inmediatamente el creyente solo continua en este mundo aguardando su entrada triunfal en el reino de los cielos con un cuerpo nuevo, y no solo eso sino también la reunión con los que ya partieron

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.(A) Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.
(1Ts 4:13-18)

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.(K) Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.(L) ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?(M) ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
(1Co 15:51-58)

Las oración de Pablo es que los creyentes estuvieran persuadidos y convencidos de esta verdad, esta verdad apoyada y sustentada por el Espíritu Santo de Dios como testigo fiel era lo que hacia que estos hombres de Dios estuvieran dispuestos a morir con tal de llevar las buenas nuevas, esta es la buena noticia “hay perdón para el pecador y este puede por medio de la sangre de Cristo reconciliarse y volver al Padre de donde salio, y recibir la vida eterna”

Esta esperanza es la base de nuestra fe, estar en Cristo eternamente con un cuerpo nuevo y glorificado

Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra(C) en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies,(D) y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo,(E) la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.
(Efe 1:15-23)

Entonces que pasara con aquellos que no resuciten y se pierdan, tendremos memoria de ellos, la verdad sí, pero de igual forma no nos causara trizteza ni dolor, el mismo grado de amor que nos mantendrá unido nos hará comprender claramente la decisión que tomaron en esta existencia.  Porque será el mismo amor de Dios, pues no hay nadie que ame al pecador que Dios mismo.

Muchas interrogantes surgen con respecto a cuando será este evento, si antes o despues de la gran tribulación, la verdad es que Jesús dijo, que el día ni la hora nadie lo sabe, sino el Padre que esta en los cielos.  Solo tenemos señales de su venida, que día a día se cumplen; también vemos en medio de esta espera que muchos de nuestros amigos, y familiares mueren y esto nos causa dolor, pero ese dolor no será para siempre un día los veremos y ya no habra más llanto ni dolor.  No nos dejemos mover, de nuestra bendita esperanza, los Judíos y los judaizantes, no aceptan el hecho de que seamos participes de esta gran bendición aseverando que solo Jesús murió por los judíos y los que quieran ser salvos deberán judaizarse, excluyendo al mundo entero de la preciosisima promesa de la vida eterna.  Una parábola que describe la arrogancia y el egoísmo del pueblo judío hacia los no judíos o gentiles es esta:

Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal,(A) comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. El, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.(B)
(Mat 20:1-16)

Es por ello que se hace indispensable, hablarles del amor de Cristo a nuestros semejantes. Y especialmente a nuestra familia, nuestros padres, hermanos, tíos, abuelos etc. Porque viene un tiempo distinto en donde unos resucitarán para condenación y otros para vida eterna, y que triste es el pensar que nuestros familiares y amigos sufrirán un castigo eterno, hablemos hoy que es el día aceptable de Dios para ellos y que puedan reconocer al único y verdadero Dios como su salvador y puedan gozar de esta bendición de ser parte de quienes estaremos en el cielo. 

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,(B) bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
(Mat 28:19-20)

¿Tengo que someterme a un Pastor apostata?

Si Usted es salvo por gracia mediante la fe en Jesucristo (Vea Efesios 2:8-9), pues la respuesta rotunda y sin tapujos es: ¡NO! De ninguna manera. Pues aunque respetamos a todo pastor que enarbola las doctrinas de la gracia, y enseña conforme a la Biblia y vive piadosamente, como un ejemplo de vida cristiana, eso no quiere decir que estamos sometidos a un hombre, pues nuestra única sumisión es a Dios y su palabra. Sin embargo aclaramos que reconocemos el servicio, encargo y llamado de todo siervo de Dios, pastor tal como dice las sagradas escrituras: 

Hebreos 13:7 
Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.

No por ello, podemos quedarnos impávidos y sumisos frente a un individuo que ostenta el cargo de “pastor” o algún otro cargo más y es un practicante y enseñador de doctrinas ajenas a la Biblia (hereje). Pues la Biblia con claridad nos llama a no someternos ni tampoco a coludirnos con alguno que pretenda enseñarnos o que nos invite con sutilezas a someternos a doctrinas diferentes a las Bíblicas. Veamos: 

2Juan 1:9-11 
9 Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.
10 Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!
11 Porque el que le dice: ¡Bienvenido! Participa en sus malas obras.

Entonces queda claro, de que existe un basamento bíblico para apartarse de todo “pastor” que se rebela o tuerce las doctrinas bíblicas, con la finalidad de servirse del error y ser un instrumento más de Satanás para la perdición y confusión de muchos.

2. SI DECIDES SEGUIR A JESUCRISTO Y NO SOMETERTE A LA APOSTASÍA, SERÁS TILDADO DE REBELDE.

“…Usted es un rebelde, pues no se somete a su “pastor”, al “pastor” no se le cuestiona nada…” 

Frases como estas pretenden acallar el sentir de un salvo de verdad y no solo de nombre, de no permitir que un contumaz apostata y que se hace llamar “pastor”, lo pastoree. Es necesario que como salvos entendamos que por amar al Señor y a su Santa Palabra, la persecución, los insultos o aun la misma muerte estarán a la orden del día para tocarnos. La Biblia enseña que muchos mártires cristianos fueron muertos por levantar en alto la palabra de Dios y no someterse a las enseñanzas falsas de su tiempo. Un vivo ejemplo lo tenemos en la vida y martirio de nuestro hermano Esteban quien a causa de su testimonio, fe y doctrina en el Señor, fue apedreado como si fuera un vil malhechor, mas él hasta el final testifico de su gran Señor y Salvador: Jesucristo. 

Hechos 7:54-60
54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. 
55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 
56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. 
57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. 
58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. 
59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 
60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió. 

De manera que el insulto, la persecución, la difamación y aun la muerte siempre están en ciernes sobre un salvo que no se somete al imperio de Satán y sus instrumentos humanos que le sirven para esparcir la levadura de doctrinas inspiradas por demonios. 

2Timoteo 3:12 
Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución;

Mateo 10:16-20
16 He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.
17 Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán;
18 y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.
19 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.
20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

Lucas 10:3 
Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.

3. ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DE UN CONTUMAZ “PASTOR” APOSTATA

Estas son algunas características de un “pastor” que ya abraza las doctrinas contemporáneas y anti-bíblicas que hoy se muestran. 

EL DINERO ES SU DIVISA Y CONSIGNA.
Si no es todas, en la mayoría de veces que sube a su tarima de espectáculo dominicales o también llamado “pulpito” solo habla de la “necesidad” que tienen sus incautos seguidores de:

-“Sembrar” en el “reino” de aquel apostata, en buen romance en darle dinero extra para engordar su billetera y cuenta bancaria. 

-“Pactar” con el “ungido” claro engañando que es un “pacto” con el mismo Dios en persona, solo que esta vez, el dinero para “Dios” se le entrega al “ungido” el cual dispone de estos dineros a su antojo. A cambio se le regala una fabula “profética, apostólica” o llena “unción” por que será tan creíble que el pobre incauto dejara el dinero sin ningún detenimiento.

-“Diezmos y ofrendas” usadas al antojo del ungido. Cada cierto tiempo cuando ve que no hay muchos ingresos, como para mantener su delicioso estilo de vida, pues entonces da su clásico sermón que dice que: … aquellos que no dan para el “reino” (de este “ungido”) están condenados al infierno…

Esta característica de los “pastores” apostatas de nuestros días es una de las mas sobre salientes, en la mayoría de antros de engaño y de aberraciones doctrinales, que se hacen llamar “iglesias” este amor por el dinero, su uso, su aprovechamiento su mal habida obtención en base al engaño sistemático, es mas que evidente. 

Mas la Biblia dice: 

1Ti 6:8-10
8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.
9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición;
10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

AMANTE DE LA BRUJERÍA – “CRISTIANA”

Esta es una de las características más ostentosas por parte de estos mercaderes de la “fe”, pues mediante el uso de la brujería-“cristiana”, estos individuos pueden mostrarse cual orondos “pavos reales” de la herejía, como sujetos llenos del “poder de Dios”. Esto busca deslumbrar al público que les sigue y les acepta sus extravíos, además de complacer su ego y febril mentalidad no regenerada. 

Los decretos, los “yo declaro…” y las afirmaciones positivas, tumbadoras de la Voluntad de Dios.- 

Estos engañadores, les enseñan a sus seguidores de que el ser humano tiene poder creativo en su boca y en su mente. Por tal razón pueden atraer tanto el bien y el mal con los dichos de su boca. Como esta doctrina es pura doctrina oriental, los sirvientes de Satanás y su religión teosófica de la nueva era, la han introducido al mundo “cristiano” haciéndola pasar por bíblica. De manera que hoy se enseña que podemos recitar en voz alta, porciones de la Biblia, y que esta recitación es como un decreto o afirmación, que nos traerá prosperidad, salud, bienestar, dinero, etc. En pocas palabras todo lo que queramos. Para ello estos siervos de luzbel, tuercen las escrituras, las sacan de contexto y exaltan el ego humano al hacerles creer a todos sus seguidores, a la sazón aprendices de brujería, que todo lo que “decreten” o digan “yo declaro”, “yo ordeno” entre otros términos mas, pues sin duda, si lo hacen con mucha “fe” lo recibirán. Bajo el razonamiento de esta doctrina de brujería “cristiana” o metafísica a secas, no cabe la soberanía y la voluntad de Dios, pues Dios queda excluido en su soberanía y voluntad al quedar supeditado a la “fe” y al poder de los dichos de la boca del “decretante”. Dios queda relegado a una especie de GENIO de lámpara de Aladino que solo cumple los mas caros deseos de los que decretan, confiesan y afirman. 

Para saber mas acerca de estas falsas doctrinas de los decretos y mas, le invito a leer la siguiente reflexión bíblica en http://www.ltc-apostasia.org/2011/02/12/todo-lo-que-cofiesas-y-declaras-obtienes-por-daniel-nicolas-pastore.html 

En cuanto a la Soberanía de Dios que esta exenta de cualquier efecto de todo extravió humano(la brujería “cristiana”) que pretende soslayar su poder y autoridad, la Biblia dice: 

Job 23:13-15
13 pero si él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó, e hizo.
14 el, pues, acabará lo que ha determinado de mí; y muchas cosas como estas hay en él.
15 por lo cual yo me espanto en su presencia; cuando lo considero, tiemblo a causa de él.

Job nos dice con justas razones, que todo lo que Dios determina, nadie lo puede hacer cambiar, así se destrocen las gargantas y se desoyen los labios de tanto decretar, declarar, y afirmar por parte de los practicantes de estas doctrinas no-bíblicas. 

SI USTED YA ESTA EN UN LUGAR COMO ESTE: ¡SALGA HUYENDO DE AHÍ, Y ESCAPE POR SU ALMA! 

2Co 6:11 Nuestra boca se ha abierto a vosotros, oh corintios; nuestro corazón se ha ensanchado.
2Co 6:12 No estáis estrechos en nosotros, pero sí sois estrechos en vuestro propio corazón.
2Co 6:13 Pues, para corresponder del mismo modo (como a hijos hablo), ensanchaos también vosotros.
2Co 6:14 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?
2Co 6:15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?
2Co 6:16 ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: 
Habitaré y andaré entre ellos, 
Y seré su Dios, 
Y ellos serán mi pueblo.
2Co 6:17 Por lo cual, 
Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, 
Y no toquéis lo inmundo; 
Y yo os recibiré,
2Co 6:18 Y seré para vosotros por Padre, 
Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

Dios le bendiga.

Hno. Rafael Salinas V

Practicas Judías en la Iglesia

Por Mario E. Fumero

Al hablar de Israel como nación estoy identificando a un pueblo donde la identidad nacional se funde con sus creencias, esperanzas, costumbres y liturgia. Muchas veces estas actitudes, apegadas a la ley, les llevaron al fanatismo e hipocresía, lo cual fue condenado por Jesús (Isaías 58, Mateo 23), ya que se hicieron esclavos de preceptos que iban más allá de lo que Dios deseaba.

Todas las fiestas, ceremonias, el mismo tabernáculo y las profecías del A.T. eran sombra de lo que ocurriría a través de ellos. Estas realidades se fusionaron a su existencia, revelando dos verdades esenciales:

  • 1º- La realidad del pecado, que separa al hombre de Dios.
  • 2ª La necesidad de un Salvador o Mesías, que vendría a redimir a su pueblo, pero salvando a la humanidad que creyera en Él, para cumplir la promesa dada a Abraham.

Con el nacimiento de Israel se instaura la circuncisión, y después, por medio de la tipología del tabernáculo, se revela el plan de redención y la realidad del pecado. ¿Qué era el tabernáculo? Un símbolo que mostraba la exclusión del pueblo de la presencia de Dios, por su pecado, y la necesidad imperiosa de una expiación, para alcanzar el perdón por medio del derramamiento de la sangre de un cordero o macho cabrío perfecto e inocente.

JESÚS ES EL TABERNÁCULO PERFECTO

            Antes de la venida de Jesús, el tabernáculo, con sus ritos y ceremonias, había quedado parcialmente abrogado (Hebreos 7:18) debido a la primera diáspora. Con la muerte de Jesús en la cruz, y la posterior diáspora de los judíos, quedo anulado completamente lo poco que quedaba del sacerdocio y los sacrificios (Hebreos 8:1-7). Jesús vino a ser el sumo sacerdote que hizo, con un solo sacrificio, la expiación perfecta y eterna para toda la humanidad, principalmente para los gentiles, aunque valedera también para los judíos que creyeran en su nombre (Hebreos 9:23-28). No podemos vincular tradiciones y costumbres judías con el quehacer cristiano, como actualmente se promueve, porque sería volver a la esclavitud de la ley y las ceremonias.

Para la mente judía el Creador habitaba o en el templo de Jerusalén o en el tabernáculo, y para los samaritanos habitaba  en el Monte Santo, como le dijo la mujer samaritana a Jesús, (Juan 4:21-24). Para los cristianos, el Dios revelado en Jesucristo, no necesitaba templos hechos por manos de hombres (Hechos 17:24), sino que ha convertido nuestros corazones en su morada. Lo externo es secundario, lo interno es primario. ¿No es acaso la misma idea que Dios tenía cuando al buscar Rey para Israel, le dijo a Samuel que no mirara su parecer, porque el hombre mira lo que hay fuera, más Dios mira el corazón? (1Samuel 16:7).

La doctrina cristiana revoluciona la fe judaica. Sin embargo, no arrancó de estos sus tradiciones, porque según indicaba la profecía, así tenía que ser. Nosotros, con todo nuestro buen deseo de convertir a los judíos al Mesías Jesús, no podemos cambiar la historia, ni las profecías, porque Israel actualmente espera a su mesías con ansias, y es que la Palabramenciona al mesías que vendrá para Israel de forma majestuosa (Isaías 11:1-4, 32:1-2) reinando con su pueblo por mil años, como dice Isaías 62:2-3 “Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará. Y serás corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo”. (ver también  Apocalipsis capítulos 19 y 20).

RESURRECCIÓN DEL ESPÍRITU DE LOS GÁLATAS

El otro elemento judío, que está causando problema en algunas iglesias cristianas con tendencia a seguir la doctrina de los Gálatas, es el relacionado con las ceremonias, fiestas y costumbres hebreas.

Todas las fiestas judías están asociadas a un acontecimiento histórico en la vida de Israel. Por ejemplo: la fiesta del “Shabbat” está vinculada con la obediencia a uno de los mandamientos de Moisés (Éxodo 20:9) que establece guardar un día después de tener seis de trabajo, este es el séptimo, partiendo de que Dios, después de terminar la creación, descanso al séptimo día. Para los judíos esta celebración no solo en-vuelve un descanso, sino toda una liturgia de evocación y obediencia a la Torá y el Talmud[1], o leyes mosaicas (Levítico 23:1-3). Tenemos, además, la fiesta del Yom Kippur, que evoca la expiación que el sumo sacerdote hacía una vez al año por los pecados del pueblo. La fiesta de la Pascua y de “Hag HaMetzah”, o de los panes sin levadura (Éxodo 12:14-15), que evoca la epopeya de la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto, para llevarles a la tierra prometida. Esta celebración está vinculada a la última plaga, cuando los hebreos marcaron los dinteles de sus puertas con la sangre de un cordero, para que el ángel de la muerte pasara de largo (Éxodo 12:22) y no matara a los primogénitos de la casa de Israel.

 La fiesta de las primicias es aquella en la cual traían los primeros frutos de la cosecha al tabernáculo, en expresión de gratitud a Dios (Levítico 23:10-14). La fiesta de Pentecostés oShavout (Levítico 23:15-21) se hacía cincuenta días después de la Pascua, como una expresión de acción de gracias, y traían las primicias de la cebada para ser remecida delante del Señor. La fiesta de Año Nuevo, que se efectúa en otoño, o fiesta de las trompetas, llamada también “Rosh Hashanah”, y así también la fiesta la de los Tabernáculos etc. Todas ellas evocaban tanto su pasado, como su futuro, con relación a las promesas divinas. Muchas de ellas siguen vigentes, otras han dejado de ser, pero los judíos conservan su recuerdo.

LA MÚSICA Y EL FOLKLORE

Tenemos por otro lado la música o el folklore judaico, con sus ritmos, vestuario y comida, tan vinculado a su fe y ceremonias que es imposible separar una cosa de la otra. Es ahí donde surge el problema, pues además de todo lo señalado, están las normas vinculadas a la vida de los que forman este pueblo; como son las reglas que rigen sus relaciones humanas, la circuncisión, la disciplina en la formación de los hijos y todo un contexto que hace a este pueblo, una nación original y peculiar, que no puede, ni debe mezclarse o imitar otros modelos de conducta de otras naciones, lo cual en un pasado le fue causa de cautiverios y calamidades.

Los cristianos heredamos algunas costumbres hebreas dentro de nuestro estilo de vida. Jesús definió qué cosas debemos aceptar y qué cosas se deben desechar del A.T. y es que, aunque todo es válido, mucho de lo escrito se cumplió en Jesús. No obstante, las enseñanzas del Maestro rompen los esquemas legalistas, pero a pesar de ello, estos esquemas tratan de imponerse en los cristianos, creándose una crisis cultural y religiosa entre los principios y las costumbres gentiles o culturales de los pueblos, con las prácticas judías, debido a la convergencia de ambos pueblos. Me atrevo a afirmar que son más los cristianos que se vuelven judíos, que los judíos que abrazan la fe cristiana. Es por ello que vamos a dar un repaso a los acontecimientos más importantes expuestos en el Antiguo y Nuevo Testamento, para comprender no solo la problemática, sino la línea trazada por los apóstoles en relación con la conducta de la iglesia gentil frente a la cultura y mentalidad judía.

LA COMIDA KOSHER Y LA DIETA JUDÍA.

Una de las áreas más rigurosas en la vida de los judíos es aquella que tiene que ver con la forma de comer y preparar los alimentos. Toda comida tiene que ser preparada de acuerdo a las normas del “Kosher”, palabra que identifica la cocina judía, y que indica “está bien” con relación a lo que se come. Estas normas se desprenden de las enseñanzas de la Torá. EnLevítico 7:23-27 y Deuteronomio 14:3-21 se describen las condiciones alimenticias para su pueblos, y actualmente tienen que ser avaladas por un rabino[2].

Sus reglas son estrictas, y en algunas fiestas como en el Pesach (o la Pascua) el pan no podía tener levadura. Tampoco podían comer animales con pezuña hundida o que rumiaran, como por ejemplo, el cerdo, que es considerado <inmundo>: Estos empero no comeréis de los que rumian y de los que tienen pezuña: el camello, porque rumia mas no tiene pezuña hendida, habéis de tenerlo por inmundo” Levítico 11:3-5. A continuación da la lista de los animales inmundos que son: el conejo, la liebre, el cerdo etc.; (Levítico. 11:4-7) y respecto a los animales del mar, solo podían comer aquellos que tuvieran aletas y escamas (Levítico 11:9-12).

Además existían normas relacionadas con la carne, no se puede mezclar la carne con la leche o sus derivados (como el queso o la mantequilla) siguiendo las ordenanzas de Éxodo 23:19, 34:26 y Deuteronomio 14:21. Si usaban un plato para carne, no se podía poner en el queso, y si comían carne, debía esperar seis horas antes de tomar leche o sus derivados, pero si lo que tomaban primero era leche o queso, tan solo tenía que esperar dos horas para comer carne.

 Conversando con un anciano judío de 85 años, el cual conocía las costumbres alimenticias y las normas del “Kosher”, le pregunté: ¿De dónde sacan estas nor-mas sobre que hay que esperar seis horas para tomar leche si se come carne, porque la Torá no dice nada?  Y me contestó: “Porque el cuerpo digiere la carne en 6 horas, pero la leche en menos tiempo, y ambas cosas no se deben mezclar en el estomago, estas son normas impuestas por el Talmud”. Sobre el origen de tal norma me expuso que: “Moisés dio la pauta, pero los maestros rabinos establecieron las reglas en el Talmud, tanto esta norma, como la distancia que puede caminar un judío en sábado, están determinadas por el Talmud”.

¿Y quién hizo el Talmud? Pregunté; y me explicó que: “Entre los años 300 al 700  d.C. se juntaron 70 sabios rabinos y establecieron las reglas de lo que se puede y no se puede hacer. Estas reglas siguen vigentes, y no se podrán cambiar hasta que otros 70 sabios rabinos se reúnan y reconsideren las normas del Talmud, poniéndose de acuerdo. Y esto de ponerse de acuerdo es algo tan difícil, que cambiar las normas actuales se convierte en algo casi como “misión imposible”.

Pero no solo hay leyes alimenticias que regulaban la preparación de alimentos, sino que para comer tenían que lavarse las manos y  sentarse en familia, y debían: “Comer asimismo en un lugar limpio, tú y tus hijos y tus hijas contigo, el pecho mecido, y la espaldilla elevada, porque por derecho son tuyos, y de tus hijos, dados de los sacrificios de paz de los hijos de Israel” (Levitico 10:14). La ley regulaba incluso la postura física de los comensales. Las normas islámicas son muy parecidas a las de los judíos. De igual forma prohíben comer sangre, cerdo y animales que se usen para actos ocultistas (Sura II:168, V:1-4, VI:46)[3].

LAS COSTUMBRES ALIMENTICIAS EN LA IGLESIA PRIMITIVA

La costumbre alimenticia se dejo sentir en la iglesia primitiva por parte de los judíos convertidos a Cristo. En una ocasión el apóstol Pedro se mostró reacio a comer los animales inmundos que el Señor le presentó en un lienzo. Cuando Pedro vio los animales, y la voz que le dijo que matara y comiera, al ver que eran animales de pezuña, exclamó alarmado:Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás(Hechos 10:14).Esta expresión revela el apego que Pedro tenía a las costumbres del judaísmo en cuanto a las comidas. Entonces el Señor le respondió: “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común y esto lo repitió tres veces (Hechos 10:15-16) ¿Cuál era el mensaje de esta revelación? Que debía romper sus pre-juicios, y abrir su mente para entender el trato que el Señor quería darles a los gentiles. Después lo envió a un gentil piadoso llamado Cornelio. El final de la historia está en el resto de ese capítulo.

En el concilio de Jerusalén, que veremos en el próximo capítulo, se definió hasta dónde los gentiles debían sujetarse a las leyes judaicas, y como debían cumplir las normas de la comida “kosher” o judía, que-dando estos limitados a no comer ahogado y sangre.  San Pablo expone la posición de la iglesia gentil al decir en Colosenses 2:16: “Por tanto, nadie os juzgue en comida, o en bebida, o en parte de día de fiesta, o de nueva luna, o de sábados”. Pero si los judíos cristianos querían guardar tales prácticas, no había problema, debían adaptarse a ellos como enseña 1ª de Corintios 8:13: “Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, por no poner tropiezo a mi hermano”.

No hagamos que estas cosas se vuelvan dogmas y normas que maten el amor. Si crees que debes suprimir tal o cual cosa, hazlo, pero cuidado, nadie se condena por lo que entra por la boca, porque al fin y al cabo, todo va a la letrina (Mateo 15:17). Recordemos las enseñanzas bíblicas que dicen: “Que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo” “No destruyamos la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias: pero es malo que el hombre haga tropezar a otro con lo que come” Romanos 14:17, 20.

¿Puede un cristiano ser vegetariano? ¿Y qué hay de malo en ello? Si lo hace como costumbre, y para cuidar la salud, bien hace, pero si cree que con tal acción es más santo y puro que otro, entonces aparece la pre-sunción y el pecado.

¿Debemos comer cerdo o animales con pezuña? ¿Pues qué te dice tu conciencia? Cada cual es libre de comer o no comer. Esto ni salva ni condena, a menos que quieras juzgar y condenar a otro porque no hace lo que tú haces. Si tu conciencia te reprende en cuanto a algún alimento, o siente que no te cae bien para tu salud, obedece a tu conciencia y no comas, porque si te hace daño estas pecando, aunque sea una comida kosher. Estas son las bases sobre las cuales los cris-tianos deben caminar. Si sientes que alguna comida te hace daño, por más bíblica que sea, si la comes, pecas contra tu cuerpo, el cual es templo del Espíritu Santo: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque comprados sois por precio: glorificad pues á Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1 Corintios 20, ver también 2 Corintios 6:16).

Es triste ver como por la falta de amor todas estas cosas apegadas a la ley han traído tragedias y divisiones a la Iglesia de Cristo en nuestros tiempos. En realidad debemos comer con sabiduría, sin gula y de la forma más sana posible, pero no cerremos la puertas del cielo a los que por tener costumbres contrarias a las normas judías u orientales ingieren ciertos alimentos que se catalogan en el Antiguo Testamento como “inmundos” (Levítico 11:4-7).

DANZAS Y COSTUMBRES CULTURALES JUDÍAS

Existe otro aspecto de prácticas judías que sin ser doctrinales o bíblicas, forman parte de su cultura, y nada tiene que ver con las demandas de Dios, como por ejemplo el uso de banderas y danzas en el culto.

Cada tribu de las doce que formaban Israel tenía su distintivo, con lo cual se identificaban. Al establecerse el Tabernáculo en el desierto, se instalaban por tribus con sus distintivos alrededor del mismo, ubicándose en el Este la tribu de Judá, Izacar, Zabulón, al sur la tribu de Rubén, Simeón y Gad, al oeste la de Efraín, Manasés y Benjamín, y al norte la de Dan y Neptalí. Quedaba exluida la tribu sacerdotal, la de Leví (Números 2:1-34).

Era normal que para mantener el orden en el peregrinar se usaran estandartes, igual que cuando sa-lían al combate. No era una liturgia, sino una estructura de control dentro del vagar por el desierto en busca de la tierra prometida. Tristemente hoy en las iglesias hacemos de los estandartes, no una forma de identificarnos en un desfile, algo lógico y aceptable, sino en método de adoración que muchas veces distrae al adorador.

La otra práctica del pueblo Israelita en sus fiestas era la danza[4]. No todas las fiestas necesariamente eran religiosas aunque podía existir este vínculo. A través de ella se expresaba gozo y alegría. Casi siempre había vino y danzas, como en las bodas de Caná (Juan 1:1-11) o celebraciones especiales. Siempre hay un vínculo religioso, pero la expresión de danza es un folclor que en momentos determinados podía añadirse a las celebraciones religiosas, pero no era algo común, principalmente en el culto de los cristianos primitivos. Es bueno determinar que cada pueblo tiene su folclor, entre ellos su música y danza, y no podemos afirmar que la danza hebrea sea parte del culto, sino de la cultura. En todo caso si que-remos adaptar una expresión de fiesta a algún evento religioso cristiano, deberíamos adaptar la danza fol-clórica del país en donde estemos y no imitar los modelos de otras naciones. Tampoco podemos espiritualizar la danza dándole sentido bíblico a lo que no lo tiene. Afirma Vicente Mercado Santamaría que un mesiánico rabino enseño que: El rikudím o danza hebrea es una actividad meramente recreativa entre los judíos alrededor del mundo, desde pequeños lo practican.  Es un baile folclórico, que no tiene nada que ver con lo espiritual, no tiene nada que ver con la Torá o cosa alguna de esas…es simplemente folclore”[5].  Son pocos los argumentos teológicos para defender o mantener la expresión de danza como fórmula de culto tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, pues esta aparece como expresión de fiesta y celebración. Sería bueno aclarar que el “danzar en el espíritu” es un mover de gozo que lleva a la persona a moverse en forma de danza pero no bajo el efecto de un ritmo, sino bajo la unción del poder del  Espíritu Santo.   Para  ello no hace falta escuela, ni practicas, ni ritmos. Considero que la expresión de danza no tiene nada de malo siempre y cuando  sea parte de una celebración, pero por favor, no conviertan esta expresión del   cuerpo en un ministerio dentro del culto de adoración.              


  • [1]-Talmud: El libro más importante del judaísmo post bíblico, considerado como la interpretación auténtica de la Torá o Ley escrita. Se compone de la Misná, redactada en hebreo (fines del s. II y s. III), y de la Guemará, escrita en arameo.

    [2] – “The Spice and Spirit of Kosher Jewish Cooking” The lubavitch Women´s Organization Division Bloch 1977

    [3] – Citas del libro del Corán.

    [4]-Danza: movimientos corporales rítmicos que siguen un patrón, acompañados generalmente con música y que sirve como forma de comunicación o expresión. Enciclopedia Encarta.

    [5]-Tomado de Cristianos en Acción. Contendiendo ardientemente por la fe (Judas  ) cristianos.en.accion.hoy@hotmail.com,viramers@hotmail.com Barranquilla, Colombia 

Los Judaizantes de este siglo

Por René X. Pereira

Resulta interesante cómo están reapareciendo las viejas herejías que hace mucho tiempo amenazaron al cristianismo y fueron en aquellos tiempos contrarrestadas por los cristianos de entonces. Sin embargo, el pueblo cristiano de hoy no es el mismo de aquél tiempo. En los primeros siglos de la fe cristiana se levantaron los apologistas. Eran líderes capaces que enfrentaron aquellas herejías con sólidos argumentos y un vasto conocimiento de las Sagradas Escrituras. Desafortunadamente el pueblo cristiano, envuelto más en el misticismo, el relativismo y el neocarismatismo, carece de las herramientas necesarias para enfrentar las falsas doctrinas con argumentos sólidos y presentar una defensa coherente de la fe bíblica. En ocasiones, cristianos de débil fundamento en la Palabra y pobre compromiso con la verdad, son presa fácil de estos vientos de doctrina y estratagema de engañadores. Su alimento no es la Palabra, sino otras fuentes de dudosa confiabilidad, como lo es mucha de la literatura cristiana actual, una buena parte de la música que se produce y la pobreza teológica de la mayoría de los predicadores y maestros que aparecen en los medios masivos.

 

Una de las últimas herejías que han surgido es el neo-judaísmo mesiánico. Debemos distinguir entre éstos y los judíos mesiánicos, que son judíos de nacimiento que han creído en Jesucristo y en su liturgia conservan sus raíces judías, manteniendo íntegras las doctrinas esenciales del cristianismo. El neo-judaísmo mesiánico, también conocido como el movimiento de los nazarenos (no la iglesia del Nazareno que es una denominación evangélica), es una secta que procura proselitar a los cristianos evangélicos para que abandonen sus congregaciones cristianas y adopten las costumbres, ritos y doctrinas judaizantes de este movimiento. Este grupo parte de la creencia de que las diez tribus perdidas de Israel están dispersas en América latina y todos esos millones de descendientes de antepasados judíos deben volver a sus raíces originales. Afirman también que la iglesia cristiana se gentilizó y abandonó su origen judío, se volvió anti-semita y hasta adulteró la Biblia para romper con sus raíces judaicas. Y lo peor aún, rechazan doctrinas claves de la fe cristiana como la Trinidad, la eternidad de Jesús, y declaran además que las Escrituras en sus traducciones modernas han sido adulteradas y no son fidedignas.

Antes de pasar a discutir y refutar bíblicamente las creencias y enseñanzas de esta secta, deseo hacer el siguiente comentario. Todo esto que ha surgido ha sido en gran parte causado por la misma iglesia cristiana. Hace un tiempo atrás llegó la moda de las danzas hebreas, el uso de símbolos judíos, tocar el “shofar” o cuerno para comenzar los cultos y la celebración de fiestas judías. Sin ser judíos, y teniendo ya una rica cultura propia en donde celebrar la presencia de Dios, muchas iglesias comenzaron a copiar esos estilos. Llegó el momento que se levantó una pasión por lo judío donde algunas iglesias hasta quitaron la cruz de sus púlpitos para poner el “menorah” o candelabro de los siete brazos, estrellas de David y cosas por el estilo. ¿Por qué? ¿Qué de malo hay en adorar en el estilo de nuestra propia cultura? Si no somos judíos y pertenecemos al pueblo santo de Dios, que es su iglesia, ¿para qué adoptar estas prácticas? El resultado de todo esto es que muchos pastores y líderes han preparado el camino para que surja esta nueva forma de apostasía. Lo que están haciendo muchos cristianos es simplemente dar el próximo paso: ser judíos completos.

Cuando se abre la puerta a prácticas que no tienen respaldo alguno de la Palabra, en especial, de la doctrina apostólica contenida en las epístolas, se infiltrarán toda clase de herejías destructoras y confusión. Nosotros funcionamos bajo un mejor pacto establecido sobre mejores promesas[1].

 

¿Cuál es el verdadero pueblo de Dios, Israel o la Iglesia?

Tanto los apóstoles como los padres de la iglesia reconocieron que la Iglesia de Jesucristo es el pueblo de Dios y el nuevo Israel espiritual. Sin embargo, en el siglo XIX nació el dispensacionalismo trayendo consigo una interpretación totalmente novel de interpretar la Biblia, estableciendo una dicotomía que persiste en la actualidad en algunas iglesias cristianas. La teología dispensacional enseñó que la Iglesia gentil fue un “paréntesis” de Dios ante el rechazo del pueblo hebreo y que los judíos permanecían como pueblo escogido. Todo esto en contradicción a la enseñanza de los apóstoles, como vemos en Efesios 2:11-22:

“Por tanto,  acordaos de que en otro tiempo vosotros,  los gentiles en cuanto a la carne,  erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa,  sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús,  vosotros que en otro tiempo estabais lejos,  habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades,  la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas,  para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre,  haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos,  y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos,  y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas,  siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

¿Cómo interpretan este pasaje los judaizantes? En un escrito titulado “Preguntas más frecuentes” dicen: “Las buenas nuevas (evangelio) es que la muralla de separación no existe más y que los gentiles están invitados a ser parte de la República de Israel…” Obviamente el texto para nada afirma esto. Al contrario, lo que dice es que para Dios hay un solo pueblo, los que se han acercado a través de la sangre de Cristo, que la ley de mandamientos expresados en ordenanzas fue abolida y que por un mismo Espíritu tanto judíos como gentiles tienen entrada al Padre. En Cristo, judíos y gentiles pertenecen a la misma familia de Dios, que es su Iglesia, que es la única que está edificada sobre el fundamento de Cristo y los apóstoles. La república de Israel es un estado completamente secular para nada identificado con la doctrina de Cristo y los apóstoles. Otros pasajes que apoyan esta verdad son Rom. 9:1-8, y Gál. 4:21-26. Este último pasaje dice:

“Decidme,  los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley? Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos;  uno de la esclava,  el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne;  mas el de la libre,  por la promesa. Lo cual es una alegoría,  pues estas mujeres son los dos pactos;  el uno proviene del monte Sinaí,  el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. Mas la Jerusalén de arriba,  la cual es madre de todos nosotros,  es libre.”

Pablo hace una clara distinción entre la condición de la Jerusalén actual que produce hijos de esclavitud, y la Jerusalén de arriba, la celestial, que son los hijos de la promesa, quienes gozan de la libertad en Cristo. Nosotros los cristianos no somos hijos de la esclava, sino de la libre. Y por ser de la fe, somos hijos de la promesa, descendientes espirituales de Abraham, marcados con la circuncisión espiritual de Cristo, hecha no en la carne, sino en el corazón. La esclava, que Pablo mismo la identifica con la Jerusalén actual, no produce hijos libres. Es interesante que la carta de Pablo a los Gálatas precisamente fue escrita con el fin de rebatir las falsas doctrinas de los judaizantes que pretendían obligar a los cristianos gentiles a vivir bajo los rudimentos de la ley mosaica.

Nadie se salva por ser judío, ni tampoco es necesario el adoptar la cultura y las prácticas del judaísmo para ser fieles discípulos de Jesucristo. Parece ser que los judaizantes modernos no han leído el libro de los Hechos de los Apóstoles y lo que resolvió el Concilio de Jerusalén ante una amenaza similar por parte de los judaizantes (Hch. 15:1-21).

 

“Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés,  no podéis ser salvos. Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos,  se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén,  y algunos otros de ellos,  a los apóstoles y a los ancianos,  para tratar esta cuestión.  Ellos,  pues,  habiendo sido encaminados por la iglesia,  pasaron por Fenicia y Samaria,  contando la conversión de los gentiles;  y causaban gran gozo a todos los hermanos.  Y llegados a Jerusalén,  fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos,  y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos,  que habían creído,  se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos,  y mandarles que guarden la ley de Moisés.  Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto. Y después de mucha discusión,  Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos,  vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen.  Y Dios,  que conoce los corazones,  les dio testimonio,  dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros;  y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos,  purificando por la fe sus corazones.  Ahora,  pues,  ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. Entonces toda la multitud calló,  y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles.  Y cuando ellos callaron,  Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos,  oídme.  Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles,  para tomar de ellos pueblo para su nombre.  Y con esto concuerdan las palabras de los profetas,  como está escrito: Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David,  que está caído; Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar, Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los gentiles,  sobre los cuales es invocado mi nombre, Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos. Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación,  de ahogado y de sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas,  donde es leído cada día de reposo.”

¿Cuál fue el veredicto de los ancianos de Jerusalén? Que dejaran tranquilos a los gentiles que se convertían a Dios y no se les impusiera otra carga sino las instrucciones que se mencionaban en la carta que se hizo circular por las iglesias. Ni el sábado, ni los alimentos, ni la circuncisión, ni las fiestas judías debían imponerse a los gentiles; cargas que ni los judíos mismos habían podido sobrellevar en el pasado. El mismo Pedro había entendido que para Dios no hay diferencia entre ser judío o gentil cuando tuvo la visión del lienzo y luego vio cómo Cornelio el romano recibió el Espíritu Santo de la misma manera que ellos al principio. Para efectos de la salvación, ¿cuál es la importancia que hay entre ser o no ser judío? Realmente ninguna. Y esto lo confirma el mismo San Pablo cuando declara: “porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.”[2] En otras palabras, el ser judío (los apóstoles les llamaban los de la circuncisión), o el no serlo es inmaterial para fines de la herencia de la vida eterna. Sólo la fe en Cristo es lo que cuenta. Por eso dice también el apóstol en Romanos:“¿Qué,  pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.” [3] En términos espirituales para Dios es lo mismo un judío impío que un gentil impío. No hay una salvación especial para el pueblo judío. La única puerta para ellos, al igual que para nosotros es su conversión a Cristo.

Pablo y su trasfondo israelita

Los mesiánicos judaizantes sostienen que la iglesia cristiana se prostituyó cuando abandonó sus raíces judías y se tornó una iglesia gentil. Pero, ¿acaso el testimonio de la Palabra de Dios demandaba que la iglesia gentil se mantuviera bajo tales rudimentos? Eso no era lo que pensaba el apóstol Pablo quien se llamaba a sí mismo hebreo de hebreos y un celoso practicante del judaísmo, aventajando por mucho a sus contemporáneos[4]. Además de los gálatas, la iglesia de Filipos fue también confundida y afectada por los falsos maestros judaizantes. A ellos Pablo le escribe esta carta y les habla acerca de su pasado como judío celoso.

“Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne,  yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley,  fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente,  aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo,  y lo tengo por basura,  para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia,  que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.”[5]

Los pertenecientes a la iglesia, por la sangre de Cristo y su sacrificio expiatorio, somos la verdadera circuncisión, no los israelitas que llevan la marca física, pero no la espiritual[6]. Y Pablo en el pasaje anterior precisamente muestra cómo ahora que está en Cristo, su trasfondo y herencia judía que para él eran ganancia y motivo de orgullo, ahora lo tiene por basura, porque reconoce que su herencia en Cristo como redimido es superior. Es cierto que Pablo amaba a sus compatriotas israelitas y oraba para que ellos conocieran la verdad del evangelio, pero a la misma vez reconocía que Dios es soberano y que no todos los descendientes físicos de Jacob, por ser descendientes naturales, eran herederos de la promesa, sino aquellos que Dios en su gracia ha querido llamar para formar parte de su pueblo. “No que la palabra de Dios haya fallado;  porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham,  son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.”[7]

Pablo prueba fuera de toda duda en este pasaje de Romanos que no por ser descendientes naturales de Abraham, por eso fueron hijos de Dios, sino por la promesa. Así como la promesa no fue invalidada cuando Dios decidió escoger a Isaac y no a Ismael, y a Jacob en lugar de a Esaú (todos ellos siendo hijos naturales de Abraham), de igual forma Dios continúa llamando a los que quiere, por su gracia soberana, para formar parte de ese pueblo santo, que es su Iglesia, verdadera Israel.

¿Cuál es el remanente fiel?

Pablo trae esta interrogante ante los romanos: “¿Entonces ha desechado Dios a su pueblo? En Ninguna manera porque yo (Pablo) también soy israelita…” [8]El hecho de que Pablo, al igual que muchos otros judíos pertenezcan a la esposa del Cordero, su Iglesia, es evidencia de que no ha habido un rechazo total hacia los hijos naturales de Abraham. En aquél entonces, al igual que hoy, muchos judíos nacionales están viniendo a los pies de Cristo, lo que evidencia que ellos no han sido del todo desechados. Dice más adelante: “aún así también en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.” [9] Los gentiles, que eran ramas silvestres, han estado siendo injertados en el tronco, que es Cristo. Aunque no eran parte natural del olivo (que representa a Israel), por gracia y por la fe fueron injertados. Muchas ramas han sido desgajadas del tronco porque no creyeron en el Mesías. Pero de la misma manera: “…aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.” [10] La fe en Cristo es lo que le permite al ser humano estar injertado en el tronco santo. Y queda demostrado que para Dios, un judío incrédulo y un gentil incrédulo son una misma cosa; y de igual forma, un judío creyente y un gentil creyente son ramas de un mismo olivo: su santa iglesia.

Algunos creyentes que sostienen la posición de la dicotomía (dos pueblos de Dios, Israel y la Iglesia), afirman que antes del tiempo del fin, Israel completa, como nación se volverá a Dios, reconociendo a Jesús como Mesías. ¿Es eso lo que realmente declara la Palabra? Todo esto proviene de la creencia de que la iglesia surgió como un “accidente” en el plan de Dios, ante el rechazo de los judíos al verdadero Mesías. Pero cuando la iglesia gentil sea levantada en el rapto, entonces Dios volverá a ocuparse de su verdadero pueblo. Esta interpretación y sus variantes han estado por décadas en el pensamiento de muchos cristianos, debido a la propagación de las doctrinas dispensacionales. Pero existen otras interpretaciones que se ajustan mejor al texto bíblico. ¿Cómo podemos interpretar el pasaje que afirma que “todo Israel será salvo, porque vendrá de Sión el libertador, que apartará de Jacob la impiedad”[11]? ¿Se refiere a todo Israel como una nación o al número completo de aquellos judíos que han sido escogidos por gracia; el remanente fiel?

Romanos 11:5 nos contesta esta pregunta: “Aún en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia (subrayado añadido). Note que el remanente de judíos que habrán de creer en Jesús como Señor y Mesías proviene de una elección por gracia, al igual que los demás creyentes. Y el hecho de que aún Dios tenga dentro de ese pueblo a un número de escogidos para salvación, es prueba de que Israel no ha sido olvidado.

La historia de la Iglesia, según los judaizantes

Para los judaizantes modernos, la iglesia cristiana que fundaron los apóstoles, siendo la piedra principal Jesucristo, se contaminó de tal manera con el paganismo y las costumbres gentiles del imperio romano, que dejó de ser una verdadera iglesia cristiana. Sostienen que las iglesias cristianas de hoy tienen muchos elementos del paganismo romano, adoptados por los emperadores romanos. “El cristianismo es una religión bastante diferente de la fe original de los apóstoles, como demostraremos más adelante. Las denominaciones, sectas, iglesias o grupos que componen la cristiandad quieren ser seguidores del Salvador del mundo, pero la doctrina que vivió, la adoración que practicó, no son las mismas del cristianismo moderno.”[12]

¿Y en qué estriba la diferencia que tiene el cristianismo actual de la fe predicada por Cristo y los apóstoles, según los judaizantes? Primero, porque se eliminó el sábado y se adoptó el domingo como, según ellos, “día de los paganos romanos”[13]. Rechazaron la pascua, y la fiesta de los panes sin levadura, igualmente el día de la expiación y la fiesta de las cabañas o los tabernáculos. Lo primero que debemos responder a estas erróneas afirmaciones es que mucho de lo que estos judaizantes señalan como desviaciones del cristianismo solamente se pueden aplicar a la Iglesia Católica Romana, que ha mezclado muchos elementos cristianos con tradiciones paganas. Los mesianistas cometen el error de culpar por asociación a todos los cristianos por las desviaciones de Roma y del papado. En segundo lugar y con relación al abandono de las mencionadas fiestas judías, los judaizantes en su deseo de identificarse con las prácticas judías veterotestamentarias, olvidan e ignoran todas las enseñanzas neotestamentarias dadas por los apóstoles con relación a la observancia de tales festividades. Pablo mismo declaró: “Por tanto,  nadie os juzgue en comida o en bebida,  o en cuanto a días de fiesta,  luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir;  pero el cuerpo es de Cristo.”[14]

Todas estas fiestas y días celebrados por los israelitas en el Viejo Testamento, o fueron específicamente para la nación de Israel o fueron sombra de lo que habría de venir con Cristo. Si ya Cristo vino y cumplió lo que estaba escrito sobre él, y nos ha dejado un mejor pacto establecido sobre mejores promesas, ¿para qué vivir bajo los viejos rudimentos del pacto de la ley? Por esto mismo fueron amonestados los gálatas: “Mas ahora,  conociendo a Dios,  o más bien,  siendo conocidos por Dios,  ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos,  a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días,  los meses,  los tiempos y los años.”[15]

Nos preguntamos, ¿para qué los cristianos debemos celebrar la fiesta de la expiación, por ejemplo? Si ya Jesús murió en la cruz, cumpliendo así lo que representaba el sacrificio del cordero en el tabernáculo de reunión. En la carta a los Hebreos (y sería bueno que nuestros amigos judaizantes leyeran esta carta y por qué fue escrita), precisamente anuncia el fin de aquello que hacían los sacerdotes continuamente cada año: “…y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad;  quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios,  que nunca pueden quitar los pecados.” [16]

Los judaizantes modernos acusan a la iglesia cristiana de haberse desviado de la enseñanza original de los apóstoles, y de la adoración que en sus comienzos se practicó entre los primeros cristianos. Este tipo de acusación suele utilizarse por los falsos maestros para así restarle autoridad a la iglesia e intentar demostrar que se ha apartado de la sana doctrina. Sin embargo un análisis serio de la historia del cristianismo y las enseñanzas de la Biblia demostrarán que tales acusaciones representan una farsa. En primer lugar, durante los primeros tres siglos de la historia de la iglesia, esta se vio azotada por diversas herejías que intentaron socavar sus mismos cimientos. Interesantemente la primera de estas herejías fue el intento de los judaizantes de arrastrar a los creyentes gentiles a los rudimentos de la ley, lo cual fue duramente combatido por los apóstoles. Y nos llama la atención el hecho de que estos judaizantes también estén defendiendo la herejía de los arrianos, los cuales durante el siglo tercero negaron la doctrina bíblica y apostólica de la Trinidad.

Se valen de medias verdades para acusar a todos los cristianos de eventos que solo pueden achacarse a lo que eventualmente se convirtió en la Iglesia Católica Romana. La fusión de la iglesia y el estado bajo Constantino, solamente afectó a los cristianos que habitaban en la región de Italia y sus alrededores. No así otras iglesias que se hallaban en las regiones del norte de África, en Asia Menor y Egipto sobre las cuales Roma no tenía entonces ninguna autoridad ni ingerencia. Ignoran totalmente que aún en tiempos donde el cristianismo se vio a punto de ser arropado por las herejías, siempre hubo cristianos que mantuvieron una doctrina íntegra y fiel al cristianismo ortodoxo.

En cuanto a la adoración, ningún intérprete serio de la Biblia podrá encontrar una descripción metódica y clara de cómo se rendía culto a Dios en el Nuevo Testamento. No hay un solo mandato neotestamentario que indique de qué forma y manera se debe adorar a Dios; a diferencia de lo que vemos en Antiguo Testamento. Solamente hallamos principios de la adoración y algunas referencias vagas. Jesús le indicó a la samaritana que el Padre busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad[17]. Y en los Hechos de los Apóstoles se hace referencia a la vida de los primeros cristianos diciendo que se reunían en las casas y adoraban a Dios con alegría y corazón sencillo[18]. Los cristianos judíos iban al templo a orar. Pero ya tan temprano como en los Hechos, se indica que se reunían el primer día de la semana (domingo) para partir el pan y adorar juntos[19].

Los mismos apóstoles claramente enseñaron que el asunto de guardar el shabbath o cualquier otro día era un asunto de la conciencia de cada creyente. En Romanos nos dice: “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace”.[20]  Los que hemos creído entramos ya en su reposo[21]. Cristo es nuestro Shabbath, y en él se cumple lo que la ley anunciaba como sombra de los bienes venideros.

El Dr. Donald Moore escribe: “El primer día de la semana es el que conmemora la resurrección de nuestro Señor y el día cuando el Cristo resucitado se presenta entre los suyos. Nos recuerda el inicio del nuevo pacto que tiene como base la muerte del Mesías con su significado inigualable y su victoria sobre la muerte. De manera que es el día predilecto en el cual el cristiano celebra su libertad de la esclavitud del pecado y conmemora su nueva creación en unión con Cristo.  Es también un día de esperanza para la pronta venida del Señor. De manera que el día del Señor es tanto memorial de la resurrección como anticipación de su regreso. Por eso muchos cristianos nos reunimos voluntariamente para adorar al Dios de la gracia, pues no hay una ley escrita que nos obligue a reunir, nos encontramos libres del legalismo del antiguo pacto y sus tradiciones”[22].

Resulta sumamente importante que los verdaderos judíos mesiánicos rechazan tajantemente lo que pretenden hacer los judaizantes: Me encanta ser judío. Me encanta el estilo de vida distintivo que Dios le ha dado a Su pueblo elegido, enraizada en la Torá, costumbres y tradiciones antiguas. Animo a otros judíos mesiánicos a abrazar este estilo de vida distintivo. Pero, me preocupan profundamente aquellos que presionan a nuestros hermanos cristianos gentiles para que vivan como nosotros”[23].

Continúa diciendo… “Como cristianos, al acercarse más al Mesías, son santos, completos y rectos. El Rabino Pablo, comunicándose específicamente con los creyentes gentiles, escribe: “En El (Yeshúa) habita la plenitud de la deidad en forma corporal, y en El han sido ustedes hechos completos… en El han sido asimismo circuncidados con una circuncisión hecha sin manos, al ser removido el cuerpo de la carne por la circuncisión del Mesías… El los ha hecho vivir junto con El, habiéndonos perdonado todas nuestras transgresiones… Por lo tanto nadie podrá juzgarlos respecto a comidas o bebidas o respecto a una festividad o una luna nueva o el día del Sábado, cosas que son una mera sombra de lo que ha de venir; pero la sustancia pertenece al Mesías” (Colosenses 2:9-17). ¿Quiere usted decir que un gentil que se ha unido al Mesías judío por haber creído en El, ha sido hecho completo en un 100%? ¿No le falta nada? ¡Exactamente eso es lo que significa! Dios lo considera espiritualmente circuncidado y por lo tanto un participante completo del Nuevo Pacto. Está lleno de vida espiritual y todos sus pecados han sido perdonados. Tiene libertad acerca de lo que come o bebe y acerca de celebrar o no las festividades judías y el Sábado. Ellas son, después de todo, solo sombras, y él está unido a la Realidad, que es mayor que las sombras. Pero tiene la libertad de celebrar el Sábado y observar las festividades y guardar kosher si lo escoge. Si un cristiano desea observar una festividad o costumbre bíblica, hay libertad para hacerlo, pero no hay obligación. Si un cristiano dice, “Sé que el Mesías es mi pascua y no necesito celebrar un Seder de Pascua”, está en lo correcto. Si otro dice, “Deseo celebrar la pascua porque me ayuda a acercarme más a mi maravilloso Mesías Judío, mi Cordero pascual”, también está en lo correcto. Si un cristiano dice, “Se que Yeshúa es mi Sábado y me da reposo, pero quiero adorar a Dios el Domingo, como lo han hecho los cristianos durante siglos”, también está bien. Tampoco debemos centrarnos en la comida ya que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino la rectitud y la paz y la alegría en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). Aunque este gran embajador judío a los gentiles guardaba kosher, Pablo entendió que lo que come y bebe un cristiano no es lo esencial”[24].

Este rabino cristiano ha entendido claramente la enseñanza bíblica y él al igual que muchos otros judíos convertidos ha elegido voluntariamente practicar su fe dentro de las costumbres y tradiciones de su pueblo. Pero claramente afirma que los gentiles no están obligados a hacerlo pues el que ha creído en Él ya está completo. De hecho no hay nada malo en que un cristiano gentil desee por voluntad y convicción propia practicar algunas de las costumbres judías. Pienso que no hay necesidad de ello, teniendo en Cristo el cumplimiento de lo que los rudimentos de la ley anunciaban. Pero si deseara hacerlo, no peca contra Dios. El problema está cuando se procede a menospreciar y a condenar a aquellos que bajo la libertad de la gracia de Dios no desean hacerlo. El problema de los judaizantes contra los cuales Pablo combatió no era que ellos como judíos querían seguir circuncidando a sus hijos y guardando el sábado. Lo que fue condenado por los apóstoles fue el intento de inquietar y perturbar a los cristianos que no deseaban hacerlo.

 

Y ese ha sido siempre el problema del legalismo: pretender hacer superior a unos por ciertas cosas que practican, sea por la comida, por los días o por el vestido, cuando ya los redimidos hemos sido hechos aceptos en el Amado; ya estamos completos en Cristo por medio de la justicia perfecta que nos ha imputado. Ningún cristiano que de verdad ha gustado la gloriosa libertad que tenemos en Cristo, y el maravilloso pacto cuyas promesas son superiores, querrá en su sano juicio volverse a pobres y débiles rudimentos. Debemos concluir que los que lo hacen realmente no han gustado o no han conocido realmente lo que Cristo nos ha concedido. Esa gracia que los profetas del Antiguo Testamento hablaron y diligentemente indagaron acerca de ella, y que entendieron que no era para ellos, sino para nosotros[25].

Otro argumento con los cuales acusan los judaizantes a los cristianos es que el Dios que adoramos es una deidad falsa pagana, y no el verdadero Dios de la Biblia. Así lo afirman en uno de sus escritos: “El dios del noventa y nueve por ciento del mundo cristianos es simplemente Bel, Moloc, Zeus, o cuando mucho Osiris, Mitra, o Adonis, aunque con otros nombres modernos, a quienes la gente adora con las antiguas ceremonias paganas y fórmulas ritualistas… Yahweh no es el Ser Supremo del cristianismo… la religión moderna ignora el nombre de Yahweh”[26].

 

Esta acusación no es verdadera. El Dios de la cristiandad es el mismo Yahweh/Jehová, de la Biblia y así lo confirman los credos y las confesiones más antiguas de la teología cristiana ortodoxa. Basta hacer un examen al Credo Apostólico, a la Confesión Belga, la Helvética, el Catecismo Menor y Mayor, Westminster, las Confesiones de Londres y otras, para darse cuenta de la fidelidad de las mismas al cristianismo histórico.

Alegan además que los griegos se apartaron de la verdadera fe al cambiar el nombre hebreo inspirado de Yeshúa ha Mashah (Jesús el Mesías) por el título de Cristo. Al hacer esto, el cristianismo moderno se apartó de la senda antigua, del camino de la dedicación y de la adoración pura. Nuevamente esta acusación carece totalmente de fundamento. Estos judaizantes cometen el mismo error de los romanistas cuando rechazaban el que las Escrituras se tradujeran del latín de la Vulgata a las lenguas más modernas. Con la Reforma, Martín Lucero tradujo la Biblia al Alemán, poniendo así la Palabra de Dios en las manos del pueblo común. En segundo lugar, dan la impresión de que no han leído el Nuevo Testamento. Cristo es una traducción griega del vocablo hebreo Mesías. Es un título que los mismos apóstoles utilizaron cuando escribieron en griego koiné a las iglesias gentiles: “…y Jacob engendró a José, marido de María,  de la cual nació Jesús, llamado el Cristo”[27]. El Evangelio de Mateo claramente afirma que Jesús es llamado “el Cristo” o el Ungido, lo mismo que otros pasajes como Mateo 11:2, Marcos 9:41, Lucas 2:11, Romanos 5:6, 6:8, etc.

Resultan extraños estos argumentos cuando los mismos judíos, temiendo utilizar en vano el nombre santo de Dios, YHWH, empleaban en sustitución el nombre “Adonai” que se traduce como el Señor. ¿Acusaremos por ello a los judíos de haber abandonado o haberse desviado de la Torah? Por supuesto que no. Así como Dios se reveló con muchos nombres en el Antiguo Testamento: Nisi, Jireh, Rafá, etc., el Nuevo Testamento nos provee diversos nombres para referirnos a Jesús, el Mesías. Todos estos nombres bíblicos son legítimos y podemos emplearlos para adorar a Dios y a Jesucristo, pues manifiestan sus diversos atributos. Estos argumentos representan una forma más de legalismo innecesario.

Los judaizantes y la herejía arriana

El arrianismo, como hemos indicado, fue una herejía que se propagó ampliamente durante el segundo y parte del tercer siglo de la era cristiana. Negaban la doctrina de la Trinidad, alegando que Jesús no era coeterno y consustancial con el Padre, sino el primer ser creado por él. Básicamente lo mismo que enseñan hoy día los Testigos de Jehová. Los mesiánicos judaizantes o nazarenos como se denominan algunos, adoptan esta interpretación, negando así una esencial y fundamental doctrina cristiana. El argumento es que esta doctrina no tiene realmente base en las Escrituras. Sin embargo, al citar varios pasajes bíblicos, deliberadamente excluyen ciertos textos claves que hacen a Jesucristo igual a Dios, copiando la estrategia de los Testigos de Jehová.

Pasajes como Isaías 9:6, donde se le llama al Mesías que nacerá con los títulos de Dios fuerte y Padre eterno; Romanos 9:5, Filipenses 2:6, y otros más son pasados por alto. Además, ¿por qué causa los sacerdotes y escribas condenaron a Jesucristo bajo el cargo de blasfemia? ¿En qué consistía esa blasfemia? La Escritura nos lo muestra con claridad en Juan 5:18 nos dice que más que quebrantar el día de reposo, lo que más le molestaba a ellos era que Jesús se estaba haciendo igual a Dios mismo.

Hallamos otros pasajes en el Antiguo Testamento que utilizan el plural al referirse a Dios. Por ejemplo, Génesis 1:26 “Hagamos al hombre a nuestra imagen…”. También Génesis 3:22, “He aquí que el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal. Génesis 11:7, “Vamos, pues, descendamos y confundamos allí su lenguaje…”. Y también Isaías 6:8, “¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?”

Según progresa la revelación acerca de Dios, en el Nuevo Testamento hallamos suficientes referencias que presentan al Mesías como divino e igual al Padre. La doctrina bíblica del Dios Triuno establece que aunque Jesús es igual a Dios, es a la misma vez una Persona distinta. Por eso podía hablar con el Padre y este le respondía. Esta doctrina representa uno de los más grandes misterios que no pueden ser entendidos por la mente humana finita. Estos judaizantes hacen el intento de pretender racionalizar el misterio de la Trinidad y como encuentran que no se ajusta a la lógica humana, entonces proceden a rechazarlo y ridiculizarlo. Dicen: “SiYahweh es un ser inmortal, no puede morir; entonces no fue Yahweh quien murió en el Gólgota, tuvo que haber sido un ser mortal. Ese fue el hombre Yeshúa…”[28]

Pasan por alto el pasaje que dice: “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,  para gloria de Dios Padre”[29]. Jesús se despojó de su gloria y se hizo hombre y se humilló hasta la muerte de la cruz. Por eso dice que fue exaltado y se le dio un nombre que es sobre todo nombre. ¿Y cuál es ese nombre? Lo dice el texto mismo, que toda lengua declare que Jesús es “Adonai”, “kurios”, el Señor. El título que solamente puede utilizar Dios, cuyo nombre es sobre todo nombre, es el mismo que posee Jesús.

Históricamente los que niegan la Trinidad se agrupan principalmente bajo dos tendencias: los arrianos y los modalistas[30]. Los primeros declaran que Jesús es un ser creado y aparte de Dios, mientras que los segundos afirman que las tres personas de la Trinidad son únicamente manifestaciones o modalidades de Dios. Ambos fallan en expresar la verdadera doctrina de la Santa Trinidad, la cual sostiene que Dios, dentro de la unidad y la perfección de su ser eterno, es tres además de ser uno, estando los divinos tres relacionados el uno con el otro mutua y personalmente[31]. Otro error que cometen los judaizantes consiste en afirmar que la doctrina cristiana de la Trinidad ha sido copiada de otras religiones no cristianas, y por ende es una enseñanza de origen pagano. No es la primera vez que los enemigos de la doctrina de la Trinidad hacen esta clase de acusación que carece totalmente de fundamento alguno. Se ha citado el ejemplo de la triada egipcia de Osiris (el padre),Isis (la madre) y Horus (el hijo). Otro ejemplo se puede observar en el hinduismo: Brama (la realidad última), Siva (el destructor) y Visnú (el restaurador). Sin embargo, estos ejemplos en nada constituyen una trinidad pagana, sino que son esencialmente triteístas (tres dioses). La doctrina cristiana de la Trinidad es una exclusiva del cristianismo histórico. De hecho, los rechazos de esta doctrina tienden a repetir los puntos de vista heréticos que se establecieron durante los períodos patrístico, medieval o de la reforma con la herejía de Miguel Servet.

 

Hay aspectos de la naturaleza divina, que los seres humanos jamás llegaremos a comprender por nuestra capacidad limitada. Nuestro Dios, Yahvéh es tan trascendente y glorioso, que va por encima de cualquier ejercicio humano de raciocinio. En palabras del Dr. Donald Moore, “Podemos concluir que este aspecto de la pluralidad entre la unidad de Dios solo refleja para nosotros parte de su misterio impenetrable por la mente finita del ser humano. Siempre hay algo de Dios inexplicable, que el ser humano es capaz de recibir como una revelación de una realidad inalcanzable a través de su mente racional o sus sentidos”[32].

Conclusión

Como expresé al inicio de este escrito, practicar las costumbres y tradiciones judías cuando se es judío, y a la vez reconocer a Jesús como verdadero Mesías es algo positivo y aceptable. Existen en la actualidad muchos grupos mesiánicos que se mantienen fieles a las doctrinas esenciales del cristianismo y a la misma vez celebran sus festividades bajo su contexto cultural. Lo que es totalmente inaceptable, antibíblico y nocivo para la fe cristiana es pretender judaizar a gentiles, bajo la excusa de rescatar una fe que supuestamente fue adulterada después de los apóstoles, cosa que no aguanta un análisis bíblico e histórico serio. Hay evidencia de sobra en las epístolas apostólicas para condenar y censurar esta práctica. Pero más nocivo y peligroso aún que lo anterior, es el rechazo a las doctrinas más fundamentales de la fe cristiana histórica, como la divinidad de Cristo, la suficiencia de su sacrificio expiatorio para presentar perfecto (a parte de la ley) a todo el que cree y la inerrancia de las Escrituras. Esto indudablemente convierte a este grupo de pseudo mesiánicos en una secta falsa y una herejía blasfema.


[1] Hebreos 8:6

[2] Gálatas 5:6

[3] Romanos 3:9

[4] Gálatas 1:14

[5] Filipenses 3:3-9

[6] Colosenses 2:11

[7] Romanos 9:6-8

[8] Romanos 11:1-2

[9] Romanos 11:5

[10] Romanos 11:23

[11] Romanos 11:26

[12] Material escrito anónimo, redactado por miembros de la secta de judíos mesiánicos, p. 1

[13] Ibid. p. 5

[14] Col. 2:16-17

[15] Gál. 4:9-10

[16] Heb. 10:9-11

[17] Juan 4:23

[18] Hechos 2:46

[19] Hechos 20:7

[20] Romanos 14:5-6

[21] Hebreos 4:3

[22] Moore, Donald, T., Las doctrinas sanas y las sectas malsanas. Tomo I, P. 142.

[23] Rabino Loren, Congregación Shema Ysrael

[24] Rabino Loren, Congregación Shema Ysrael. Página Internet:

http://www.shemaysrael.org

[25] 1 Pedro 1:10

[26] Pike, Moral y Dogma, p. 296.

[27] Mateo 1:16

[28] Material escrito por judíos mesiánicos, p. 21.

[29] Filipenses 2:6-11

[30] Ramos, M. A., Nuevo diccionario de religiones denominaciones y sectas, p. 208.

[31] Garret, Teología Sistemática I, p. 302.

[32] Moore, Donald, T., Doctrinas Sanas y las sectas malsanas, Tomo I, p. 3.

Origen de la enseñanza de las Maldiciones Generacionales

La base de esta enseñanza en nuestros días, proviene de todas las corrientes que creen en la reencarnación y el ley del karma, metafísica y todas esas doctrinas paganas porque aunque Dios declaró en Exodo 20, que visitaría o castigaría la maldad de los Padres sobre los hijos, Él mismo, anulo esta sentencia y prometió que en los días postreros (esto es en nuestros días) esta maldición no tendría ningún poder en Cristo Jesús nuestro redentor, quien pago un precio de Sangre para que nuestros hijos no llevarán el pecado de sus Padres, si esta enseñanza persiste es por algunos amadores de sí mismos que tuercen la Gracia de nuestro Señor.

La Ley del Karma; esto es lo que la Enciclopedía libre Wikipedia dice de esta ley: el karma sería una energía trascendente (invisible e inmensurable) que se deriva de los actos de las personas. De acuerdo con las leyes del karma, cada una de las sucesivas reencarnaciones quedaría condicionada por los actos realizados en vidas anteriores. Es una creencia central en las doctrinas del budismo, el hinduísmo, el yainismo, el ayyavazhi y el espiritismo. Aunque estas religiones expresan diferencias en el significado mismo de la palabra karma, tienen una base común de interpretación. Generalmente el karma se interpreta como una «ley» cósmica de retribución, o de causa y efecto.

El karma está en contraposición con las doctrinas abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islamismo). El karma explica los dramas humanos como la reacción a las acciones buenas o malas realizadas en el pasado más o menos inmediato. Según el hinduismo, la reacción correspondiente es generada por el dios Iama, en cambio en el budismo y el yainismo —donde no existe ningún dios controlador— esa reacción es generada como una ley de la Naturaleza (como la gravedad, que no tiene ningún dios asociado). En las creencias indias, los efectos del karma de todos los hechos son vistos como experiencias activamente cambiantes en el pasado, presente y futuro. Según esta doctrina, las personas tienen la libertad para elegir entre hacer el bien y el mal, pero tienen que asumir las consecuencias derivadas.

Todas estas enseñanzas de pecados pasados, de ancestros y cuanta cosa, provienen solamente del maligno, el desea perpetuar su dominio de maldad en las personas y su manera es engañando, haciendo creer que de alguna manera el pasado o los pecados pasados tienen el poder para controlar nuestras vidas y las de nuestros hijos, anulando así la obra de Salvación de Jesús, haciéndola incompleta y carente de todo poder. Cuando es el mismo Señor quien Profetizo:

No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.
(Isa 43:18-19)

La idea del maligno es que los creyentes no puedan ver la potencia de la obra salvifica y redentora de Cristo, y en esto han caído una gran cantidad de creyentes, atendiendo a estas falsas doctrinas.

La enseñanza principal de esta herejía está enfocada en que las cosas malas que nos suceden son consecuencias de los pecados de nuestros antepasados: enfermedades hereditarias (Diabetes, Obesidad,  Hipertensión Arterial, Cáncer, etc.),  intentos de  suicidio,  divorcios, infelicidad, miseria, ruina, desviaciones sexuales, idolatría, etc.

Según esta teoría las cosas adversas que nos suceden se deben a maldiciones que nos llegaron por pertenecer a un grupo familiar cuyo árbol genealógico fue infectado por la iniquidad.

Los que enseñan acerca de la maldición generacional dicen que los delitos de una persona fueran genéticamente trasferidos a todos sus descendientes. La gente no sólo hereda la naturaleza pecaminosa de sus antecesores (la tendencia que todos tenemos de rebelarnos contra Dios), sino que también adquieren la maldad acumulada de sus antecesores.

Como resultado, Dios los culpa, no sólo por sus propios pecados, sino también por los pecados de sus antecesores. Además, Satanás tiene derecho a seguir manteniendo un reclamo legal contra los creyentes que no han tratado de una forma eficaz con sus maldiciones generacionales, resultando en fracaso, violencia, impotencia, profanidad, obesidad, pobreza, vergüenza, enfermedad, aflicción, temor, y aun muerte física.

Los pro ponentes de la maldición generacional luego dirigen su enseñanza a su próximo paso lógico. Ellos concluyen que la sangre de Cristo fue derramada por los pecados de cada persona, pero que deben dar un paso adicional para quitar la transgresión que hayan heredado de sus antecesores.

El Dr. W. E. Nunnally de Evangel University en Springfield, Missouri, resume las deficiencias de la enseñanza Maldiciones Generacionales de la siguiente manera:

  1. Niega la suficiencia de las Escrituras y requiere que se añadan a la Palabra de Dios pruebas, rituales, y fórmulas generadas por el hombre (compare 2 Timoteo 3:15–17; 2 Pedro 1:3–8).
  2. Niega la perfecta obra de Cristo en la Cruz.
  3. Tergiversa el evangelio de Cristo (véase Gálatas 1:6–9).
  1. Niega la enseñanza bíblica de la responsabilidad personal.
  2. Nos acerca un paso más al paganismo del que fuimos llamados.
  3. Pone exagerado énfasis en la obra del hombre, y da vueltas a la idea de una relación con Dios basada en las obras

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte. Tu primer padre pecó, y tus enseñadores prevaricaron contra mí. Por tanto, yo profané los príncipes del santuario, y puse por anatema a Jacob y por oprobio a Israel.
(Isa 43:25-28)

Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo; que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su sabiduría.(B)
(Isa 44:24-25)

Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos.
(Ose 14:4)

¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. 

(Miq 6:6-8)

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores;(C) y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.(D) 

(Isa 53:3-5)

Pero si éste engendrare hijo, el cual viere todos los pecados que su padre hizo, y viéndolos no hiciere según ellos; no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel; la mujer de su prójimo no violare, ni oprimiere a nadie, la prenda no retuviere, ni cometiere robos; al hambriento diere de su pan, y cubriere con vestido al desnudo; apartare su mano del pobre, interés y usura no recibiere; guardare mis decretos y anduviere en mis ordenanzas; éste no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá. Su padre, por cuanto hizo agravio, despojó violentamente al hermano, e hizo en medio de su pueblo lo que no es bueno, he aquí que él morirá por su maldad. Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará el pecado de su padre? Porque el hijo hizo según el derecho y la justicia, guardó todos mis estatutos y los cumplió, de cierto vivirá. El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo;(C) la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.
(Eze 18:14-20)

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.(D)
(Gál 3:10)

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero(G)),
(Gál 3:13)

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.(A) Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él,(B) perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,(C)
(Col 2:8-14)

Para qué  propósito Dios nos dejó toda esta palabra, para que la viéramos y fuera para hablar y hablar y no para creerla.  Necesitamos Fe pues el profeta dijo, “Más el justo por la Fe vivirá”.  Si usted no se quiere apropiar de esta hermosa palabra esta en un lugar equivocado. Lea la palabra, pídale ayuda al Santo Espíritu de Dios que le guíe a toda verdad.

Dios los Bendiga ricamente.